Morente

Emilio Ruiz Barrachina

Uno no elige en qué momento declarar su legado abiertamente, decir quién o quiénes serán los beneficiarios de su arte. En el caso de Enrique Morente, sorpresivamente fallecido hacia finales de 2010 generando un vacío en la música popular española similar al que generó Camarón de la Isla hace ya varios años, hay que ser más prudente aún al hablar de legado y herencia, ya que su obras y su influencia es, probablemente, una de las mayores reliquias que ha tenido nuestro país en cuanto a tradición y evolución. Hablamos no sólo de los puretas del cante flamenco, sino también de los rockeros granaínos (su colegueo con J de Los Planetas o su Morente Omega con Lagartija Nick son algunos de los ejemplos más conocidos), de los flamencos que se salen de lo tradicional y de cualquier analista que haya sabido disfrutar de Morente como él quería, desde una ausencia casi total de etiquetas. Morente se fue pero ese vacío que aún perdura inconscientemente en las mentes de los fanáticos, seguidores o admiradores en la sombra se puede llenar al menos un poco en uno de los tantos proyectos que el malogrado cantaor llevó a cabo en sus últimos días: un documental-musical que hila, queriéndolo o no, su vida con la de Pablo Picasso, su cante con el de sus más inmediatos aprendices (el clan Morente compuesto por sus tres hijos) y su inevitable concepción del renovarse-o-morir que han hecho de él, si se puede, algo aún más grande.

Para entender Morente hay que contextualizar la película: se trata de un proyecto del propio cantaor y del director Emilio R. Barrachina por mostrar el proceso de creación de uno de los proyectos más ambiciosos de Morente, la adaptación de los textos de Picasso y su consiguiente gira (más precisamente los conciertos que dio en Buitrago de Lozoya, ciudad madrileña del barbero de Picasso, Eugenio Arias, y el mítico concierto en el Liceo barcelonés) y, quizás premeditado o no, mostrar su legado más personal y sanguíneo: sus hijos Estrella, Soleá y José Enrique. Morente se debate entre su devoción por el pintor malagueño, la arabesca de su arte, su voz rota y quebrada por la pasión misma que va impresa en su cante y la consciencia inconsciente de una herencia que permanece indisoluble juegue en el campo que juegue: de local o visitante Morente sigue siendo la rockstar más flamenca y el flamenco más indie de los que haya parido madre. La añoranza se antoja un poco más sana viendo cómo, una semana antes de fallecer, Enrique Morente ultimaba los detalles de esta película, generando tanta morriña y sollozo como admiración por un currante incansable y una mente avanzada para un género, a priori, tan tradicional como el flamenco. Ole, ole y ole.

Bookmark and Share

¿la has visto?
escribe aquí tu opinión hay 1 comentarios // 1 a 1   
Jesús 11/04/2011, 14:22
Este sábado estuve viendo la película y realmente me decepcionó, como documental claro; quizás porque como seguidor de Morente ya había visto otros documentales y este queda un tanto romo; quizás porque el título debería ser "Morente; El barbero de Picasso", un complemento a ese disco que espero pronto podamos comprar. Porque Morente es mucho más de lo que aquí se nos ofrece, que no es poco, pero muy limitado y con un "argumento" y un montaje que dejan mucho que desear.

hay 1 comentarios // 1 a 1   


código de seguridad
(introduce el código que aparece a la izquierda):
nombre (obligatorio):
e-mail (obligatorio, no aparecerá publicado):
comentario:

nuestros proyectos


notodo.com es un proyecto de