Son & Moon

Manuel Huerga

Muchas son las familias obligadas a vivir largas temporadas de distancia por cuestiones profesionales, laborales o cualquier tipo de obligaciones. Lo normal es que se te venga a la cabeza un hombre de negocios, un deportista de élite, un embajador, etc. Lo que es más difícil de asimilar es que hay personas que tienen que permanecer a algunos cientos de miles de kilómetros de distancia y que, para verlos y no marearte, tienes que entender que en donde están no hay ningún negocio que hacer ni ningún partido que jugar, básicamente, porque no hay gravedad. Hasta ahora nadie había contado desde una perspectiva tan personal e íntima la vida de un astronauta, la lejanía de sus seres queridos y su vida en medio del espacio con tanta franqueza como lo hace Manuel Huerga en Son & Moon. Diario de un astronauta.

Que Huerga es uno de los directores más versátiles del cine y la producción audiovisual no cabe duda: una persona que se atreve a dirigir películas de ficción realista (Antártida, Salvador), documentales (Gaudí), series de televisión rompedoras y hasta, incluso, dirigir las ceremonias de apertura y cierre de las Olimpíadas de Barcelona ’92 es de todo menos previsible. De ahí que todo riesgo sea poco para el director barcelonés. En Son & Moon más que caer en el mero documental sobre la conquista espacial y la experiencia, en este caso con más chicha para el público español, de un estadounidense de origen madrileño como protagonista absoluto (Michael López-Alegría), Huerga nos cuenta la historia de amor y distancia entre un padre y su hijo. Sí, nos cuenta el proceso de un astronauta, sus entrenamientos, nos muestra a sus compañeros y su trabajo en la Estación Espacial Internacional durante seis meses pero, sobre todas las cosas, nos muestra el lado humano de un astronauta, y no de la persona/máquina que viaja a miles de kilómetros para sumergirse en la mayor lejanía posible. Michael López-Alegría nos cuenta en primera persona los porqués de su decisión de ser astronauta, su sufrimiento y sacrificio por perderse gran parte de la educación de su hijo Nico, la añoranza por estar junto a sus seres queridos, la impotencia por depender de una webcam que, en ocasiones, ni siquiera funciona para comunicarse con su familia, y el precio que tiene que pagar por cumplir su sueño (que no es el de su hijo). Huerga permite a López-Alegría sacar a la luz un diario en primera persona hacia su hijo. Una especie del Ética para Amador, de Fernando Savater (remitiendo aquel Ética para Nicómaco, de Aristóteles), pero en versión futurista extrema. El comienzo de una nueva vida para el astronauta, llena de trabas e impedimentos y el intento por tratar de llevar dos vidas muy difíciles de conciliar: la del astronauta viajero y la del padre protector que pretende que el distanciamiento, evidente de su hijo para con él debido a su ausencia, no lo sea tanto. Un ejercicio íntimo y dramático del sacrificio de un hombre por superar adversidades y construir un mundo nuevo junto a su hijo en la distancia.

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Gonzalo 17/05/2010, 15:31
ahi ahi la bandera española !!!!!

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