19 enero, 2017. Por

Figuras ocultas

Segregación espacial
Figuras ocultas

¡3, 2, 1…! Despegamos en un pequeño condado de Virginia en EEUU con el retrato de una niña negra de clase humilde superdotada para las matemáticas; para poco después acabar reviviendo con fascinación la aventura espacial de John Glenn, el primer astronauta en orbitar la tierra. ¿Cómo conectan estos dos sucesos?

Basándose en el libro de Margot Lee Shetterly, el director estadounidense Theodore Melfi (el de la relativamente reciente St. Vincent) traslada a la pantalla con suficiente emotividad y empuje la sorprendente historia real, no solo de una sino de tres mujeres Katherine Johnson (Taraji P. Henson), Dorothy Vaughan (Octavia Spencer) y Mary Jackson (Janelle Monae), que jugaron un papel determinante dentro de la NASA en sus primeros logros espaciales. Figuras Ocultas es una obra de triunfos a varios niveles, el de EEUU frente a la Unión Soviética en la carrera espacial en los años 60 y el de un grupo de mujeres frente al racismo y sexismo de la propia NASA, un micocosmos que sirve de reflejo de la emprejuiciada y cerrada mentalidad americana de la época.
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Sin ser una gran película la que cuenta sin duda es una gran historia, una que funciona en su propósito de hacer vibrar al espectador y lanzar un contundente mensaje de superación y empoderamiento femenino. El momento histórico protagonizado en la vida real por el recientemente fallecido astronauta y héroe nacional John Glenn (Glen Powell en la pantalla) es la llama con la que se enciende la cadena de victorias del trío de mujeres protagonistas, doblemente oprimidas por su género y su raza, pero que aún así brillaron e hicieron historia, una historia que debe ser contada en voz alta.
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La banda sonora de Pharrell Williams (también productor ejecutivo) y Hans Zimer, consigue darle al film ese punto de energía que necesita la historia, con canciones que reflejan el frenético pulso entre razas, sexos y continentes. Aunque el guion cuenta con algunos momentos de cursilería americana, sobresalen con fuerza escenas punzantes como la conversación en los lavabos entre la remilgada supervisora que interpreta Kirsten Dunst y la orgullosa e infravalorada “supervisora sin cargo oficial” Dorothy Vaughan. Lavabos de la vergüenza nacional a la que pone fin simbólica y físicamente a golpe de martillazos —en uno de los momentos más gratificantes de la película—, un carismático y convincente Kevin Costner en el papel del tosco pero noble director de la misión espacial Al Harrison. Salimos satisfechos, con el contenido y el continente.

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