Finisterrae

Sergio Caballero

Atreverse o reventar. Entregar en círculos circunspectos una obra conceptual realizada sin guión, dejándose guiar por las obsesiones, las imágenes bonitas, el ritmo beat electrónico (más que) lento, la densidad y la dualidad de dos personajes escondidos bajo un par de sábanas a modo de fantasmas nómadas, tiene narices. Sergio Caballero tuvo más narices aún, ya que con Finisterrae se carga ya no el género drama, comedia, terror o thriller, sino también el de cine abstracto, conceptual, experimental e independiente.

Caballero es co-director y responsable de la imagen de Sónar, el Festival de Música Avanzada y Arte Multimedia. Todos sabemos que la imagen en sí del Sónar mola y mucho. ¿Quién no se ha guardado alguna vez uno de los flyers de sus ediciones? Este año espectral venía la cosa en cuanto a imagen. Desde las fotos de promoción que venían entregando después de verano hasta hace pocas semanas todo era, básicamente, incertidumbre. Dos fantasmas en medio de la playa. Uno montado a un caballo. Sitios lúgubres, fotografía oscura, tonos pálidos y fuertes a la vez. Todo parece encajar (o desencajar) cuando ves Finisterrae, el resultado de tres meses de filmación por diversos parajes del país que cuenta una historia (supuestamente), la de dos fantasmas que, hartos de su vida, se abocan a la persecución de la muerte y la resurrección en un ser vivo. Para conseguirlo, por medio de ritos y visitas de ostracismo oscurantista llegan a una conclusión: deben hacer el Camino de Santiago. Y en Finisterrae vemos casi hora y media de andanzas de dos fantasmas que hablan (poco pero hablan) en ruso y se pasean por bosques con orejas en los árboles que hablan en catalán, tienen serias conversaciones con ciervos, acampan al lado del río y hasta hay ciertos guiños a la violencia didáctica ochentera de Siniestro Total, sin darnos cuenta (Mata jipis en las cíes). Es una road movie en toda regla, pero con cierta acidez y en un formato de viñeta que está más cerca del cuento o de la fábula que del cine convencional. Una mezcla del cine de David Lynch, las películas de serie b modernas, el teatro del absurdo y los primeros films de Philippe Garrel. Con todo lo que ello conlleva, Caballero hizo el trabajo al revés de cómo lo conocemos: se puso a trabajar en la imagen del festival y, poco a poco, fue reencontrándose con sus obsesiones (la naturaleza, los animales, el silencio, la lenta densidad) y acabó armando el guión en base a lo que ya tenía (imágenes y música), orgulloso de la carencia de guión. El resultado es un trabajo de cine performativo, un libro de estilo poético que acaba con los clichés del cine independiente. Se intuyen inyecciones de humor irónico en un experimento que va de la persecución de un anhelo a los guiños sagrados cuasi religiosos. La frescura y la despreocupación por transformarse en una película aceptada comercialmente hacen que su director trabaje con una libertad que da envidia y suscita tantas preguntas como silencios. Se pone en práctica el exceso del propio terreno (físico, metafórico, conceptual y cinematográfico) y se pasean por órbitas que asemejan esta película con la filosofía del Sónar (faltaría más), donde nada es lo que crees que va a ser. Ni falta que hace.

*Sorteamos invitaciones para ver que no te pierdas la película aquí. Habemus marcianada.

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Título: Finisterrae

Director: Sergio Caballero

Género: Cine independiente, performance visual

Reparto: Pau Nubiola, Pavel Lukiyanov, Santí Serra, Yuri Mykhaylychenko

Guión: Sergio Caballero
Fotografía: Eduard Grau
Música: Jimi Tenor y Sergio Caballero
Productores ejecutivos: Ventura Barba y Lluis Miñarro
Duración: 80 min.

Estreno: 11.06

Venta de entradas: www.entradas.com

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