Lindo y Glez.-Sinde
Sobre 'Una palabra tuya'
Cuando un cineasta decide llevar una novela a la gran pantalla, está asumiendo el riesgo de salir trasquilado y de ser odiado por cargarse la imagen que los lectores tenían en su cabeza de los personajes y los escenarios. Era de esperar que eso no pasaría con Una palabra tuya, la gran novela de Elvira Lindo que Ángeles González-Sinde ha convertido en una gran película (estrenada el pasado 22 de agosto). Ambas comparten no sólo la visión del escritor y del guionista –pues Lindo también lo es y para González-Sinde no es la primera experiencia adaptando literatura–, sino también una sensibilidad y una capacidad enormes para capturar el alma de la gente corriente y destilarla en palabras, para hablar de esos “rincones oscuros” que todos llevamos dentro. En estos textos, especialmente escritos para Notodo.com, cada una de ellas habla de su concepción de esta historia sobre la insatisfacción, la amistad y el deseo de ser feliz y los personajes que la pueblan.
Me gusta observar a la gente trabajando, me gusta captar ese momento de concentración, de amor propio, de fuerza o de delicadeza. Esta afición mía no es, digamos, intelectual, porque la tengo desde que era chica y me quedaba embobada viendo como mis tíos hacían el pan o como otra tía mía sacaba vestidos maravillosos de un pedazo de tela. Esa fue, probablemente, la razón que me hizo fijarme en aquellas mujeres que salían del cantón de limpieza que había debajo de mi casa de entonces, en la Puerta de Toledo, a limpiar el barrio. Esa y el hecho de que fueran las primeras barrenderas de Madrid. Asomada a la baranda de mi terraza, pensé, “algún día escribiré una historia sobre ellas”. Fue una imagen tan poderosa que persistió en algún rincón de mi mente hasta que el director Miguel Albaladejo me pidió que le escribiera uno de los cortos que componían su película Ataque Verbal. Yo misma interpreté a una de las barrenderas y ahí está el germen de la novela, que en un inicio fue pura comedia y luego creció como obra literaria adoptando un tono que hace difíciles equilibrios entre la comedia y la tragedia, a la manera valleinclanesca; un género complicadísimo porque es aquel en que el novelista quiere que el lector pase de la risa a la emoción en la misma página.
Escribí Una palabra tuya en Nueva York, en mi primer año allí y su escritura fue mi tabla de salvación porque aquel invierno estaba bastante sola. Tal vez por eso sus páginas son tan intensas. Me sentaba todas las tardes frente al ordenador y hablaba en voz alta mientras escribía, gesticulaba, casi actuaba, haciendo que Rosario contara su vida, porque yo quería darle a esta novela, contada en primera persona, una cualidad interpretativa, como si Rosario estuviera hablando a un público, real o figurado. Cuando la terminé supe que ahí estaba lo más personal que había escrito nunca, aunque no hablara de mí exactamente, pero ese es el misterio de la ficción, que nos desvela al novelista a pesar de que los hechos reales no coincidan. Yo me sentía entre las dos, entre la maniática costumbre de Rosario por analizar personas y hechos con el objetivo de no sentirse nunca (más) engañada o estafada, y la inocencia de Milagros, que se entrega temerariamente a la amistad y a la vida. Aunque la historia está contada en primera persona por Rosario, las voces de las dos estaban con la misma fuerza dentro de mí.

Las buenas historias consiguen traernos al corazón y a la memoria algo que parecía desaparecido

Luego vino el premio
Biblioteca Breve y la buena acogida del libro, que ha seguido manteniéndose vivo hasta esta nueva etapa en la que se ha visto convertido en
película. Sé que cada lector que se apasiona con una novela construye los personajes a su manera, les da un rostro y una voz. Yo también, claro. Pero, extrañamente, en este caso, tratándose de una novela mía, he dejado que la mano de
Ángeles me sorprendiera y me he sentado en la butaca a ver y a disfrutar. Probablemente porque desde el principio tuve confianza en el proyecto. El resultado es que he sentido una gran empatía con los actores, con la carnalidad que otorgan a ese trío fundamental:
Rosario,
Milagros,
Morsa. Hay en sus interpretaciones una entrega inusual y muy conmovedora, que lleva al público a la sonrisa y a las lágrimas.
Hay un momento de la película en que siempre me emociono. No diré cuál es. En ese momento algo se me remueve por dentro, algo que tiene que ver con la escena en sí pero también con una sensación íntima que regresa de pronto del pasado. Eso es lo que consiguen las buenas historias, sean películas o libros, traernos al corazón y a la memoria algo que parecía desaparecido. Es un dolor que inquieta y alivia porque, al fin y al cabo, estamos reconociéndonos en otros seres humanos.
Cuando veo la película me siento agradecida. Tengo el corazón contento, como dice esa cancioncilla que forma parte de la banda sonora de
Una palabra tuya y que tiene también la virtud de evocarnos alguna imagen de nuestra niñez.
Elvira Lindo
Admiro mucho la literatura de
Elvira Lindo. Creo que tiene una cualidad poco común y que yo valoro especialmente: su capacidad de combinar un tono más cómico con lo dramático, al estilo de un
Azcona. De esa manera te va llevando de la mano sin que te des cuenta por asuntos aparentemente cotidianos o triviales para luego colocarte ante los grandes temas de la vida. Va de lo pequeño, de lo doméstico, a las grandes disyuntivas morales que cambian una existencia. En esta novela son dos chicas jóvenes y en apariencia corrientes las que deben asumir la madurez, crecer o quedarse varadas para siempre en un tiempo sin futuro. El personaje de
Malena Alterio constantemente está tomando decisiones éticas quiera o no quiera. Como no es una superheroína, no siempre acierta y también tiene que aprender a vivir con sus errores. Eso me gustó mucho. Son personajes inocentes y a la vez culpables de sus circunstancias. Me interesa el material del que estamos hechas las personas. Como espectadora me gustan las películas que te hacen sentir, pensar, que te emocionan y a las que luego sigues dando vueltas en tu cabeza cuando sales del cine, que de algún modo te ayudan a vivir mejor, así que intento hacer lo mismo para los espectadores. Me interesa indagar en la vida de mis vecinos, por así decir. Creo que vivimos un mundo muy cambiante que nos genera inseguridad y desconfianza y que constantemente tenemos que desarrollar estrategias nuevas para sobreponernos ya sea en lo amoroso, en lo familiar, en lo laboral… Me suelen atraer las situaciones que requieren de una persona normal un comportamiento excepcional o, al menos, un viaje personal que la cambia de algún modo. Y creo que sí, que las personas podemos cambiar y sobreponernos y que el ser humano tiene una capacidad de resistencia y de supervivencia inmensa, aunque no siempre se den las condiciones para que se desarrollen.

Me atraen las situaciones que requieren de una persona normal un comportamiento excepcional

Lo difícil de esta adaptación, como de todas, era reducir la novela, que es más amplia y más rica, a hora y media de narrración sin desvirtuarla. Y para mí era fundamental también mantener dentro de lo posible esos diálogos que me parecen magistrales, pero también traducir otras virtudes literarias de la novela a estrategias cinematográficas equivalentes. La novela está narrada en primera persona, casi como un relato oral, y tiene algo de urgencia o de confesión que te hace devorar las páginas. Eso en la película lo he cambiado por una estructura que va adelante y atrás en el tiempo y en la que el espectador tiene que ir encajando las piezas sin saber bien lo que pasa, pero sospechando poco a poco que algo fuerte se avecina y que las cosas no son tal y como se las cuentan, sino que hay gato encerrado. Nunca mejor dicho.
Recomiendo leer la novela porque es complementaria de la
película. Es literatura extraordinaria y es un verdadero placer perderse en sus páginas. La realidad es que por lo general quien ve la película corre a comprarse la novela. Es como un regalo poder seguir indagando más en una historia que te ha atrapado.
Elegí a
Malena Alterio porque sigo su carrera desde los inicios y tenía muchas ganas de trabajar con ella. El de
Rosario es un personaje complicado porque dice unas cosas y hace y siente otras que oculta, por lo que la actriz tiene que trabajar varios niveles emocionales a la vez.
Malena además produce empatía en el espectador y eso era importante en un personaje que no siempre hace cosas agradables.
Esperanza Pedreño era desconocida para mí, pero en la primera prueba de reparto tuve claro que tenía ese algo especial indefinible que la diferencia del resto de la gente y que caracateriza al personaje de
Milagros. Además de que es muy buena actriz, tiene mucha técnica y es capaz, como
Malena, de pasar del drama a la comedia en una misma escena y resultar creíble en ambos registros, algo muy difícil.
Ángeles González-Sinde