Beginners

Mike Mills

La mitad de las personas creen que las cosas nunca van a funcionar.
La otra mitad creen en la magia.

Amar y sus consecuencias. Plantar cara a cierta ambigüedad y hacer de la flor un símbolo caduco. Enamorar y sus consecuencias. Pretender acercarse más al gusto de la pendiente que de la llanura. Absorber al otro y cambiar tu forma. Mirar para adentro y entenderse sin juzgarse. Conectar, facturar simbiosis, multiplicar la sensación sin hablar. Hacer del romanticismo un elemento barroco-moderno que aún existe. Desenfrascar el miedo al fracaso. Y hacer una película como Beginners, probablemente el alegato de cine romántico menos drástico, mejor parido, más mimado, cuidado conectado y estructurado desde hace mucho tiempo. Mike Mills no sólo elige a los únicos actores que podían crear esta versión tan realista y bien modelada de las cuestiones sentimentales, sino que utiliza un lenguaje cinematográfico que, si bien no ha inventado él, sólo ha sido explotado por deudores de un cine clásico neorromántico que genera tanta nostalgia y melancolía como empatía inmediata. Bienvenidos a una nueva obra maestra del drama amoroso.

Mills abre tres frentes que permanecen abiertos, conectados, liados y totalmente complementarios durante todo el minutado de Beginners (Principiantes), segundo título de ficción tras Haciendo dedo (Thumbsucker) y tercero si contamos aquel iniciático mediometraje documental sobre los repartidores de periódicos titulado, por supuesto, Paperboys. Beginners utiliza una cronología hacia adelante y dándole especial importancia a la historia presente (la de McGregor y Laurent, a.k.a. Oliver y Anna, respectivamente) pero franqueando el radio de acción entre 1955 y 2003, repartiendo el bacalao y contextualizando con especial gracia, mimo y peculiar descripción entre: 1) 1955: año en que se conocieron sus padres; 2) la relación como espectador de Oliver como niño de entre 8 y 10 años, asistiendo a la resignación de su activa madre al ver cómo su esposo y padre de su hijo pasaba de ella; 3) la confesión de Hal, padre de Oliver, de su condición de homosexual con los 75 años cumplidos, habiendo enterrado recientemente a su esposa, y decidido a vivir una vida de liberación y experimentación total; 4) el proceso de relación sentimental de Oliver (creativo publicitario de 38 años, diseñador de camisetas, solitario, meloso, nostálgico y resignado a no encontrar el amor y heredero de un perro, Arthur, con el que se comunica extrasensorialmente) con Anna (joven actriz francesa, treintañera, nómada justamente por su trabajo como actriz pero con una sensibilidad y una conexión sentimental que es la horma del zapato de Oliver y viceversa).

A partir de ahí, Mills franquea un terreno en el que cuestiones como la soledad, la adaptación a la vida de otro y, sobre todo, analizar qué es lo que uno espera de la otra persona, de la relación amorosa, de la vida en general y de uno mismo es el tema principal de una película que pasa de ser coral pero que radiografía a los tres protagonistas (Oliver, Anna y Hal) a la perfección con ciertos toques de humor pero sin caer en la plasticidad, la repetición, los gags facilones y el morbo post-mortem. No pretende sólo capturar la sinergia de un momento romántico puntual, sino recrear una escena potente que no asfixia ni frivoliza en temática amorosa (algo que en Hollywood están de sobra acostumbados). El relevo generacional de aquellos míticos títulos de romanticismo psicológico de Woody Allen (Annie Hall y Manhattan), pero utilizando un lenguaje que comulga más con Mi vida sin mí, de Isabel Coixet (por su ritmo, sus flashbacks y su puntiagudo análisis personalista), American Beauty, de Sam Mendes (la técnica, la fotografía, el lenguaje, la estructura, la acción) y el cine indie americano de este nuevo siglo, tanto (500) Días juntos (el recuerdo y la comparación es instantánea, aunque Beginners la supere por varios cuerpos), como Nick Cassavetes y la incipiente escena mumblecore (Joe Swanberg o Chad Hartigan). Comunión, arte, llanto y empatía simbiótica. Maestranza indie.

Bookmark and Share

¿la has visto?
escribe aquí tu opinión hay 1 comentarios // 1 a 1   
David Alburquerque 8/08/2011, 14:08
Me ha gustado mucho la crítica. Es cierto, la peli es empatía inmediata a través de la contención. Un halago a la inteligencia -y la experiencia en la materia- del espectador. En definitiva, el chiste de las relaciones tan, tan bien contado, que te invita a rematarlo en cada escena dejándote usar tus propios sentimientos sobre los labios cerrados de Ewan y Mélanie. ¿Estamos casados ya?

hay 1 comentarios // 1 a 1   


código de seguridad
(introduce el código que aparece a la izquierda):
nombre (obligatorio):
e-mail (obligatorio, no aparecerá publicado):
comentario:

nuestros proyectos


notodo.com es un proyecto de