La vida en tiempos...

Todd Solondz

Todd Solondz es de esos tipos que carga la pistola apuntándose a sí mismo. Jugando con fuego. Sin vacilar ni un ápice y apostando su médula ósea con cada escena. Hace algunos años se alzó como uno de los directores de cine independiente made in USA más llamativos de los últimos años con Happiness. A partir de ahí, nada volvió a ser igual: se empeñó cada vez más en que la gente le odie, en ser políticamente incorrecto, en ironizar lo delicado y embarrar de mierda lo aparentemente floral. Palíndromos había sido una muestra de ello, una película que tomas o dejas, que amas u odias y que te genera risa o vómito. Esta vez, con La vida en tiempos de guerra, apunta aún más si cabe a un contexto político y social emparentado con los años ’60, explicándolo de un modo trascendental y filosófico pero con una cuota de ironía, humor negro, tragicomedia y laxante cinematográfico que elevan al director norteamericano a otro nivel (otra vez).

La vida en tiempos de guerra engaña. Con un comienzo muy a lo Woody Allen y una presentación bastante retro, una fotografía límpida y amarillenta y un sabor por las grandes frases tarantinescas, Solondz despista desde el minuto uno. No se trata de una historia que gire en torno a un personaje concreto. Como suele hacer el director americano, la película gira más en torno a un concepto que a una historia puntual. No es que le cueste concretar, sino que por una cuestión de principios y de planteamiento Solondz decide seguir apostando por las temáticas sociales y por la autopatada con personajes peculiares, solitarios y soñadores a su modo, pero, a diferencia de Palíndromos, en esta (su siguiente y, por ahora, última) película decide plantear una temática dual que acaba deshilachándose en una verbena más grande en torno a las cuestiones del perdón y el olvido y sus múltiples causas y asociaciones. El film se convierte en un zumo a medio exprimir entre la sátira política, la perversión sexual (desde la virginidad a la violación y la pedofilia sin escalas), la religión, las drogas recetadas, los niños superdotados y la automarginación social. Allí nos encontramos con la frágil Joy, escapando de los peculiares y degenerados hombres por los que se rodea, es todo amor (a priori) y vive en su mundo de autoflagelación, contrariedad y hippismo siglo XXI. Timmy es un niño pecoso, resabido y muy inteligente: su único anhelo es conocer sus propios conflictos sexuales tal cual son y saber cómo convertirse en un hombre. Trish es la madre de Timmy y hermana de Joy, está separada de su marido (Bill) debido a que éste ingresó en la cárcel con pedofilia. Pretende rearmar su vida junto a un tipo “normal” (Harvey, judío como ella, mayor que Trish, rechoncho y que “votó a Bush y a McCain, pero lo hizo por Israel”), aunque el amor en este caso se transforme en un panfleto de cómo vivir tranquilo y sin ningún tipo de nervio el resto de su vida. Helen es la excéntrica hermana de Joy y Trish. Vive abocada en su mundo de éxito artístico, marginada del mundo, con una imagen violenta y borde a más no poder. Bill, marido de Trish y padre de Timmy, acaba de salir de prisión y da vueltas persiguiéndose a sí mismo, sus perversiones e imposibilidades y tratando de conocer el estado de sus hijos, que lo creen muerto. Entre toda esa vorágine de personajes solitarios, vagabundos de amor y cariño real y con una clara tendencia al hipnotismo ocultista crónico se desarrolla la película. Allí se dan cita algunos de los mejores diálogos de los últimos años (el grosor de la película se mide exclusivamente por estos más que por una historia) que no hacen más que desgranar y desangrar de un modo ávido e inteligente la búsqueda de respuestas a preguntas universales: cuándo se olvida, cuándo se perdona, hasta qué punto vale la pena fingir, por qué perdonar, por qué olvidar y en qué momento todo esto va unido o separado. Al fin y al cabo, Solondz era más listo de lo que creíais, ¿eh?

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nina 13/08/2010, 12:45
soy fan de solondz, de su cinismo, su mordacidad, su capacidad de retratar al ser humano, pero ésta no es su mejor película. y ya que mencionas a woody allen, rey por excelencia del retrato (cínico y cruel) de las relaciones humanas, en nada tendremos aquí su nueva película, que, seguro, no defraudará! http://www.moviepilot.de/movies/you-will-meet-a-tall-dark-stranger/trailers

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