28 noviembre, 2013. Por

Mis días felices

Marion Vernoux
Marion Vernoux rompe con los estereotipos y clichés sobre la infidelidad
Mis días felices

Empecemos lanzando una bomba con la que pueden estar o no de acuerdo conmigo: es tan egoísta, ingenua y tonta la normalización de la infidelidad como el empeño en la defensa y creencia del único y verdadero amor. Partiendo de esta premisa: “todo es posible”, dirán ustedes. Y yo les digo: sí, pero también hay que atenerse a unas consecuencias más o menos dolorosas pero de las que no podemos huír como unos verdaderos cobardes. Somos humanos, para bien o para mal, no máquinas con el botoncito que alterna entre el on y el off de nuestros impulsos y tampoco impasibles ante la belleza o inmunes a la atracción o los sentimientos inesperados.

Caroline (Fanny Ardant) acaba de perder, por culpa del cáncer de mama, a su mejor amiga por no hablar de que se ha jubilado prematuramente y contra su voluntad. Para luchar contra su desidia, sus hijas le regalan un vale de oferta para gastar en un centro ocupacional llamado Mis días felices y, contra todo pronóstico, funciona aunque no del modo que esperaban: Caroline empieza una relación extraconyugal con Julien (Laurent Lafitte, del teatro de la Comédie Françáise) su profesor de informática. Inspirada en la novela Una joven de cabellos blancos de Fanny Chesnel, la película narra la historia de esta aventura sin querer vendernos la moto “del amor que no entiende de edades”, metiendo el dedo en la llaga del dolor que puede causarnos y causar a nuestro alrededor las dudas -comprensibles por otra parte-, los escarceos y las mentiras.

Que el adúltero en este caso sea una mujer apenas tiene la importancia de la novedad: su objetivo verdadero es la de trascender más allá de los géneros, por encima de los clichés y evitando la apropiación por parte de banderas o estandartes. No quiero decir que la película hubiese sido la misma si la infidelidad la cometiera un hombre, ni mucho menos. Para empezar, Fanny Ardant es tan insustituible como maravillosamente creíble en su papel de divertida e indolente mujer fatal. Juega el juego mientras puede porque ya está de vuelta de todo y cree que no le quedan muchas más oportunidades de disfrutar de la vida sin oficio y con un marido adicto al trabajo. Su indiscreción es símbolo, no solo de una despreocupada y egoísta actitud, sino también de que no se toma en serio su propio affair, que sabe que terminará tarde o temprano -lo que no quiere decir que eso no le apene o le perturbe-. Caroline está preparada para que la descubran porque siente que no tiene que pedir perdón a nadie y no tiene nada que perder… o eso es lo que ella cree.

La película de Marion Vernoux no es otra de esas películas sobre las penurias del paso de la madurez a la tercera edad como El viaje de Bettie; tampoco es el film simpático y condescendiente de El postre de la alegría y bajo ningún concepto crean que es una película hecha a medida para rellenar autocomplacientes blogs femeninos. La universalidad de su contenido va más allá del cliché y trasciende más allá de edades, géneros o superficialidades; los sentimiento se transmiten y reflejan de manera sutil, sin dramas impostados. Las interpretaciones son magníficas: a parte de Ardant hay que destacar el papel de Patrick Chesnais, un inusual cornudo que no reprocha pero tampoco hace nada por recuperar a su mujer, la cual tiene la piedra en su tejado y es la que, en todo caso, tendrá que decidir si retiene o deja escapar.

Mis días felices

+ INFO

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Director: Marion Vernoux

Género: Drama

Reparto: Fanny Ardant, Laurent Lafitte, Patrick Chesnais, Féodor Atkine, Emilie Caen, Alain Cauchi, Marc Chapiteau, Fanny Cottençon y Catherine Lachens

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Novela original: Fanny Chesnel
Guión: Marion Vernoux y Fanny Chesnel
Música: Arnaud Boivin
Fotografía: Nicolas Gaurin

Estreno: 29.11

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Venta de entradas: www.entradas.com