15 febrero, 2016. Por

Ministerio del Tiempo

Mucho más que tiempo
Por qué es una serie de culto y qué hemos de esperar de El Ministerio del Tiempo
Ministerio del Tiempo

El Ministerio del Tiempo es el secreto mejor guardado de la Historia de España. Una rama del gobierno dedicada a salvaguardar la Historia de nuestro país. ¿Cómo? Utilizando las puertas del tiempo, una red que, desde el presente, llevan a diversos momentos y lugares del pasado del reino de España. Dicha organización lleva desempeñando su labor desde el siglo XV, cuando un rabino le otorgó a Isabel la Católica, a cambio de su protección, un manuscrito que describía el funcionamiento y ubicación de estas puertas.

También es la mejor serie que ha dado este país en los últimos años, generadora de una fandemia insólita dentro de nuestras fronteras y una admiración que incluso ha llegado a traspasarlas. El lunes 15 de febrero a las 22.15h. en La 1 de TVE tendremos, por fin, el arranque de su segunda temporada. ¿Merece la pena ponerse al día de cara al estreno? ¿Es tan buena como algunos dicen? ¿Seguro que no es un remake de alguna serie americana o británica venido a más? He aquí nuestras respuestas. Juzguen por ustedes mismos.

Ciencia-Ficción a la española
No, El Ministerio del Tiempo no es un remake ni una serie inspirada en ningún otro producto extranjero. Es una idea original Javier y Pablo Olivares, aunque sin duda tiene dos referencias claras que nunca pierde de vista: la mítica Doctor Who y su spin-off Torchwood, ambas de la BBC, y la primera un auténtico icono intergeneracional del entretenimiento familiar centrado en una trama de ciencia-ficción que juguetea constantemente con la Historia del Reino Unido. Pero no, de ellas solamente se hereda la idea de utilizar la televisión pública como plataforma desde la que divulgar la Historia del propio país desde una perspectiva amena y aventurera. Lo demás es completamente Made in Spain.

Y si ya es llamativo que estemos hablando de un gran producto original salido de nuestras propias pantallas, más insólito todavía es el género en el que se enmarca: el de la ciencia-ficción, ese gran desconocido para los realizadores tanto de cine como de televisión de nuestro país. Se recuerdan pocas historias de este tipo en la tele nacional, casi nada más allá de aquel Plutón B.R.B. Nero que Álex de la Iglesia produjo, sin éxito ninguno, para La 2. Pero el planteamiento de El Ministerio del Tiempo aborda la temática de los viajes por el tiempo por la puerta grande, siempre al borde de las paradojas y los bucles temporales y con historias complejas que saltan, de forma casi siempre consistente, de una época a otra de manera veloz. Crea un universo y unas reglas propias (bien claro nos dejan en el primer capítulo que no se puede viajar al futuro porque “el tiempo es el que es”) que se convierten en el motor de las historias y de los conflictos de los personajes: no es sencillo encontrar un relato tan sumamente cuidado sobre los dilemas y consecuencias que plantea la posibilidad de alterar el pasado, ya sea para el beneficio propio o para un bien mayor.

Los protagonistas
El Ministerio del Tiempo cuenta las aventuras de tres funcionarios recién llegados al ministerio: Alonso de Entrerríos, un soldado sevillano de los Tercios de Flandes; Amelia Folch, una joven barcelonesa que es una de las primeras mujeres universitarias de España; y Julián Martínez, un enfermero madrileño enviudado recientemente. Juntos deberán hacer frente una fuerza, algo borrosa, que trata de cambiar la Historia de España. Bajo la premisa de que, a pesar de que la Historia de nuestro país tiene momentos oscuros, hay que preservarla a toda costa, ya hemos visto a los tres protagonistas salvar la vida del joven Lope de Vega, evitar el asesinato del Empecinado o liar una batalla entre los nazis, los maquis, la Guardia Civil y los Tercios de Flandes.

Aunque los tres personajes protagonistas (la segunda temporada la patrulla incorporará un nuevo miembro, reclutado a principios de los años ’80) evolucionan y crecen a lo largo de los ocho capítulos de la primera temporada, pocos dudarán que el que se lleva la palma es Alonso, una suerte de Capitán Alatriste (no lo digo yo, lo dice la serie), cuyo arco de adaptación a nuestro siglo ya lo querrían la mayoría de los personajes de Doctor Who. Cada uno a su manera, Julián obsesionado con remediar la muerte de su mujer; Alonso con proteger a su familia, que le da por muerto; y Amelia, atascada en el descubrimiento de desagradables detalles de su propio futuro; se encontrarán ante un dilema constante: ¿quién decide qué acontecimientos del pasado se pueden cambiar? ¿Por qué unas vidas parecen más valiosas que otras? ¿Es la misma Historia que el Ministerio dice salvaguardar una consecuencia misma de los intentos de éste de no modificarla?

Uno de los secretos del éxito de El Ministerio del Tiempo es el carisma de la patrulla protagonista y de lo cercanos que se le van haciendo sus dilemas al espectador que, aunque piense que los personajes se obsesionan mucho con la posibilidad de cambiar el pasado, no puede evitar comprender que casi cualquiera se comportaría igual dadas las circunstancias. Pero no es el único.

Los secundarios
Tenemos tiempo de conocer a muchos más funcionarios del Ministerio del Tiempo, y lo cierto es que ninguno carece de interés. Empezando por el trío de superiores de la patrulla, capitaneado por una Cayetana Guillén-Cuervo que parece haber encontrado en la carismática Irene Larra un papel hecho a su medida, con el que ha levantado mucho más que pasiones. El contrapunto cómico a la gravedad de muchas de las historias siempre lo ponen Angustias y Diego Velázquez, que pronto descubrimos que compagina sus obligaciones como pintor de cámara de Felipe IV con su trabajo como funcionario en el Ministerio. Ambos han tenido un calado tan positivo entre la audiencia que Angustias tendrá su propia webserie paralela a la segunda temporada que se estrena la semana que viene.

Mención aparte merece el tratamiento de los personajes históricos que aparecen en la serie: desde affairs con el mujeriego Lope de Vega (que volverá a aparecer en la nueva temporada) hasta un delicioso encuentro imaginario entre Velázquez y Picasso, pasando por un campechano Espínola o una bobalicona Isabel II. Los guionistas de El Ministerio del Tiempo han hecho una labor extraordinaria a la hora de humanizar a las grandes figuras de nuestra Historia. A nadie le cabe duda de que esta habilidad tiene su punto álgido en el final de la primera temporada, donde los protagonistas tienen oportunidad de conocer a Federico García Lorca (en una interpretación magistral de Ángel Ruiz): es sobre el personaje de Julián sobre el que recae el drama de no poder salvar la vida de alguien a quien admira, y la emoción se transmite de manera brillante hasta el espectador, que la hace prácticamente suya. Pocos homenajes más sentidos se le han hecho a Lorca en los últimos años que la última conversación que mantienen los dos personajes.

La fandemia
Aunque en las últimas semanas El Ministerio del Tiempo ha arrasado en la mayoría de las entregas de premios televisivos a nivel nacional, y de que tuvo a la crítica rendida a sus pies prácticamente desde el primer episodio; o cierto es que el 12,3% de media de share que se llevaron sus ocho primeros episodios no hizo precisamente que destacara en cuanto a audiencias. Otra cosa han sido las visualizaciones a través de la página web de RTVE, parece ser que las más activas desde que el sitio existe; así como el enorme predicamento con el que la serie ha contado a través de las redes sociales.

Si bien es cierto que los discretos datos de audiencia hicieron temer que Televisión Española no renovara la ficción, el clamor de los internautas (y, se quiere creer, el sentido común), ayudó a que la pública apostara por una segunda temporada. Lo hizo con la condición de que la serie se acercara más al público general, cosa que parece que se va a traducir en más acción y aventuras en los nuevos episodios. Llamativa fue, no obstante, la noticia, algunas semanas después del final de la primera temporada, de que algunas productoras extranjeras se habían interesado en comprar los derechos de la serie, aunque no se ha vuelto a saber nada sobre el asunto.

Quedadas organizadas por Twitter, fanficción, castings para que los fans de la serie hagan de extras en los nuevos capítulos… Cliffhanger y Onza Partners, las productoras de la serie, no han dejado pasar el enorme potencial de su producto y lo cierto es que hay una pequeña legión de fans incondicionales en Twitter. Incluso en el último año el Palacio del Duque de Sueca, cerca de la madrileña Plaza de Tirso de Molina, se ha convertido en el punto de peregrinación de todo ministérico que se precie. ¿El motivo? Detrás de sus destartalados muros (que llevan décadas enfangados en un conflicto legal que tiene el palacio al borde de la ruina) se encuentra el enigmático ministerio, así como buena parte de las puertas del tiempo.

Qué esperar de la segunda temporada
La nueva temporada, que comienza el lunes 15 a las 22.15h. en La 1 con un capítulo ambientado en los tiempos de El Cid, promete un poco más de todo. Para empezar más capítulos, que pasan de ocho a trece. Más acción, cosa que salta a la vista en el último y trepidante último tráiler que se ha llegado a publicar.

También nuevos agentes en la patrulla protagonista, se supone que en parte para paliar las ausencias de Rodolfo Sancho, a quien sus otros compromisos le impedirán estar en todos los episodios (estará en nueve de los trece). Quienes han podido ver alguno de los nuevos capítulos dicen que El Ministerio del Tiempo viene a superarse. Quienes disfrutamos de la primera temporada deseamos que, además, venga para quedarse: la inmensa labor de promoción que está haciendo TVE de cara a los nuevos capítulos deberá ayudar a que la ficción pesque nuevos espectadores y las filas de ministéricos, nuevos fanáticos que unir a la causa. No se duerman en los laureles: todavía tienen tiempo. La primera temporada de El Ministerio del Tiempo se puede ver en la página de RTVE o en plataformas de televisión online como Netflix.

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