El verdadero eje motor de Ajami es el conflicto árabe-israelí. Pero no sólo eso. El marginal barrio de Jaffa (Israel), que da título a la película, sirve de espejo a la tensa convivencia entre judíos, árabes y cristianos. El filme, asimismo, nos muestra lo peor del ser humano en toda lucha a la desesperada por la supervivencia, cuando los límites de la moral se vuelven difusos.
Escrita y dirigida por el tándem judeo-árabe formado por Yaron Shani y Scandar Copti, Ajami va desgranando a lo largo de sus dos partes, casi como en dos tiempos, lo que en dicho territorio -microcosmos- acontece. Sin duda, un planteamiento de lo más acertado para describir la mirada parcial, sesgada, de todo aquél que se acerca a un conflicto –cualquier conflicto- siendo parte de él. La visión global, lo sabemos, sólo puede darse desde la distancia física, temporal y emocional. En el caso de Ajami, únicamente retrocediendo en el tiempo y ubicándonos en el lugar del “otro” logramos ver el marco del cuadro, incluso sus matices en blanco –no sólo por la cocaína, también por el remanente de ingenuidad, lealtad y amor que, sorprendentemente, queda en el barrio- y negro –tanto el panorama actual, como el futuro- dentro de un mundo que se nos muestra criminal, temeroso del disparo fácil y sin sentido, de la equivocación de la venganza, de su inutilidad, de sus nefastas consecuencias y, pese a todo, de la lucha por la vida.
Ajami escenifica una realidad brutal que traspasa la pantalla a golpe de interpretaciones creíbles, siendo, como son, actores no profesionales (meros vecinos del barrio que recibieron preparación durante diez meses para interpretarse a sí mismos a lo largo de las tres semanas que duró el rodaje) y que ni siquiera tuvieron copia del guión. Cuenta, además, con una estructura narrativa capaz de descolocar al espectador y un ritmo que, en ocasiones, recuerda la urgencia y ferocidad de Tarantino.
Si algo le podemos reprochar es, tal vez, un metraje excesivo sin necesidad alguna, una contextualización centrada en el presente que no abre puertas a la comprensión del pasado. Las razones y origen de todo esto se pierden o se sobreentienden, cuando no debieran: antes de que la mayoría de sus habitantes fueran obligados a salir de Israel en la catástrofe de Nabka en 1948, Ajami era una próspera ciudad con más de 100.000 habitantes, conocida como la novia del mar. Tras el establecimiento de Israel, decayó. Mientras la vecina Tel Aviv prosperó, los atractivos edificios antiguos de Jaffa quedaron abandonados y en ruinas, afirma Raja Shehadeh, abogado palestino y escritor, en BBC Mundo.
Seleccionada por Israel como candidata al Oscar 2010 en la categoría de película de habla no inglesa, logró ser nominada, que no ganadora (ganó, como saben, Campanella con El secreto de sus ojos), y convertirse en ejemplo de concordia entre árabes y judíos. Concordia que Copti rompió horas antes de la ceremonia de los Oscar: arremetió contra la política que Israel ejerce respecto a la minoría árabe.
Título: Ajami
Director: Scandar Copti, Yaron Shani
Género: Drama
Reparto: Shahir Kabaha, Ibrahim Frege, Fouad Habash, Youssef Sahwani, Ranin Karim, Eran Naim, Scandar Copti, Elias Sabah, Hilal Kabob, Nisrin Rihan
Guión: Scandar Copti y Yaron Shani
Montaje: Scandar Copti y Yaron Shani
Producción: Mosh Danon, Thanassis Karathanos
Co-Producción: Talia Kleinhendler
Fotografía: Boaz Yehonatan Yacov
Sonido: Kai Tebbel
Música: Rabiah Buchari
Estreno: 26.03.10
Venta de entradas: www.entradas.com
