La fuente de las...

Radu Mihaileanu

¿Cuándo la tradición empieza a quedar obsoleta, desactualizada y comienza, por otra parte, a deshumanizar cierta parte de nuestras raíces? ¿Hasta dónde el respeto costumbrista vale más que la humanidad contemporánea y el hecho de vivir en el siglo XXI? Hay tradiciones más ociosas y más belicosas, pero es complejo acometer contra cuestiones religiosas y tradicionales que forman parte de la genética social de determinados territorios. El hecho de que la mujer en Oriente Medio tenga que ocuparse de prácticamente todas las labores de la vida diaria de su familia y el hombre, si eso, trabajar unas horas en su puesto, es un hecho incontestable y que permanece impreso en hombres y mujeres como una lapa difícil de despegar. Radu Mihaileanu, con cierto tono cómico y paródico, aborda un conflicto que puede ser real o ficticio (se rumorea que está basado en un hecho real) pero que cuestiona la religión, la tradición, el amor por encima de todo y la rebeldía de los grupos supuestamente débiles (en este caso las mujeres, vapuleadas y silenciadas en el grueso de cuestiones tradicionales de Oriente Medio) desde la perspectiva de un director que prefiere sonar contestatariamente amigable en vez de volverse extremo y deliberadamente político.

La fuente de las mujeres, nuevo ejercicio de Radu Mihaileanu tras la cámara tras las exitosas El tren de la vida, Vete y Vive y El Concierto, nos traslada a un pequeño pueblo en algún lugar entre el norte africano y Oriente Medio. Más concretamente a una de sus tradiciones históricas más enraizadas del pueblo: la búsqueda de agua a una fuente varada en una colina en la que las mujeres van con sus botes y las trasladan (como pueden) hasta su casa. Curioso que la mujer, con menos fuerza y destreza física, a priori, que el hombre, tenga que ocuparse de este tipo de trabajos, pero así es. Leila, una joven inmigrante casada con el profesor (y romántico amado) del pueblo, decide plantar la bandera de guerra y conflictuar a las mujeres por su bien: proponer una huelga de sexo con sus maridos y novios a cambio de que éstos comprendan lo peligroso de la búsqueda de agua (muchas han perdido sus embarazos o tenido severos daños físicos al caerse por la colina donde está ubicada la fuente). La guerra entre hombres y mujeres, entre pasado y futuro (viejos puretas vs. jóvenes modernos), entre la lectura fácil del Corán y la que le da una vuelta de tuerca y, sobre todo, esa lucha eterna entre el permiso de derechos para la mujer y no es lo que Mihaileanu propone en La fuente de las mujeres.

El rumano-francés ofrece una doble lectura que, a la par de concienciada y rebelde (que no concienzuda) es casi cómica, paródica, graciosa, sentimental. Es un cruce bastante coherente entre el humor irónico, mestizo y transnacional de Emir Kusturica en films como Gato Negro, Gato Blanco y el cine contestatario árabe desde la perspectiva femenina, algo que hemos visto recientemente en películas como El Cairo 678 o En el camino por mentar sólo dos y por diferenciarlo de directores algo más políticos como Asghar Farhadi o Bahman Ghobadi. Probablemente sobren momentos de relleno que podrían haberse utilizado para omitir a ciertos personajes secundarios que no aportan demasiada chicha al asunto y haber centralizado el film en la omisión del amor por parte de los maridos a sus mujeres, pero, en definitiva, Mihaileanu propone un buen compilado de discursos monologados sobre el conflicto histórico y social de la tradición y de las diferencias, racismo, violencia y omisión entre hombres y mujeres en Oriente Medio. Gran empleo.

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