Contaba Michael Haneke hace unos meses en una entrevista publicada en el diario El País que la violencia física le puede. Sin embargo, es esa misma violencia, la que le irrita y le subleva, el origen de toda su filmografía. Desde sus primeras películas como The Seventh Continent o Benny´s video hasta las más recientes La Pianista o Caché (Premio al Mejor Director en Cannes 2005) su cine es una crítica feroz, no solo a cualquier expresión violenta que genere dolor físico o mental en otro ser humano, sino a la sociedad que permanece impasible ante ella o, peor todavía, que la consume diariamente y con ligereza a través de los medios. Ese fue el origen en 1997 del guión de Funny Games y esa es la misma razón por la que ahora, once años después, el director austriaco se ha atrevido a ejecutar un remake rodado, curiosamente, en uno de los países más violentos del mundo: Estados Unidos.
Las mismas preguntas que el realizador se hacía en su primera versión se repiten de nuevo en esta segunda: ¿Es el cine (sobre todo el americano) culpable del consumo frívolo y gratuito de violencia? ¿Y no somos nosotros, los espectadores, cómplices de este mercado que mueve millones de dólares cada año? La respuesta, sin duda, es afirmativa. Haneke nos plantea un juego tan terrible como justo, ser espectadores o testigos de excepción del dolor de una familia que, iniciando sus vacaciones de verano, se ve inmersa en una terrible pesadilla durante 24 horas. Una pesadilla ejecutada por dos jóvenes apáticos y descerebrados que se lleva por delante, cual apisonadora, todo lo que han construido durante años. Haneke nos muestra sus heridas y nos obliga a sufrir con ellos el peor de los miedos, el miedo a perderlo todo. Aunque la película es fiel al original (la ha repetido plano por plano) esto no le resta un ápice de angustia ni de valor (incluso conociendo la historia de antemano) y como bien dice su director, la sitúa por fin en su sitio. Recordemos que la primera vez que la rodó su objetivo era llegar al público americano, algo que se truncó por la poca afición del susodicho a consumir productos no manufacturados en los USA. Las soberbias interpretaciones de Naomi Watts (única condición del director para rodar el remake) y Tim Roth como el sufrido matrimonio protagonista y los inquietantes Michael Pitt y Brady Corbet como la pareja torturadora, hacen el resto. Dice Haneke que no se puede inventar nada peor que la realidad. La prueba es Funny Games. Tan real que duele.
Título: Funny Games
Director: Michael Haneke
Género: Thriller psicológico
Reparto: Naomi Watts, Tim Roth, Michael Pitt, Brady Corbet
Estreno: 04.07
Venta de entradas: www.entradas.com
