9 abril, 2012. Por

Alberto Rodríguez

Entrevistamos al director de Grupo 7
Entrevistamos a Alberto Rodríguez, director de una de las películas del año: Grupo 7
Alberto Rodríguez

Complicado ser el humano. Cerebral, contradictorio, metódico, volátil, complicado. Retratar esas mismas cadencias (que no carencias) del hombre es algo que Alberto Rodríguez sabe hacer a la perfección desde hace varios años, pero quizá en Grupo 7, el retrato social y civil de una época de lavados de cara y limpiezas (de valor casi étnico) de frente a la galería europea de la Sevilla pre-Expo del ’92, es tanto un thriller social-cósmico-crítico como un drama individual y colectivo de una forma, humana claro está, de mirar hacia otro lado a la hora de afrontar las problemas y, en definitiva, de guardar la mierda debajo de una alfombra que, a estas alturas, ya muge y maúlla a la vez, transformada en un animalario decadente de nuestra propia idiosincrasia. Cogimos por banda al propio Rodríguez antes de que lo descubráis (descubridlo, por favor) como uno de los mejores directores (de actores y películas) de nuestro país y como el culpable de haber parido el primer gran título español de la temporada y un paso adelante en el cine negro en nuestro país tras las exitosas Celda 211 y No habrá paz para los malvados. Revés yo soy.

Notodo: Si bien la película está ambientada entre hace veinte y veinticinco años, parece más un retrato que una crítica a la idiosincrasia cañí española a veces quizá un poco chapucera con la que aun hoy, cinco lustros después, seguimos conviviendo. La actualidad, en definitiva, se mantiene a pesar del paso del tiempo. ¿Había algún tipo de intención por exponer ese paralelismo o acaba surgiendo sin mayor premeditación?
Alberto Rodríguez:
Hay una cosa que tiene el tema, que es actual y lo será siempre, que es que cuando hay algún gran evento la ciudad se vuelca en eliminar la miseria de donde sea visible, y eso hace que siga siendo actual aun a pesar del paso del tiempo. Por otra parte, 1992 para este país supone el momento en que presentamos las credenciales al mundo de que somos una potencia: no sé si de manera velada, quizá, haya cierta crítica a esto, pero no está en la intención. Yo creo que el tema de la película es que todos miramos hacia otra parte cuando hay una causa de fuerza mayor, por decirlo de alguna forma. De hecho, lo hacen los personajes en su vida privada: su gran error es empezar a mirar hacia otro lado.
Siempre es atractivo el lado oscuro de las cosas

NTD: Después de haber salido de After, que era un registro diferente al que habías mostrado en Siete Vírgenes, con Grupo 7 vuelves a hacerle ojitos al cine social, regresas a Sevilla… ¿es una manera de recular ante las críticas que tuvo After si la comparamos con el éxito de Siete Vírgenes?
A.R.:
No, no. Yo me quedé contento con el resultado final de After, aunque es cierto que es una película que comercialmente no funcionó, pero me quedé contento con lo que habíamos hecho teniendo en cuenta que era una película bastante arriesgada, y el hecho de hacerla en los tiempos que corren le suma algún punto de riesgo mayor, si cabe. En este caso, optamos por este género casi por casualidad: la peli parte de un sumario que nos pasó un amigo abogado y a partir de lo que rezumaba ese sumario (algo muy aburrido: citaciones y citaciones y citaciones; muy aburrido), que era una cosa muy doméstica, sí que tenía en el fondo una literatura muy de andar por casa, chapucera, como dices, y de corrupción que nos enganchó casi inmediatamente a ese submundo del que hablaba: estar leyendo algo que estaba sucediendo a ochocientos metros de donde se acabó instalando La Cartuja, por ejemplo. Y partimos de ahí, no ha sido para nada premeditado.

NTD: Al margen de las temáticas particulares que tienen tus películas, todas parecen entrar en comunión a la hora de retratar especies de dramas espacio-temporales de generaciones concretas en ocasiones colectivas.
A.R.:
No lo había pensado, la verdad, pero puede ser. Sí que me habían dicho que Siete Vírgenes y After tenían un tema común, que es el crecimiento emocional, y es completamente cierto; pero yo creo que esta está fuera. De hecho, forma parte de otra idea que tuvimos, que es como una especie de trilogía del país: 1977, 1982 y Grupo 7. Las otras dos se quedaron en el camino: las llamamos La Trilogía del Cajón (risas). Lo que sí le veo en común a todas las películas que he hecho es la contradicción del ser humano. Aquí pasa algo parecido. Creo que es una forma de identificar al espectador: quizá podríamos haber montado la película de otra forma, con alguien “bueno”, pero aquí optamos por el retrato de un grupo que, vale, es amoral, pero también humano y contradictorio, y todos tienen su particular forma de ver y entender las cosas. Los propios actores me lo decían cuando yo les decía: “lo que estáis haciendo es una canallada”. Y ellos me decían: “no, nosotros somos BUENOS”. Y es verdad: se cargaban de razones para defender sus personajes. Por eso creo que, al final, lo que me interesan son los retratos humanos, que considero que es lo que hace que los personajes sean poliédricos.
Retratar la contradicción del ser humano es una forma de identificar al espectador

NTD: En cuanto a género, lo fácil sería decir que es un drama policial de corte social, pero tiene cosas tanto del cine noir, el cine quinqui, el thriller social, incluso el cine social latinoamericano de guetto, sobre todo. ¿Había algún tipo de intención por crear un collage de cines conflictivos?
A.R.:
Es curioso porque no lo hemos hecho de manera directa. De hecho, la gente se sorprende, pero la película que más vimos es Ley 627, de Bertrand Tavernier, que es la historia del devenir del día a día de un policía de la época. Y eso es lo que reflejamos nosotros en la película, y hay muchas cosas en común. Aparte, todo lo que es la acción, yo creo que sí se parece más a las películas latinoamericanas porque el mérito que tienen esas películas, que es lo que sucede en Grupo 7, es que cuando retratan algo lo hacen de manera real. Materializar la existencia de esos mundos paralelos y marginales que no son exclusivos del Tercer Mundo: existen también aquí.

NTD: Las historias de amor son bastante traumáticas. Papeles como los de Inma Cuesta, Lucía Guerrero o Estefanía De los Santos logran sacar al personaje fuera de la realidad que creen estar viviendo y le dicen que las cosas en realidad no son como las creen tener armadas en sus cabezas. ¿La idea era mostrar la contradicción entre el deber y el sentimiento, representada en estos papeles secundarios femeninos a modo de ángeles de la guardia personales?
A.R.:
Nosotros trabajamos con Mario (Casas) una idea que es “quiero que todo el mundo me quiera”, que es un súper objetivo inalcanzable e imposible de cumplir. Y esto es lo que realmente usamos. Inma (Cuesta), que prácticamente ciega por amor, le está diciendo al final “¿a dónde vas? ¿qué es lo quieres?”. Incluso quitamos una secuencia en la que también se le preguntaba, pero era una de las piedras de toque. Por eso cuando su jefe le pregunta esto, que no es referente en realidad a este tipo de cuestiones, él sí está pensando en que no tiene ni idea de lo que quiere. Y eso creo que es la característica personal de este personaje. En el caso de Antonio (De la Torre), que es igualmente humano, lo que vive es una contradicción entre salvar a alguien, ayudarle, pero en realidad es hacerlo por puro egoísmo, en búsqueda de su redención.
Creo que, de todas las películas que he hecho, es la más accesible al público sin renunciar a nuestra forma de contar las cosas

NTD: Como una especie de antihéroe…
A.R.:
Sí, sí. En una de las entrevistas que me hicieron al principio dije que era una película inspirada en las películas americanas de los ’70. Pero no lo decía desde un punto de vista formal, sino porque los ’70 son, en realidad, el auge del antihéroe: los tipos que ganan pero que también pierden.

NTD: Recién hablabas de Mario Casas. ¿Eras consciente del prejuicio que se tenía ante él debido al tipo de películas y series que ha ido protagonizando durante estos años y a la identificación con ramificaciones más adolescentes y vapuleadas por la crítica? ¿Sabías que te enfrentabas a un proceso de desenclichamiento, por llamarlo de alguna manera?
A.R.:
Sí. De todas formas yo a Mario ya lo había probado para After, y al final no la pudo hacer por fechas y circunstancias. Y cuando las Directoras de casting me propusieron a Mario me dio la sensación de que, desde el principio, encajaba en muchas cosas. Desde ya el simple físico, porque un personaje que tiene una tormenta interior tan grande, que sea tan atractivo y guapo (de hecho yo le digo que tiene pinta de actor americano clásico), era muy importante. Y desde el primer momento yo creo que Mario entendió el personaje, y era más una cuestión de pulir y de que nos entendiéramos y trabajar. Y trabajar, trabajaban a destajo. De hecho, Mario se quedaba en un hotel que estaba a tres casas más allá de la calle donde está mi casa, y no paraba: iba dándole al coco y hablando de su personaje sin parar.
La idea era materializar la existencia de esos mundos paralelos y marginales que no son exclusivos del Tercer Mundo: existen también aquí

NTD: Siempre se ha dicho que eres un gran director de actores, y se vuelve a ver aquí, incluso en papeles secundarios determinantes como los de Julián Villagrán o Estefanía De los Santos. ¿Crees que en tu caso haces un trabajo extra de motivación casi psicológica personal para cada caso, como una especie de Guardiola aplicado al mundo del cine?
A.R.:
Creo que este oficio es ser Guardiola. Cuando me preguntan de qué va mi trabajo yo les digo que soy como un entrenador de fútbol: mi cometido es sacarle al mundo lo máximo posible. Pero no hago ningún trabajo extra. Lo que pasa es que yo entiendo la dirección, cuando estás contando una historia, como el encargado de que el espectador vea seres humanos con los que se identifica, y ahí es fundamental trabajar con los actores, que es el proceso con el que mejor me lo paso y donde aprovecho para rescribir escenas, etc. Tiene que haber unos vídeos graciosísimos nuestros corriendo por la oficina, que lo hemos hecho para ver hasta qué estado emocional llegaban los personajes.

NTD: ¿Irán en la sección de extras del DVD?
A.R.:
(Risas) No tengo ni idea, pero hay hasta escenas de un coche hecho con cuatro sillas hasta carreras o una barra para colocar al vacío a otros actores.

NTD: Para After confesaste que Falete (NdeR: Rafael Cobos, guionista) y tú habíais visto mucho a Cassavetes y leído mucho a Houllebecq. ¿Cuáles fueron las referencias para Grupo 7?
A.R.:
Sobre todo lo que te he comentado antes: Ley 627, de Bertrand Tavernier. Fue en una época, además, en donde estaba enganchado y enfermísimo a The Wire, hasta que la acabé y me curé (risas). Esta vez no tiramos tanto de referencias literarias: nos basamos bastante en la realidad. Porque si bien aquel sumario no nos dio pie al desarrollo total de la película, sí nos dio pie a investigar en hemerotecas. Muchas cosas están basadas en situaciones reales que venían en los periódicos. De hecho, hay una escena en la primera entrada que hay en el prostíbulo de La Caoba los diálogos son literales de un artículo de un periódico de la época.
El tema de la película creo que es que todos miramos hacia otra parte cuando hay una causa de fuerza mayor

NTD: Recién mencionabas The Wire. Viendo el éxito también de series como Dexter o Breaking Bad o películas como Celda 211 o No habrá paz para los malvados. ¿Crees que es un buen momento para el cine negro o policial?
A.R.:
Puede ser. El otro día pensaba que parte del cine negro que más me gusta, clásico, es de poco después dela Gran Depresión. De hecho, las primeras películas son de aquella época. Son ciclos, y quizá esta época insta a que se desarrollen películas de este tipo de géneros y con este tipo de temáticas. Yo creo que siempre es atractivo el lado oscuro de las cosas. Tengo un amigo que dice “los malos molan”. Y es verdad: si piensas en la Guerra de las Galaxias no piensas en Han Solo, sino en el tío del casco negro.

NTD: Dicen que los finales tristes son los que determinan las grandes películas. Si acaba bien ya te empieza a rallar de si la película es buena o no, muchas veces…
A.R.:
(Risas) Sí. Yo no sé muy bien cómo acaba esta película ni qué sensación deja en el espectador. La idea era esa: como son unos antihéroes no podían ganar. También hay una paradoja, que es que en un policiaco de género, lo que tú entiendes es que la evolución de los personajes va a hacer que en algún punto se encuentren, y lo que ocurre al final es que no tienen nada que decirse porque ni siquiera se conocen. Nos gustaba jugar con esa especie de contrariedad, a pesar de lo que el guión demandaba.
Optamos por el retrato de un grupo que, vale, es amoral, pero también humano y contradictorio

NTD: Con After la crítica se quedó con las ganas de ver a Alberto Rodríguez en una especie de Olimpo de directores masivos. ¿Crees que con Grupo 7 llegó el momento?
A.R.:
No lo sé, no tengo ni idea. No sé muy bien, creo que nadie lo sabe (risas) qué va a pasar con la taquilla. Sí que creo que, de todas las películas que he hecho, es la más accesible al público sin renunciar a nuestra forma de contar las cosas, y creo que sí que sigue teniendo los retratos humanos que tienen las otras películas.

NTD: Sigues trabajando con el mismo equipo a la hora de hacer películas: desde Julio de la Rosa como músico a Falete como co-guionista, etc. ¿Piensas que equipo que gana no se debe tocar, como muchos entrenadores de fútbol, también?
A.R.:
Sí, completamente. Tengo la suerte de que cuento con un equipazo de gente que se deja la piel en cada película. Esta la hemos hecho en ocho semanas nada más, prácticamente todos los días, a contrarreloj.

NTD: ¿Y en qué proyectos andas metido ahora que nos puedes contar? Incluso entre Siete Vírgenes y After habías hecho otras tres películas que no habían salido, hace un ratito me comentabas que de la Trilogía del Cajón sólo quedó Grupo 7. ¿Cuesta sacarlas adelante?
A.R.:
Ahora mismo acabo de terminar hace un mes y medio. Recién estoy volviendo a casa y sólo pienso en vacaciones…

NTD: Ahora a disfrutar de la Feria de Abril y La Madrugá, ¿no?
A.R.:
(Risas) No participo nada de ese tipo de fiestas sevillanas: de hecho, aprovecho para irme de vacaciones siempre. La Semana Santa con verla una vez ya las ves todas. Pero ahora mismo no tengo nada en proceso de desarrollo: alguna cosita en mente, pero nada que ya acarree cierta actividad.

Alberto Rodríguez

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