Ya entrados en la treintena las dudas empiezan a florecer para todo aquel que se enfrente a su recién estrenada realidad: ¿me gusta lo que hago o todavía no he encontrado mi camino? ¿me tendré que hipotecar? ¿tengo que pensar ya en casarme? ¿y en tener un hijo? Muchas preguntas existenciales y pocas respuestas al respecto. La generación actual de los 30 no tiene nada que ver con ninguna anterior, de hecho no se parece a nada conocido; algunos la tachan de egoísta, superficial, inmadura e irresponsable... Nosotros, en cambio, la llamaremos sencillamente "especial". Especial, porque los treintañeros siguen soñando, siguen buscándose, no encuentran su sitio pero siguen dispuestos a disfrutar de su entorno y no están por la labor de desperdiciar un minuto más de su vida, con lo corta que es. Treinta años son duros y treinta y uno, treinta y dos, treinta y tres..., el reloj hace tic tac tic tac, los padres se desesperan, los vecinos cotillean a tus espaldas, los amigos más "avanzados" adoptan un tono moralizador, los empresarios creen que ya eres demasiado "mayor" para empezar de nuevo y así sucesivamente, hasta que explotes y decidas por fin tomar las riendas de tu vida y hacer lo que habías querido siempre.
Sam Mendes, auténtico experto en analizar los problemas de pareja y los problemas de identidad de una generación incomprendida, encuentra al fin en esta película algunas respuestas a su bombardeo de preguntas. Los protagonistas de Un lugar donde quedarse se quieren y mucho, da igual que no hayan encontrado el trabajo de su vida, que su casa se esté cayendo a cachos o que su entorno haya perdido el norte; Burt y Verona se aman hasta el último centímetro de su piel. Con treinta y tres años y las mismas dudas que comentamos anteriormente, pero con un añadido: un bebé en camino, la pareja decide emprender un revelador viaje por la geografía estadounidense en busca de un lugar para quedarse, un lugar para criar a su futuro bebé. Solos ante la nueva vida que les espera, buscan en distintas ciudades de América a amigos y familiares que les ayuden a saber si están haciendo lo correcto, si sabrán ser buenos padres, si podrán ser felices con su futuro hijo.
Un lugar donde quedarse es una película sencilla, entrañable, sin grandes ambiciones, salvo la de retratar las incertidumbres de una pareja treintañera en una sociedad cada día más irracional y extraña. Con un guión perfectamente hilado, un humor delicioso y unos personajes secundarios de lujo, Un lugar donde quedarse enternece, emociona, divierte y plantea reflexiones más profundas de lo que aparenta. Los protagonistas (John Krasnski y Maya Rudolph) desbordan naturalidad y autenticidad por los cuatro costados y logran empatía con el espectador desde el minuto uno de la película. Destacan también los personajes de Allison Janney y Maggie Gyllenhaal: la primera por ser una mujer alocada y madre muy a su pesar, la otra, por ser la típica hippy extravagante cuyas ideas sobre la maternidad rozan lo paranormal. Y no nos olvidemos que Un lugar donde quedarse es una película “verde”: se han utilizado energías alternativas, se han reciclado el 49% de los residuos y las emisiones de carbono se redujeron de forma sustancial. ¿Necesitas alguna razón más para ir a verla?
Título: Un lugar donde quedarse
Director: Sam Mendes
Género: Comedia
Reparto: John Krasinsky, Maya Rudolph, Jeff Daniels, Allison Janney, Maggie Gyllenhall, Chris Messina...
Guión: Dave Eggers y Vendela Vida
Música: Alexi Murdoch
Estreno: 20.11
Venta de entradas: www.entradas.com
