29 abril, 2013. Por

Ayer no termina nunca

Isabel Coixet
Isabel Coixet firma una performance-monólogo sobreactuada en su nuevo y extremo film, Ayer no termina nunca
Ayer no termina nunca

Isabel Coixet decide cambiar el rajoyiano “todo es falso, salvo alguna cosa” por el filosófico y aforístico (que no aforado) “todo es mentira excepto esta frase”. La frase en cuestión, Ayer no termina nunca, es tan esclarecedora como emisora de una sensación global que está comenzando a generar cada nuevo experimento de la catalana: que su pasado creativo la atormenta más incluso que el que nos quiere hacer creer en, al menos, esta película; y que no atina a dignificar su repertorio pretérito con ejercicios que acaban siendo manchas en las filmografías suya y de algunos de los intérpretes estatales mejor valorados. Y es que lo que podría haber sido un diario íntimo de una adolescente atormentada y enamorada de la intensidad dramática y que pudiese haber mutado en un pésimo e intrascendente libro, Coixet decide que eso no es suficiente, sino que también sea una mala película, con sensación de improvisación y de dictadura de una directora que no corrige ni se deja aconsejar a la hora de orientar vaivenes de expresión dramática de los intérpretes a sus órdenes y que, en detrimento de ello, se debate entre una suerte de monólogo-performance infumable y en el que (sobre)expone sus (supuestos) infiernos de interior, más propio de estudiantes iniciáticos de nuevas tendencias de teatro alternativo, y orientarse con algo más de serenidad y buenas intenciones en el aspecto crítico social de nuestro país, logrando acercarse más a un tono de comedia crítica que a existencialismo generacional.

Ayer no termina nunca son varios apocalipsis y enfrentamientos de base: el de la imagen de una España sumergida en una crisis socioeconómica que, según Coixet, durará al menos cinco años más; el “frente a frente” (mirada bajada incluida) de una pareja que se reencuentra en el abandonado cementerio de Igualada varios años después de su tormentosa ruptura para intentar arreglar devaneos burocráticos y, de paso, echarse en cara en plan Pimpinela sobreactuados sus traumas internos; y el del perfil de cine coixetiano, que intenta mutar de ñoño y existencial a apócrifo y crítico. Y es que Ayer no termina nunca, si bien es un confeso capricho exprés de la realizadora, llama la atención por la cercanía teatral, pesada, sombría y larga de un ejercicio con mucho de cortometraje deformado y de cine de guerrilla que no sabe serlo: una película que, como reza el título, “no termina nunca” y mucho peor: no transmite ni un ápice del drama fatal de haber perdido a su hijo por negligencia médica. Y es que a pesar de su esfuerzo, Candela Peña, como el pasivo Javier Cámara, quedan sepultados detrás de un guión de facto que no les ofrece margen de movimiento en un ejercicio en el que la improvisación, el cuidado trabajo con los actores y la exposición de los extremos dramáticos, emocionales y existenciales deberían serlo todo. Por el contrario, topamos con dos actores que ya han demostrado su versatilidad y valía en terreno interpretativo durante varios lustros, ahora difuminados ante la dictadura de unas conversaciones y unas confesiones que dan vergüenza ajena. Apenas consigue conectar con el espectador en esa fotografía futura de lo que podría ser la sepultada y tercermundista España en 2017, una opción para la comedia que, de momento, no nos hace p*** gracia.

Ayer no termina nunca

+ INFO

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Director: Isabel Coixet

G�nero: Drama performático

Reparto: Candela Peña y Javier Cámara

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Guión: Isabel Coixet
Música: Alfonso Vilallonga
Fotografía: Jordi Azategui

Estreno: 26.04

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Venta de entradas: www.entradas.com