21 noviembre, 2013. Por

Una familia de Tokio

Yôji Yamada
Yoji Yamada readapta y actualiza el mítico Cuentos de Tokio de Yasujirō Ozu con lenguaje propio
Una familia de Tokio

No es difícil recordar la primera vez que uno toma contacto con el cine de Yasujirō Ozu: su meticulosidad por la colocación de la cámara y la duración calculada de sus planos; la racionalidad de su construcción en contraste con la innegable empatía que se produce con los hechos que se narran y sus personajes; la melancolía contenida pero evidente por un mundo y unas tradiciones todavía presentes pero que se desvanece lentamente ante los ojos de los japoneses de después de la Segunda Guerra Mundial, con todos los dilemas que pueden conllevar.

Ozu nació en 1903 y murió exactamente 60 años después. Ni un día más ni un día menos. Parece haber cronometrado hasta su último suspiro en una especie de broma contra el paso y el control del tiempo. En esos sesenta años le dio tiempo a grabar un buen número de películas, la mayoría de ellas mudas aunque no será precisamente por ellas por las que se hará célebre (muchas de ellas se perdieron y no hay rastro de ellas). Una de las más relevantes es Cuentos de Tokio, un film ambientado en el Japón de los años cincuenta que relata la historia de una pareja de ancianos que viaja a la capital nipona para visitar a sus hijos, aunque, una vez allí, ninguno de ellos parece tener tiempo para atenderles, por lo que deciden enviarlos a un balneario. Cuando regresan, la madre pasa una noche en la casa de una nuera, viuda de uno de sus hijos. A diferencia de sus cuñados, Noriko muestra un afecto y respeto especial por la pareja y se establece una vínculo muy fuerte entre ellos que trasciende más allá de las diferencias generacionales.

Mis expectativas no eran precisamente buenas con respecto a esta especie de “remake” de la mano de Yoji Yamada, y esperaba una burda imitación con una serie de trucos inmediatos de las técnicas de Ozu (planos a la altura del tatami, planos transitorios de naturalezas muertas, etc.). Pero me equivocaba: Una familia de Tokio cuenta con el mismo argumento que la original pero ambientada en la actualidad, con diferentes personajes y tratando de transmitir sensaciones parecidas a las de Ozu sin estetizar, cariturizar o ceñirse al mundo visual del director. Yamada utiliza un lenguaje propio para reelaborar una historia que, lamentablemente, se repite generación tras generación: el abandono y falta de atención a nuestros mayores. Sus personajes no pretenden alcanzar la magnificencia y solemnidad de alguno de sus míticos intérpretes, como la enigmática y risueña Setsuko Hara o el anacrónico Chishu Ryu (ese joven actor que siempre interpretaba a los personajes más vetustos de Ozu).

Quizá el equilibrio y homogeneidad interpretativa de los actores deje un poco indiferente al espectador; pero también denota un profundo respeto y humildad frente a la obra Ozu. Los pocos momentos en los que el guiño a él se hace evidente resultan cautivadoramente cómicos, como la escena a la orilla del puerto, los momentos más familiarmente escatológicos y las travesuras -algo menos pícaras- de los niños, personajes fundamentales en el desarrollo su obra. Un poco larga de más, la sensación al salir del cine no será la de haber visto un remake, sino una re-adaptación de una obra maestra con sello y firma personales y actuales.

Una familia de Tokio

+ INFO

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Director: Yôji Yamada

Género: Drama

Reparto: Isao Hashizume, Kazuko Yoshiyuki, Tomoko Nakajima, Yu Aoi, Yui Natsukawa, Satoshi Tsumabuki, Masahiko Nishimura, Shigeru Muroi, Shozo Hayashiya, Etsuko Ichihara y Bunta Sugawara

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Película original: Yasujiro Ozu
Guión: Yôji Yamada y Emiko Hiramatsu
Música: Joe Hisaishi
Fotografía: Masashi Chikamori

Estreno: 22.11

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Venta de entradas: www.entradas.com