Fernando Meirelles
Apocalipsis y esperanza
Aún están frescos en nuestras retinas los fotogramas de Ciudad de Dios (2002), fascinante crónica del submundo de las favelas brasileñas con la que Fernando Meirelles se reveló como uno de los cineastas más sorprendentes del nuevo cine latinoamericano. Tras El jardinero fiel, basada en la novela de John Le Carré, ha asumido el riesgo de llevar a la gran pantalla una novela de la envergadura de Ensayo sobre la ceguera, del Nobel portugués José Saramago. A ciegas es una cinta inquietante y descorazonadora donde se mantienen las constantes de la trayectoria fílmica del brasileño: brillantes hallazgos visuales e impecable fluidez narrativa. Meirelles compartió con los periodistas su visión del cine y del mundo, mostrando que aparte de un director de enorme talento es un tipo entusiasta y encantador.
Soy un lector compulsivo. Cuando termino un libro que me gusta me resisto a salir de él, y convertirlo en película es una buena excusa para profundizar en ese universo. Es por eso que tres de mis películas son adaptaciones de novelas. [Recordemos que Ciudad de Dios se basa en la novela homónima de Paulo Lins]. José Saramago había sido tentado en repetidas ocasiones para ceder los derechos de Ensayo sobre la ceguera y siempre había respondido con una negativa, hasta que escuchó la propuesta de Meirelles y los productores Niv Fichman, Andrea Barata y Sonoko Sakai. Con el escepticismo que he venido alimentando durante todos estos años, no creía en la “fábrica de sueños de Hollywood” para hacer esta película, aseguró el Nobel portugués durante la presentación de A ciegas en España. Yo soy mucho de simpatías y antipatías, y si hay antipatía, no hay nada que hacer. Pero cuando vinieron a verme los productores, su propuesta me gustó. Después de haber dicho “no” cuarenta veces, me encontré sin problemas para decirles a ellos “sí”. Fernando [Meirelles] me hizo muchísimas preguntas sobre el libro, pero yo no quería influir en el resultado de la película, así que le dije: “Haz lo que quieras y no me preguntes nada más”.

Cuando un libro me gusta me resisto a salir de él, y convertirlo en película es una buena excusa para profundizar en ese universo

El beneplácito del escritor, sin embargo, no tranquilizó a
Meirelles.
Yo estaba muy ansioso antes de mostrarle la película. Volvía de Cannes, donde tuvo críticas muy, muy duras, y estaba convencido de que Saramago iba a detestarla. Así que su reacción fue una grata sorpresa, porque cuando terminó la proyección empezó a llorar, estaba muy emocionado. Hay un vídeo en Youtube que grabó mi hijo y que muestra esta reacción. Fue muy emocionante, muy bonito. Creo que la adaptación es bastante fiel y sigue la línea de la novela. Eso sí, he aprendido que cuando se adapta un libro es más fácil hacerlo con uno malo que con uno de esta talla...
Rodada en São Paulo y Montevideo,
A ciegas carece de una localización espaciotemporal definida. Los personajes también están deliberadamente “desidentificados” (no se conocen sus nombres en ningún momento, ni en la novela ni el filme). Esta fábula apocalíptica podría tener lugar, realmente, en cualquier parte.
No es una historia sobre Portugal o Canadá o Brasil, es una historia sobre la humanidad y la naturaleza humana, asegura
Meirelles.
Intentamos crear una ciudad muy genérica, que no fuese reconocible; una gran ciudad que podría estar en cualquier parte del mundo, con actores de muchas procedencias y acentos distintos. La película está rodada en inglés, pero prácticamente todos los actores tienen un acento diferente: hay mexicanos, brasileros, japoneses... Comencé el casting con Julianne [Moore], una actriz que siempre tuve en mente. A partir de ella pensé en un marido que fuera un poco su contrapunto físico, con aspecto como italiano [
Mark Ruffalo]
. La idea de un casting multiétnico está un poco inspirada en la troupe de Peter Brook, de quien soy un gran admirador.
Pese a la crudeza del filme –que muestra el lado más rastrero del ser humano que aflora cuando éste se enfrenta a situaciones límite–, el cineasta no considera que
A ciegas sea una historia pesimista.
Creo que es realista; revela el aspecto más primitivo de la naturaleza humana, pero al final hay lugar para la esperanza y una cierta redención. Son personas que pasan por una situación muy difícil, pero que terminan siendo capaces de agruparse, encontrar afectos y reconstruir una cierta humanidad. Es decir: hay una posibilidad. No sé si estoy totalmente de acuerdo con Saramago [que en la rueda de prensa aseguró que si alguien puede tener interés en cambiar el mundo son los pesimistas, porque son los que no están satisfechos con el estado del mismo].
Yo creo que puedes ser optimista y querer luchar por un mundo mejor. Pienso que ese cambio precisa un poco de buena voluntad.

A ciegas es una historia sobre la humanidad y la naturaleza humana

Uno de los retos más evidentes para los actores era el hecho de que todos, excepto el personaje de
Julianne Moore, padecen ceguera durante la mayor parte del metraje. El espectador se coloca en la situación de insólito voyeur ante estos individuos que se despiertan una mañana con una ceguera blanca, una especie de bruma lechosa de la que él es también partícipe.
El principal problema consistía en que para establecer relaciones entre los personajes, el principal indicativo es la mirada (para demostrar enfado, pasión o lo que sea), y en este caso no podía contar con ese recurso, así que intenté situar al espectador dentro de la ceguera, con imágenes desenfocadas, disueltas en blanco... Ves la película como si se tratara de un mal sueño. ¿Cómo trabajó
Meirelles los distintos aspectos de cada personaje con el reparto?
Hicimos un taller con los actores, poniéndoles vendas en los ojos, y ensayaron durante mucho tiempo paseando por las calles y haciendo diferentes ejercicios, para aprender a desenvolverse como invidentes. Para preparar los personajes lo que hicimos fue leer el guión con cada uno de los actores. No me gusta mucho hacer ensayos; prefiero sentarme con ellos y hablar sobre la intención de cada escena, para mantener la frescura y la emoción de la actuación. Esa es mi manera de trabajar. Y con actores tan buenos como los que yo tenía, no importa el método: siempre funciona, porque el reparto es formidable. El director no es tan importante, yo creo.
*Lee la reseña de
A ciegas pinchando
aquí.
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Lourdes 28/04/2009, 21:45Muy interesante la entrevista y lo que se cuenta en ella. La verdad, soy más del parecer de Saramago, los pesimistas pueden cambiar el mundo, sí señor.
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