23 noviembre, 2015. Por

8 apellidos: ¿sí o no?

Y tú, ¿cueces o enriqueces?
Os damos ocho razones para ver y ocho para no ver Ocho apellidos catalanes
8 apellidos: ¿sí o no?

La película más taquillera de la historia del cine español echa un órdago al público con su segunda parte. Nosotros te sugerimos ocho razones para ir al cine a verla y... otras ocho para quedarte en casa.

1. ¿Quién dijo aquello de que "las segundas partes…"?
Son muchos los escépticos que reaccionan con antipatía ante el estreno de Ocho apellidos catalanes. Sin embargo, lejos de suponer un estropicio manoseado de su antecesora, Ocho apellidos vascos (2014) como tantas veces ocurre con las sagas, esta segunda parte se sostiene con solidez apostando por la misma fórmula pero explotando sus puntos fuertes y descartando los errores cometidos.

2. Un elenco de solidez indiscutible
Si hay algo que se puede resaltar de las dos entregas de Emilio Martínez-Lázaro son sus actores. En Ocho apellidos catalanes hay que volver a agradecer a Karra Elejalde y Carmen Machi sendas aportaciones. Sin ellos, la película quedaría muy lejos de ser lo que es, por no decir que levantan cada escena en la que están presentes.

3. Nuevos fichajes
Podría asegurarse que las incorporaciones al elenco de Ocho apellidos catalanes son un acierto absoluto, como es el caso de Belén Cuesta. Guapa pero con vis cómica, queda muy lejos de quedarse sólo en un rostro. Su personaje, un tanto ridícula, necesita la frescura que ella aporta. Las apariciones de Rosa María Sardà y Berto Romero son también parte del éxito asegurado de la película, ella con la solvencia y porte que ya todos conocíamos, él por su humor indiscutible. Berto ya se posicionó como uno de los mejores cómicos de la televisión nacional, y hace honor a este título. No obstante, sabemos que se podría haber extraído un poquito más de su aportación. Berto es mucho Berto.

4. Humor 100% asegurado

Si en Ocho apellidos vascos las carcajadas impedían escuchar parte del diálogo al prolongarse después de un gag, en la versión catalana hay que estar aún más atento. Los guionistas, Borja Cobeaga y Diego San José, autores de la anterior entrega y de otros taquillazos como Pagafantas (2009) se consolidan como auténticas máquinas del diálogo cómico. No existe escena sin sus cinco chistes desternillantes, los cuales, en boca de los actores elegidos, suman aún más puntos. Tanto es así, que puede obviarse una trama que quizá no sea el paradigma de la verosimilitud y de la coherencia.

5. Lo local está de moda
Tras el éxito de Bienvenidos al Norte (2008), España apostó por ahondar de igual manera en las costumbres e incongruencias que vertebran éste nuestro querido país. Ocho apellidos vascos ya demostró con sus casi 10 millones de espectadores y los cerca de 60 millones de euros recaudados que, tanto en la península como en las ínsulas, tenemos ganas de vernos desde fuera y reírnos un poco. Son tiempos convulsos, pero aún así el norte de España fue la zona geográfica donde más se visionó la película. Esta vez, Sevilla, País Vasco y Cataluña se mezclan para ponernos delante lo que fuimos, lo que somos y, al parecer, lo que seguiremos siendo.

6. Un poquito de autocrítica no hace mal a nadie
Para más inri, y en los tiempos que corren, qué mejor elección que entrar a meter el dedo en la llaga del debate independentista. Y si es con humor, mejor aún. Ocho apellidos catalanes no sólo no obvia el delicado tema, si no que lo exprime hasta lo absurdo. No deja títere sin cabeza ni puntada sin hilo, sacando a relucir todos los temas causantes del sonrojo nacional (la corrupción, el desacuerdo entre partidos, la competitividad por la carrera hacia la independencia entre vascos y catalanes…). Algunos temas es mejor tomárselos con humor… para no llorar.

7. Un poco de dramedia para los más sentimentales
Y para los que no se conforman sin una dosis de romanticismo y drama, la nueva entrega también tiene algo que ofrecerles. Si la primera parte suscitó diferencias de opiniones por su trama descabellada (e incoherente para muchos), Ocho apellidos catalanes trae un poquito más de emoción para envolver la historia de Rafa y Amaia, la pareja protagonista, cuya relación parece resistirse.

8. Lo bueno, si es breve…
Hay que agradecer a los creadores el metraje comedido de la película. En tiempos como los de ahora, donde aún pondera la oleada de films de larguísima duración, Ocho apellidos catalanes se disfruta aún más por su poca ambición de quedarse hasta lo infinito. Más bien, la película llega, transcurre y se marcha de forma ligera, permitiendo su disfrute y eliminando toda sensación de hastío. Podría decirse que sales del cine de buen humor.

1. El oportunismo del éxito
Sabemos que aquí el que no corre, vuela, y más si de quien hablamos es de Telecinco Cinema, productora de la película. La cadena siempre ha sabido aprovechar la obligación que el Gobierno le impone de invertir el 5% de sus ingresos en cine, y a un éxito como el de Ocho apellidos vascos tras algún que otro batacazo difícil de olvidar, -véase Alatriste (2010), la cual costó 22 millones de euros y recaudó menos de 17 millones-, había que sacarle todo su jugo. Es por ello que puedes esperarte exactamente lo que te imaginas: la versión mejorada pero explotada hasta la saciedad de algo que funcionó en su momento.

2. No todo funciona en pantalla
A pesar de algunos verdaderos reyes de la interpretación con los que cuenta Ocho apellidos catalanes, no todos sus personajes principales se encuentran a la misma altura. Es el caso de nada menos que la protagonista, Clara Lago, cuyo papel podría haber interpretado cualquier actriz. Ya se demostró la mala elección de adjudicarla para un personaje vasco en la primera parte, pero nuevamente en la segunda su interpretación yace acartonada y vacua en comparación con la de algunos de sus compañeros. Dani Rovira, no obstante, se sitúa de nuevo en la comedia que tan bien se le da, pero sin muchos hallazgos nuevos.

3. Una trama difícil de creer
Quizá la verosimilitud no fuese el paradigma a seguir en Ocho apellidos vascos, e igual le ocurre a la versión catalana. No obstante, partiendo de situaciones tan disparatadas como la de hacer creer al personaje de Rosa María Sardà que Cataluña se ha independizado, completamente aceptable en clave de humor (no olvidemos la divertidísima Goodbye Lenin! (2003)), sí que hay aspectos que podrían haberse valorado más, como la trama que vertebra la película. Rafa (Dani Rovira) se da cuenta de que tiene que recuperar a Amaia (Clara Lago) tras haberla abandonado, cuando se entera de que va a volver a casarse. Todo esto en los primeros diez minutos de película.

4. ¿Vale siempre lo viejo conocido que lo nuevo por conocer?
Solidez, sí, pero poco riesgo. Esos gags que tanto nos hacen reír juegan de nuevo el mismo partido utilizando exactamente los mismos recursos. Son ingeniosos y brillantes, pero quizá habríamos agradecido algún que otro aliciente al humor localista. No nos queremos perder por nada del mundo a Karra Elejalde intentando comerse un calçot, plato típico catalán, pero… ¿qué más?

5. Lo que se pudo exprimir más
Además del acertadísimo pero algo desaprovechado Berto Romero, tanto el resto de personajes como las posibilidades que la situación propicia podrían haber aportado más a la película. Pau, el personaje que Berto interpreta, es un artista hipster cuyas posibilidades se quedan lejos de ser alcanzadas pos completo. Y así, el de Belén Cuesta y su inesperado origen gallego. Perlitas que se quedan a medio gas.

6. El amor no siempre triunfa
La trama romántica de la película acompaña notablemente todo su halo cómico, pero parece que ya ha dado todo lo que podía dar. Los líos y enredos amorosos de Rafa y Amaia estuvieron bien en la primera entrega, pero en esta segunda resultan menos interesantes: Una tercera persona, un malentendido, rencor y un deseo incontrolable. Poco o nada sugerentes esta vez.

7. ¿Quién ha dirigido esta película?

Emilio Martínez-Lázaro se ha erigido como un auténtico creador de comedias exitosas. Ya le ocurrió con El otro lado de la cama hace trece años y así volvió a romper con Ocho apellidos vascos. No obstante, su apuesta de dirección brilla por su ausencia, si bien su labor queda muy lejos de trabajar únicamente con los actores. La película está realizada correctamente pero sin muchas más aportaciones, como si el hecho de situarse detrás de la cámara no ofreciese infinitas posibilidades.

8. Y parece que la saga continúa
Con una escena de carcajada asegurada, Ocho apellidos catalanes pone fin a esta segunda parte sin dejar claro que aquí acabe todo. De hecho, sus productores ya han aclarado que no quieren continuar la saga de manera indefinida, pero sí están trabajando ya en la tercera entrega. Nosotros nos preguntamos, ¿de verdad es necesario? ¿Queremos seguir asistiendo a los embrollos provincianos de esta pareja o hemos tenido suficiente?

8 apellidos: ¿sí o no?