4 enero, 2017. Por

Train to Busan

La invasión zombi que llegó de Oriente
Train to Busan

A finales de los noventa, llegó a las pantallas de cine de todo el mundo una oleada de películas de terror procedentes sobre todo de Japón, pero también de otros países de la región, que causaron un enorme impacto (y generaron un montón de remakes occidentales): todos recordamos The Ring (1998), Dark Water (2002) o The Grundge (2003), entre otras muchas. Ahora que otra potencia asiática, Corea del Sur, parece desplazar a los nipones como una industrias cinematográficas más inventivas y premiadas del panorama mundial, de allí llegado en los últimos meses dos de la películas del género más interesantes de los últimos años. Primero fue El extraño (The Wailing). Y ahora este Train to Busan, el debut en la dirección de acción real de Yeon Sang-ho, conocido por sus sombrías cintas de animación para adultos como The King of the Pigs o The Fake, y se convirtió desde su estreno en un tremendo éxito de taquilla.

Estamos en la Corea actual: un padre -un ocupado hombre de negocios- viaja en compañía de su hija pequeña en un tren que hace el trayecto entre Seul y Busan. Seok-woo (Gong Yoo) es un adicto al trabajo separado de su esposa. Vive con su madre y apenas pasa el tiempo con su hija Su-an (Kim Su-an). El viaje que realizan juntos es un pequeño fastidio para él. Lo que no espera es que su viaje se transforme en una trampa mortal, después de que virus creado en un laboratorio de biotecnología llegue a la población civil. Una mujer enferma sube en el útlimo momento al tren. De repente, los vagones son inundandos por una marea de zombis, furiosos y hambrientos. Son veloces y muy fuertes, capaces de transmitir su mal de un mordisco, como si fuera la rabia. Los escasos supervivientes, gente normal y común, tendrán que arreglárselas para seguir con vida mientras que se acercan a Busan. Esos supervivientes tienen razones para luchar -una esposa embarazada, una niña que has desatendido durante años, pero que de repente sientes que es lo más importante de tu vida, etc-, razones para sacrificarse y, en algunos casos, razones para convertirse en monstruos peores que los zombis que los acechan.

En la película de Yeon Sang-ho se percibe la influencia de, por supuesto, el gran patriarca del cine zombie, George A. Romero (y también de la brillante versión de Zack Snyder de su Amanecer de los muertos) y del Danny Boyle de 28 días después. Lo que la hace destacar sobre el montón de mediocres y olvidables filmes de muertos vivientes que han proliferado en las últimas décadas, es su sentido del espectáculo, su habilidad para combinar horror y humor y de hacernos empatizar con sus protagonistas. El escenario cerrado, un tren, se utiliza con brillatez para crear una tensión y una claustrofobia creciente, cortada por potentes estallidos de violencia.

Tren a Busan es la primera película de zombis realmente divertida en muchos años. Está dirigida al gran público con muchas concesiones al heroísmo del ciudadano medio, crítica social muy básica, escenas lagrimógenas, ancianas conmovedoras y niñas llorosas; pero, la verdad, todo ello es bastante perdonable porque funciona como un reloj en lo que pretende: entretener.

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