Canino

Yorgos Lanthimos

Una familia: un padre, una madre, un hijo y dos hijas (todos más bien mayorcitos). Una casa con jardín y vallas. Alrededor de todo eso, una historia de obsesión paranoide, comedia negra y rituales psicóticos comandados por el padre y jefe de la familia. En Canino, una de las mejores películas que ha dado el cine griego, se mezcla el cine experimental en una historia de perversión real donde el submundo habitado es el único que es, a la vez, tan real como irreal.

Desde su inicio Canino asusta. Los planos fijos, las conversaciones robóticas y la certeza de que estamos presenciando la historia de unos chicos que habitan un mundo paralelo dentro de su casa, en donde las palabras tienen otro significado y en la cual el ocultismo, el secreto eterno y el miedo a la vida real están a la orden del día da un poquito de escalofrío. Es inevitable pensar en historias reales recientemente conocidas (como la del secuestro, encierro y tortura psicológica como la del Caso Fritzl), pero en Canino el mundo se ve desde otra manera. No se trata sólo de una maniobra por parte del padre de torturas a sus hijos, sino que todo está revestido de buenas intenciones y de crear un mundo nuevo repleto de plásticos, donde los aviones son de juguete, los peces se pescan en la piscina y donde el sexo es un mero mecanismo de descarga física con perspectiva conductista. Canino acaba por ser un tratado psicológico del desconocimiento entero de la realidad, retrotrayendo la vida humana al homo habilis, creando un mundo inferior desde lo superior, siendo un diccionario inútil y transformando a los seres humanos en canes que ladran a las órdenes de su amo (literalmente), se golpean con violencia extrema desconociendo el daño y follan y se lamen con el mismo ánimo que un par de conejos dentro de una caja de zapatos. Escapar de la casa no es un desafío para los protagonistas, sino más bien un lugar lejano, temeroso y por el que hay que sobrevolar para conocer sus bondades y, sobre todo, sus maldades. Yorgos Lanthimos ya había hilado fino con su anterior y primera incursión en el cine en largo, Kinetta. Ahora, con Canino, no sólo consigue crear un puente entre el cine experimental, el independiente y la cruda realidad, sino que se consagra como uno de los directores más prometedores del nuevo cine europeo, como ameritan sus premios en Cannes, Sitges, Syfy o Sarajevo, por mencionar sólo una mínima selección de sus triunfos. Al fin y al cabo, sólo se trata de saber mirar con otros ojos el mundo o, más bien, de empañar el vidrio para esconder la mirada detrás del cristal.

Bookmark and Share

¿la has visto?
escribe aquí tu opinión


código de seguridad
(introduce el código que aparece a la izquierda):
nombre (obligatorio):
e-mail (obligatorio, no aparecerá publicado):
comentario:

nuestros proyectos


notodo.com es un proyecto de