War Horse

Steven Spielberg

¿Qué hace un tipo como Spielberg revisando los clásicos de la media tarde dominguera de Telemadrid, Popular TV y, si eso (en los puntos álgidos), AXN? Pues acudir a cierta trama en donde la épica se supone que es dramática, en donde las historias entrecruzadas imposibles son factibles, en donde el nervio lo es más en los ecos violentos y en donde War Horse, increíblemente, acaba encandilando precisamente en los momentos en los que creías que te quedarías dormido. No sabemos si es que a Spielberg se le ha acabado la imaginación a la hora de seleccionar las historias, novelas o guiones que pretende dirigir, pero, a diferencia de otros tótems de los presupuestos millonarios como Clint Eastwood, Spielberg logra demostrar con War Horse (una película descafeinada, sin grandes nombres y, en definitiva, reversionando los dramas épico-bélicos más livianitos y predecibles) no sólo que es un prodigio de la métrica y el lenguaje cinematográfico, sino que hasta el mayor truño al que decide enfrentarse tiene cierta gracia. Y hasta se te puede piantar un lagrimón si eres un pelín ñoño y sensiblero.

Resumamos: War Horse es una especie de Braveheart en modo telenovelesco (rollo venezolano, incluso, pero con americanadas impresas en la genética spielbergiana) pero hecho cuando dicho género ni es retro (dudo de que vaya a volver a estar de moda, afortunadamente) ni aporta nada nuevo en materia ni de épica ni de análisis social ni de cierta tensión dramática. La historia no da para demasiado: un caballo conseguido en una subasta y criado por un chaval acaba formando parte de una historia épica, moviéndose por medio mundo, participando en la Primera Guerra Mundial para ambos bandos (primero, con Inglaterra, de ahí a Francia y luego al bando alemán para ser recuperado por el ejército inglés al final) y teniendo varios dueños, los que son el eje principal de la historia, aún a pesar de que quien sufre la dura espera es su dueño primigenio (Jeremy Irons). Si la película consigue sobrevivir, aún a pesar de que el reparto es bastante flojito (Irons es, quizás el actor más “protagonista” del film sin serlo, en realidad, del todo, y mantiene un perfil bastante bajo y sobreactuado, lamentablemente), es por el caballo, por muy bizarro y rocambolesco que resulte el asunto. El hecho de que, en principio, la historia juegue un papel supuestamente multicultural y de cruce de países (Inglaterra, Francia, Alemania) y que TODOS ellos hablen inglés es, como mínimo, bastante lamentable: quita realismo, añade plasticidad y una simulación de un cine pasado anglo-centrista en el que se pierde el sentido y la razón (dudamos mucho de que a principios del siglo XX hasta el soldado francés o alemán más palurdo hable un perfecto inglés). Afortunadamente escenas como la de las tenazas (si la veis, muy al loro con ella: es lo mejor de la película) aportan un grado de comicidad, de ficción y de original incólume. Bien ahí. Pero quien destaca, oye, es el caballo.

No voy a entrar a ensalzar a un animal que, probablemente, esté controlado el grueso del tiempo por ciertas inyecciones tecnológicas que desanimalizan al animal, pero esa concepción de superhéroe en la que convierten, sobre todo, al caballo protagonista (al margen de que el otro caballo, escudero, sufridor y compañero de éste durante la mitad del metraje, al menos) es bastante similar a la de aquellas películas y/o escenas imposibles protagonizadas por Steven Seagal o Sylvester Stallone (¿podríamos decir que este caballo es el Rambo o el Robocop del nuevo cine épico de guerra?). Seguramente a la Sociedad Protectora de Animales no le mole mucho la historia de que se muestren a caballos luchando en la Guerra, sufriendo desvaríos y renaciendo cerca de cinco o seis veces, pero War Horse acaba transformándose en una suerte de cine épico fantástico e imposiblemente sensiblero gracias a la tensión que dicho animal aporta, dejando en un terreno secundario a los actores (auténticos secundarios de “lujo”) y centrándose en el drama animálico y sociológico de ver super-vivir a un caballo en una película de Spielberg. Bizarro asunto, pero entretenido, al fin y al cabo. Espero que Steven no pretendiera ni un ápice más de eso. Sinceramente.

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