Con Gerardo Herrero pasa una cosa curiosa, ya que es probable que, si bien casi todos hayamos visto más de una película suya, no identifiquemos ninguna como un gran título y de relevancia capital en el cine español de aquel año. Si eso con El principio de Arquímedes, pero probablemente tampoco. Con Silencio en la nieve, Herrero trata de reactivar su carrera a base de adaptación histórica de un terreno bastante magullado (a falta de una guerra, dos: en medio de la Segunda Guerra Mundial, un tinglado de voluntarios fascistas del recientemente ganador régimen franquista) que, por encima, no tratará temas de guerra, sino más bien que se acabará convirtiendo en una especie de película de intriga de corte policial, procurando emular la estructura del asesino serial de Seven o la saga Saw (por eso de tener que buscar pistas, rearmar la situación, encontrar un asesino, comprender las claves históricas, sociales o personales que lo llevan a acometer dicha masacre) pero desde una perspectiva rural, casi cañí, silenciosa, poco creíble pero, a su vez, completamente realista. Y así, sin acometernos en ningún gran film y respetando a conciencia los gags del cine bélico y sin arresgar casi un ápice, Herrero logra dar, al menos por momentos, en el clavo. Y, creednos, eso es bastante más de lo que había hecho en títulos más o menos recientes como El corredor nocturno o Heroína, de mayor impacto inicial, pero muy maltratadas con el paso del tiempo (y con esto de tiempo me refiero a los días, semanas y meses). ¿Bien, pues?
Silencio en la nieve, adaptación de la novela de Ignacio Del Valle, nos ubica en territorio ruso en 1943, ultimando detalles para el avance soviético y que los alemanes se dispongan a ceder espacio ante la retirada en medio de la Segunda Guerra Mundial. Más concretamente en medio de la División Azul, cuerpo de soldados españoles voluntarios empleados allí para combatir junto con los germanos. El soldado Arturo Andrade (Juan Diego Botto) descubre, en medio de la soledad invernal de la nieve eslava, a un compañero batido con señas de mensaje en clave incrustadas en el pecho. Allí tanto a Andrade como su sargento, Estrada (Carmelo Gómez), se les encomienda una misión: saber quién está detrás de todo aquello. Sin quererlo ni beberlo, el paisaje épico de la película se acaba convirtiendo en un thriller policial de intriga en donde espectador y protagonistas hacen sus cálculos. Y allí se acometen irrealidades tales como el curioso cambio de rango en sus cargos (¿que un sargento franquista de golpe se iba a convertir en una especie de soldado al mando del que, hasta hace pocas horas, era soldado suyo?), búsqueda de elementos en medio de una batalla, extrañas parejas, zonas de pseudo-humor metidas con calzador, etc. Una lástima, dos situaciones: que la limitada cantidad de actores allí presentes acabe haciendo prácticamente obvia la deriva de la respuesta, previsible y sin tensión, aunque un Botto inspirado a tiempo parcial y un Gómez caricaturizado se esfuercen en tratar de transmitir esa presión por saber quién es el asesino; y que actores como Víctor Clavijo y, sobre todo, Sergi Calleja (algo excéntrico pero bastante ajustado en su papel de maníaco) y Andrés Gertrúdix no disfruten de más minutos. De esa manera, la planicie lineal, el recurso del enamoramiento forzado de Botto por una rusa (que no viene a cuento para nada, dicho sea de paso) y la utilización (de más) de ciertas escenas sobrantes en esa persecución final se hubieran hecho aún más agradecidas de lo que es este nuevo título de Herrero. Regul(e)ando, que es gerundio.
Título: Silencio en la nieve
Director: Gerardo Herrero
Género: Drama bélico-policial
Reparto: Juan Diego Botto, Carmelo Gómez, Víctor Clavijo, Andrés Gertrúdix, Francesc Orella, Sergi Calleja, Jordi Aguilar y Alex Spijksma
Novela original: Ignacio del Valle
Guión: Nicolás Saad
Música: Lucio Godoy
Fotografía: Alfredo Mayo
Estreno: 20.01
Venta de entradas: www.entradas.com
