6 julio, 2018. Por

Sácame de Dudas

Tediosa sucesión de chistes capacitistas y sexismo en nombre de la comedia y el enredo
Sácame de Dudas

La paternidad. Esa gran preocupación de los hombres desde la noche de los tiempos. No son pocos los que piensan que gran parte de las dinámicas de sometimiento de la mujer que se vienen reproduciendo desde hace milenios tienen algo que ver con la necesidad que tienen los varones de asegurarse la paternidad biológica de su prole. Así, la búsqueda del padre suele ser un asunto recurrente en la ficción. No importa que el héroe o afectado hijo lleve décadas campando a sus anchas por este valle de lágrimas sin que la ausencia de quienquiera que pusiera la dichosa semillita en mamá haya causado demasiados estragos en su personalidad. Y, no obstante, este tropo aún es capaz de regalarnos algunas joyas imprescindibles, como Stories We Tell (Sarah Polley, 2012). Lástima que la cinta que se estrena hoy, Sácame de Dudas (Carine Tardieu, 2017), no sea una de ellas.

La apacible existencia de Erwan (François Damiens) se sacude cuando una prueba rutinaria para descartar enfermedades congénitas en su nieta nonata le lleva a descubrir que el hombre al que lleva toda la vida llamando “papá” no es su padre biológico. Su espíritu no se apacigua cuando da con Joseph (André Wilms), su octogenario padre, que conoció a su madre en una noche de alcohol y activismo. Porque Erwan empieza a experimentar una irresistible atracción por Anna (Cécile de France), la otra hija de Joseph y, por lo tanto, su hermana.

Los vergonzantes chistes sobre discapacitados desembocan en un discurso anacrónico que ignora cualquier concepción no normativa de los modelos de familia y la paternidad

Con ánimo de ser una comedia familiar de enredo, Sácame de Dudas no es más que una concatenación de bromas pueriles a la que ni siquiera se le puede achacar buena intención. Los vergonzantes chistes sobre discapacitados de la primera mitad de la película desembocan en un discurso anacrónico que ignora cualquier concepción no normativa de los modelos de familia y la paternidad. El descaro con el que las madres de todos los protagonistas están muertas o ausentes no hace más que mostrar el claro desprecio hacia la figura materna como vehículo para la forja de la identidad que empapa a dichos modelos.

 

La química entre los protagonistas es tan nula que la historia de amor no es capaz de producir interés en ningún momento. Por no mencionar que la forma de ligar de Erwan se parece sospechosamente al acoso callejero. La trama paternal de Erwan y Joseph no parece tener ningún objetivo claro más allá del de llenar minutos. El reencuentro es un fin, y no un medio para nada, lo cual empobrece la narración. Y la historia de Juliette (Alice de Lencquesaing), la hija embarazada de Erwan, pasa de ser lo único medianamente interesante de Sácame de Dudas a convertirse en una historia de manipulación por parte del abuelo de la criatura y de acoso desmedido por parte del progenitor. Todo ello, por supuesto, desde la banalización y el desprecio de la autonomía del personaje femenino.

El perro Pinochet y la detective privada que interpreta Brigitte Roüan son lo único que despierta una sonrisa sincera. Esos dos se merecen una peli propia

Carine Tardieu no parece interesada en asumir el más mínimo riesgo narrativo. Solamente se cree que hace algo osado o inteligente utilizando sin justificación alguna algunas piezas muy reconocibles de música clásica en momentos clave de la cinta. Aunque ya me dirán a mi qué pintan los pobres Papageno y Papagena (de La Flauta Mágica de Mozart) amenizando los escarceos amorosos de unos protagonistas que, de repente, se saben hermanos sin desearlo lo más mínimo.

A su favor podemos decir que Sácame de Dudas no es una peli agresiva ni violenta. Tampoco se le puede acusar que su trama sea ilógica o que esté mal resuelta. Su problema es que, cuando no carece de interés, es porque se dedica a implementar chistes de verdadero mal gusto o a presentar como risibles auténticas situaciones de acoso. El perro Pinochet y la detective privada que interpreta Brigitte Roüan son lo único que despierta una sonrisa sincera en el espectador que no tenga una edad mental de nueve años. Esos dos se merecen una peli propia, alejados del vacuo drama familiar en el cual se ven relegados a intrascendentes personajes secundarios. Por lo demás, la típica película francesa que no tiene nada que decir y que sirve para entretener a la tercera edad y a los señores incapaces de concebir más de un modelo de familia.

Sácame de Dudas