3 septiembre, 2015. Por

Mientras seamos jóvenes

Noah Baumbach
Noah Baumbach construye una lúcida sátira sobre el conflicto generacional, Mientras seamos jóvenes
Mientras seamos jóvenes

Tras esa cuasi glorificación de la cultura hipster que fue Frances Ha -con guión coescrito junto a la actriz Greta Gerwig y consagrado a su lucimiento-, Noah Baumbach parece reaccionar contra ella en su siguiente película, mostrar el reverso de la moneda. Incluso volver la mirada hacia su filme anterior,  el infravalorado Greenberg, con quien comparte, además de espíritu, al actor principal (Ben Stiller) y al compositor de la banda sonora (el ex LCD Soundsystem James Murphy). Mientras seamos jóvenes es un drama satírico que gira en torno al conflicto generacional o, más bien, a la crisis personal que atraviesa un matrimonio de mediana edad: Josh y Cornelia, encarnados por el citado Stiller y Naomi Watts en un un atinadísimo uso de sus carismas y habilidades. El movimiento reactivo respecto a Frances Ha también se observa en el estilo: si la anterior era una oda poco disimulada a la nouvelle vague, ésta lo es respecto al cine de Woody Allen, a cuyo tono, aspecto visual e, incluso, algunas situaciones argumentales, parece rendir homenaje.

También, aunque de un modo tangencial, a la escuela clásica de documentalistas, de quien se convierte en inestable ejemplo el personaje de Josh: un director fracasado que, además, debe vivir a la sombra de su esposa, hija de un reconocido gurú de la profesión. A la poca fortuna laboral se une la personal -tras varios intentos infructuosos, la pareja no puede tener niños- y el propio miedo a asumir las constricciones y obligaciones de la edad adulta. Ese conflicto se pondrá más claramente de manifiesto cuando se confrontan a otras dos parejas: Marina y Fletcher (Maria Dizzia y Adam Horovitz -sí, el de Beastie Boys-) son sus amigos más cercanos, un matrimonio de su edad y paternidad reciente. Y en su vida aparecerán repentinamente Jamie y Darby (Adam Driver y Amanda Seyfried), dos jóvenes ultramodernos que quieren entrar en el mundillo del cine. Entre la idea de sucumbir al aburrimiento de la vida de cuarentones y la de verse seducidos por la energía juvenil, el descubrimiento de nuevas experiencias e incluso la tentación de vampirizar formas emergentes de creatividad, los protagonistas se alejarán progresivamente de sus viejos amigos para hacerse íntimos de los nuevos. Y eso les provocará nuevos conflictos.

Como sugiere Josh en un momento de la película, hablando sobre su documental inconcluso, más allá de la superficie hay una metáfora de América (por EE UU, se entiende). Así, la historia de esta pareja y sus interacciones habla de muchas cosas: de la cultura del emprendizaje, el éxito y el fracaso; de una sociedad infantilizada con un miedo endémico a hacerse mayor, de los cambios relacionales y éticos asociados al rápido progreso tecnológico, de los cada vez más difusos límites entre la verdad/autenticidad y el engaño/artificio, de los criterios para decidir si un documental es válido o no, de la tensión entre dinamismo y oportunismo, de la interrelación entre el arte y la vida, de los celos de los que representan a un mundo que se acaba respecto a los que vienen empujando fuerte, de la perversión de los viejos valores ante la entrada de una nueva cultura del éxito más inmediata y "viral", de las formas de obsolescencia humana programada asociadas a la nueva meritocracia hipster, de la precariedad de unas profesiones creativas que han sucumbido a la dictadura del low cost, de la cartografía de un matrimonio en crisis, y de muchas más cosas.

Así leído, esto puede sonar demasiado sesudo o hacer bola, pero Baumbach lo soluciona con un hábil equilibrio entre el calado de los contenidos y la ligereza de las formas, con el humor siempre como elemento predominante y unos lúcidos diálogos. Cierto es que abusa un tanto del trazo grotesco en su caracterización de los personajes jóvenes (la forma de moverse y hablar de Jamie, por ejemplo), pero, en realidad, los mayores tampoco se libran de la ridiculización. Un claro ejemplo es la hilarante secuencia de la ceremonia de la ayahuasca (con el chamán interpretado, por cierto, por Dean Wareham, ya un cameo recurrente en las películas de este director). La pareja protagonista es, al mismo tiempo, tierna y patética, imperfecta y vulnerable, risible y perdida. Ridícula y salvajemente real. A la deriva como cada uno de nosotros. Ese es, creo, el aspecto más interesante de la película y el que impida que caiga en dos cosas con la que flirtea constantemente: 1) que parezca la fantasía deformada de un adulto nostálgico que no comprende a las generaciones posteriores, y 2) que se convierta en un cuento moralista ensalzando tiempos pasados.

Algo de eso planea en el ambiente, sin duda, pero la presencia de la contradicción es mucho más poderosa y definitiva. No hay dogmas ni certezas en esta historia de poso alleniano, que reflexiona con lucidez sobre nuestro tiempo y sobre cosas intemporales, y que nos sitúa ante nuestro propio espejo invitándonos a reflexionar sin ponerse nunca grave y sin que nada se interponga en la prioridad de divertir. Es por todo ello por lo que, tal vez, ésta sea la mejor película de Baumbach.

Mientras seamos jóvenes

+ INFO

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Director: Noah Baumbach

G�nero: Cine independiente

Reparto: Ben Stiller, Naomi Watts, Amanda Seyfried, Adam Driver, Charles Grodin, Brady Corbet, Maria Dizzia, Dree Hemingway, Adam Horovitz, Adam Senn, James Saito, Ryan Serhant, Greta Lee, Ashley James y Matthew Maher

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Guión: Noah Baumbach
Música: James Murphy
Fotografía: Sam Levy

Estreno: 04.09

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Cu�ndo: NULL

Precio: NULL

Venta de entradas: www.entradas.com