Bruce Weber
Me gusta unir el glamour y la realidad
Nadie diría que este hombre afable y encantador, con aspecto de Papá Noel de incógnito, que lleva dos días concediendo entrevistas con un admirable buen humor, es uno de los grandes de la fotografía de moda del siglo XX y XXI. Que ha capturado con su cámara a miles de celebrities, a los modelos más cotizados del mundo; que creó un estilo propio, elevando el cuerpo masculino a la categoría de obra de arte. Pero aunque sea ésta su faceta más conocida, Bruce Weber es también autor de una obra fílmica elegante, personal y tan sensual como sus fotografías, y es precisamente esto lo que le trae a Madrid estos días. La Casa Encendida le dedica una retrospectiva, al hilo del estreno en España de Let’s Get Lost, fascinante documental sobre el vocalista y trompetista de jazz Chet Baker, que rodó en 1989.
NOTODO: ¿Cómo se siente reencontrándose con Let’s Get Lost 20 años después de rodarla? ¿Hay algo que haría hoy de otra manera?
BRUCE WEBER: Cada vez que veo la película descubro muchas cosas nuevas, a la vez que lo hace el espectador. Un montón de cosas que he olvidado, o que no vi en ese momento por error... Pero lo que yo encuentro realmente interesante es que la película está todavía muy viva, es muy orgánica, si puedo usar este extraño término. Pero así era, porque nunca sabíamos adónde nos dirigíamos. La gente dice que no es un verdadero documental, porque es algo tan personal... Pero no había otra manera en que pudiera mostrar el tiempo que pasé con Chet Baker sin hacer una película personal.
NTD: Chet Baker era un hombre con un gran magnetismo y tremendamente fotogénico. Él debía saberlo y parece sentirse muy cómodo ante la cámara. ¿Cree que se mostró sincero con usted durante el rodaje del documental o estaba actuando todo el tiempo?
BW: Muchas de las personas a la que entrevisté (periodistas, ex novias, músicos...) me preguntaban si creía que Chet estaba contándome la verdad. La verdad de alguien es una cosa un día y otra distinta al día siguiente. Creo que a veces me decía la verdad y a veces no. Y eso es algo duro para un cineasta, porque le das muchas vueltas y piensas si la película merece la pena y si realmente estás contando la historia, si estás contando lo correcto. Pero mi película no trata tanto sobre si Chet decía la verdad o no sobre donde había nacido o sobre sus relaciones. Mi verdad sobre mi película es que yo, mi equipo y la gente que nos rodea experimentemos algo conociendo a este hombre, y por lo tanto ésa es la verdad para nosotros. Estoy aquí sentando y te puedo decir que soy francés en lugar de americano, y tú sabes que no es así, pero estás grabando eso para mostrar tu experiencia, y no tanto la mía.

La verdad sobre alguien puede ser una cosa un día, y otra distinta al día siguiente

NTD: ¿Afronta de manera diferente los proyectos de sus diferentes facetas artísticas? En otras palabras, ¿busca objetivos similares en todas ellas?
BW: Creo que me aproximo de la misma manera a todo: lo que quiero decir, lo que voy a hacer, lo que es importante para mí en este momento. Y puede ser una fotografía, una película, un videoclip o lo que sea. Quiero mostrar un poco de lo que está pasando en mi vida en ese momento. Es como ahora: estamos aquí, fuera está lloviendo y yo me siento con más confianza llevando mi cámara. Tú me estás preguntando sobre mi película, sobre mi trabajo, sobre mi vida... y yo quiero hacerlo vivo para ti. Siento como si no hubiera más gente aquí, en mi cabeza sólo estamos tú y yo. Eso fue algo que me pasó con Chet Baker [durante el rodaje de Let’s Get Lost]. Puedo olvidarme de todo lo demás: está lloviendo fuera y tú estás sentada aquí hablando.
NTD: El estilo y la composición de sus obras (tanto fotografía como videoclips y películas) recuerdan a las películas del Hollywood clásico, al cine negro o al neorrealismo italiano. ¿Son éstas influencias reales para usted?
BW: Cuando era pequeño vivía en una pequeña ciudad de Pennsylvania. Todos los domingos mis padres nos llevaban a mi hermana y a mí en coche a Pittsburgh, la ciudad más grande de Pennsylvania, que estaba a una hora de viaje. Había un pequeño cine de arte y ensayo y allí vi mis primeras películas italianas, las películas de Ingmar Bergman... Luego íbamos a cenar sándwiches a una cafetería judía que estaba al lado. Eran la fuerte sensibilidad europea y la sensibilidad judía americana chocando frente a mí. Pienso mucho sobre ello. Y esa es la razón por la cual cuando fotografié a Linda Evangelista para Vogue Italia la llevé vestida de gala a una cafetería judía llena de niños con yamikas en Miami. Otro la hubiera llevado a una fiesta, pero a mí me gusta ver el glamour y la realidad juntos. Creo que muchas de esas películas fueron una gran inspiración para mí, porque yo vivía en ese mundo. Estoy intentando explicarte que... yo era un chico sencillo, no tenía muchos amigos, no tomaba drogas ni nada de eso, así que tenía mi propio mundo en mi cabeza, lo que quizás me hacía parecer más extraño.

El r'n'r fue algo así como mi escuela de fotografía

NTD: Mantiene una estrecha relación con la música: videoclips para Chris Isaak o Pet Shop Boys, fotografías para el disco de Benjamin Biolay, sus propios filmes sobre Baker o los teddy boys... ¿Cómo se plantea el hecho de traducir música en imágenes? ¿Hay algún músico o banda en especial con el que le gustaría trabajar?
BW: Estoy realmente interesado en el country de la vieja escuela y los músicos de blues. Uno de los primeros músicos que fotografié fue el gran guitarrista de blues John Lee Hooker. Pasé mucho tiempo conduciendo por Mississipi fotografiando a músicos de blues. Mi hermana estaba en el negocio de la música. Trabajó con David Bowie, Ike y Tina Turner, Iggy Pop... Esa fue mi escuela para comenzar en la fotografía. Me lo pasé muy bien, cometí un montón de errores... pero fue algo así como mi escuela de fotografía, una escuela de rock and roll. En la carretera, viviendo en moteles y hoteles, lejos de casa y todo eso... También me interesó mucho el pianista clásico Glenn Gould. Era un chico muy joven y tocaba el piano como si llevara guantes de lana. Era muy atractivo, parecía un actor de películas italianas. Me gustaba que cuando tocaba el piano su perro se sentaba a su lado.
Mis gustos musicales son bastante cambiantes. Durante un tiempo me interesó mucho la música para la danza del vientre porque la quería utilizar en una película. Viajo buscando música para películas y luego las introduzco en mi vida y las utilizo en sesiones de fotografía. Hace años, un domingo (estaba lloviendo como hoy) recibí una llamada de Diana Ross: “Hola, Bruce, soy Diana Ross. ¿Te gustaría venir por aquí y sacarme unas fotos para mi disco?”. Yo pensaba que era una broma, pero cuando me aseguró que era ella, nos empezamos a reír y le dije: “¡Sí, claro, me encantaría fotografiarte!”. Cuando murió Michael Jackson pensé mucho en ese momento con Diana. Fotografié a Michael cuando era pequeño. Me caía muy bien y sus hermanos también. Fotografié a Janet y Michael hace un año y medio o dos. Disfruté mucho la experiencia, porque siento que cuando te acercas a la música siempre es un momento mágico. Es genial.
NTD: ¿Prefiere fotografiar a músicos que a modelos? ¿Es más fácil?
BW: Bueno, me gustan los músicos que son buenos modelos (risas).
NTD: Suele decirse que su fotografía ha impulsado una nueva mirada sobre la figura masculina como objeto de deseo y consumo, antes reservada a las mujeres. ¿Está de acuerdo con esta apreciación?
BW: La gente suele preguntarme: “¿Quién es ese tipo de la fotografía?”. Y yo a veces respondo: “Bueno, es un tipo que limpia mi piscina”. O bien: “Es un jugador del equipo local de béisbol”. Normalmente, a la chica o al chico que me hacen estas preguntas les gusta esa persona. Y es un gran cumplido, ¿sabes? Creo que está bien que los hombres reciban cumplidos igual que las mujeres. Es bueno ver a un hombre orgulloso de sí mismo no sólo por lo que hace en su vida, sino también por su actitud y su aspecto.