13 mayo, 2013. Por

Nicolás Alcalá

La guerra de las galaxias
Entrevistamos a Nicolás Alcalá, director de El Cosmonauta, con motivo del estreno de la película
Nicolás Alcalá

Sin pensarlo mucho pero sin dejar de pensarlo, y con tan solo 21 años, tres estudiantes de Comunicación Audiovisual plantaban la primera semilla de lo que sería un hiato en la industria del cine (como mínimo en nuestro país) y proyectaban un modelo cinematográfico que todo el tiempo te preguntaba, como Jimi Hendrix: Are you experienced?

Ningún juego de niños: poco más de cuatro años después de poner en marcha tal kamikaze proyecto desde el anonimato, la inexperiencia y la independencia más visceral, El Cosmonauta no sólo aterriza a los cines, sino también a vuestras pantallas de ordenador y de teléfono (si así lo preferís) de forma gratuita apostando tanto por un modelo de narrativa cinematográfica que evade los cánones tópicos a los que estamos asistiendo en las nuevas producciones del catalogado Cine de Guerrilla, sino que propone una experiencia transmedia tan épica y fabulada como completamente rompedora para la industria del cine tal y como la conocemos: 36 episodios, con la película incluida, que se podrán disfrutar de manera gratuita a través de internet y que, al menos durante esta semana (desde hoy hasta el 18 de mayo, día del estreno global y gratuito en internet) una serie de eventos convertirán la Cosmonauta Experience en una (sic) experiencia piro-cinematográfica nunca antes vivida: un think tank en Madrid esta tarde y otro el viernes 17, su pre-estreno en los Cines Callao mañana (tenemos entradas), la proposición de remezcla de la película que inauguran con su Hackaton Remix en el IED madrileño el miércoles, el estreno mundial multipantalla este sábado 18 y, poco a poco, la publicación de los más de treinta webisodios para que armes ese enorme crisol de historias que se pasean por lo romántico, lo evocativo, lo histórico o lo político.

Por eso quedamos con Nicolás Alcalá, director de la película, un tercio de Riot Cinema (el colectivo-productora que, desde los pasillos de la UCM, ideó todo esto) y tierno querubín de 25 años: para hablar tanto del difícil parto de casi un lustro que ha sido El Cosmonauta como de envidias ajenas, su visión del modelo cinematográfico, la concepción tanto del creador como del espectador de esa “experiencia”, la definición de las diferentes "galaxias" de la industria del cine y, sobre todo, el tan utilizado eslogan que se repliega sobre sus cabezas a partir de hoy: y ahora… ¿qué?
Fotos: Clara Bellés / Entrevista: Alan Queipo


Notodo: Tenía mis dudas sobre cómo arrancar la entrevista. En todos estos años, e incluso ahora que la película se estrena, se habla más del proceso, de las formas de ver la película, de los nuevos modelos de cine, que de la historia en sí misma. ¿Crees que puede jugar en contra eso?
Nicolás Alcalá:
Creo que no pero porque considero que esta peli es las dos cosas: es igual de importante el proyecto como la peli. Creo que la película tendrá su vida independiente igual que el proyecto ha tenido su vida sin ella. Y en conjunto cobrará mucha más fuerza.
La culminación de El Cosmonauta es la consolidación de un modelo

NTD: ¿Consideras que es igual de importante hoy en día el proceso y la forma que el fondo, la película en sí misma? ¿Ha de ser el cineasta también ahora un creador de estrategias publicitarias o de marketing para que su producto tenga interés?
N.A.:
En parte sí. Pero eso no es de ahora, siempre ha ocurrido: de todas las pelis que son de culto, se han convertido en ello porque todas tienen detrás una historia y la conoces. Todos sabemos cómo fue el rodaje de Apocalypse Now! o cómo rodó Kevin Smith Clerks. Creo que forma parte de la mítica del cine, que son cosas igual de importantes y ayudan a que veas la película con otros ojos.

NTD: Si bien cinco años no es mucho en el proceso habitual de producción de una película entre escritura, producción y distribución, para el “cine de guerrilla” o “cine independiente” son plazos algo más largos. Más aún si tenemos en cuenta que fuisteis los primeros en plantar la semilla del crowdfunding y ya hay muchas películas que se han estrenado. ¿Habéis tenido miedo de quedar obsoletos?
N.A.:
(Ríe) Hemos tenido anécdotas graciosas en estos años. Por ejemplo, íbamos a una conferencia sobre crowdfunding con todas las plataformas de crowdfunding y otros tipos de proyectos que utilizaban este método, y nos íbamos presentando y había algunos que decían “nosotros empezamos este proyecto inspirados por El Cosmonauta, y sonábamos como los abuelos-cebolleta sin tener siquiera la peli hecha. Sin embargo, creo que la dimensión que ha tenido esta película ha sido tanto más grande en todos los sentidos en comparación con todas las otras que ha habido que no le va a quitar importancia. Va a tener la importancia que merece, porque todo lo anterior era una serie de pruebas que encuentra en la culminación de El Cosmonauta la consolidación de un modelo.
Éramos unos novatos de mierda que no teníamos ni puta idea de cómo hacer una película

NTD: ¿Pero no sientes que ha perdido ni un ápice de “impacto” o de “interés inmediato”, al menos para cierta vertiente que seguía el proyecto desde sus inicios?
N.A.:
Puede ser que para cierto sector del público sí sea así, pero para otro no somos todavía tan conocidos. Realmente nos conocía el mundillo del crowdfunding y poco más. Ahora va a ser cuando rompamos esa barrera: salir en El País o en la pantalla gigante de los Cines Callao te permite llegar a otro público y consolidar el proyecto de cara al gran público. Estoy seguro de que hay gente que está hasta las bolas de El Cosmonauta y que dicen “ya era hora, ya os vale”, pero eso ha tenido que ver con hacer el proyecto tan público: cualquier película se tira tres o cuatro años, y nosotros no hemos parado de salir en medios y de proyectar y avanzar con el modelo en estos cuatro años. Así que entiendo que se ha hecho un poco “pesado”, pero también ha habido muchos hitos en el proceso, y si bien la película no estaba sí que hubo otras cosas importantes y se han ido como consolidando etapas.

NTD: En ese sentido, ¿prefieres que los procesos sean más largos y, en cierto modo, reposados en vez de la inmediatez a la que se está sometiendo al cine independiente hoy en día?
N.A.:
No. Creo que cuatro años para una película es mucho tiempo. Para cualquiera: para el equipo, el director… conservar el interés de lo que querías contar durante cuatro años es muy difícil. No es en absoluto “ideal”. También es verdad que si no eres nadie levantar una comunidad como la que levantamos nosotros de la nada no lleva menos tiempo que eso. De alguna forma, si eres una cara mundialmente conocida puedes conseguir dos millones de euros en una semana, pero si no es difícil. Por ejemplo, pienso que Kickstarter juega muy en contra del cine independiente, porque es muy difícil plantear una comunidad desde cero y que te levanten un proyecto ambicioso en 40 o 90 días, y eso aboga a muchos proyectos al fracaso. Y en nuestro caso era necesario ese tiempo para que la cosa creciera y se consolidase: tienes a la gente que te va a comprar seguro porque es nuevo; los que lo han oído en la radio entonces ya se meten; y los que, una vez instalado en cierta proyección mainstream, también se meten a apoyarte. Para hacer un proyecto tan grande como este creo que es necesario aunque no sea lo ideal.
La masificación es muy chula pero es muy poco personalizada

NTD: Y diciéndome que no lo ves como un proceso ideal y mirándolo ahora con la perspectiva del tiempo y la (primera) experiencia, ¿te arrepientes de algo de lo que llevasteis a cabo en este proceso?
N.A.:
Ni de un solo segundo de los últimos cuatro años. Si mañana me dijeran “ahora vívelo igual” diría “NO”; pero si me dijeran “vuelve atrás en el tiempo y vívelo por primera vez” lo hubiera hecho exactamente así. Y si a cualquiera le dan la oportunidad de vivirlo igual le recomendaría que se tire de cabeza porque han sido maravillosos estos cuatro años.

NTD: Es una manera de reivindicar el proceso de El Cosmonauta con sus virtudes y errores…
N.A.:
Y ha habido muchísimos errores, porque éramos unos novatos de mierda que no teníamos ni puta idea de cómo hacer una película y nos íbamos inventando todo sobre la marcha, pero creo que cada uno de ellos han sido bonitos porque han ayudado a que saliera adelante. La premisa en esta peli era, cada una de las veces que no sabíamos hacer algo, en vez de dejárselo hacer a alguien, hacerlo nosotros y aprender. A hostias, pero aprender.
Es mucho más cómodo ver una película en tu casa que en el cine

NTD: ¿Os sentís como una especie de símbolo o gran punto de fricción de la exposición tanto del desmoronamiento de la industria como de la búsqueda de nuevas alternativas?
N.A.:
Sí, y además lo hemos buscado y hemos tenido mucha consciencia de que íbamos a ser caso de estudio. Sabíamos que íbamos a ser un proyecto importante por la magnitud inicial desde el planteamiento; y siempre hemos querido ser ese puente entre lo que no funcionaba (o no funcionaba tan bien) y lo nuevo. Y por eso nos hemos preocupado mucho de charlar con la industria, de hablar con ellos, de intentar crear un modelo que conjugase lo nuevo y lo viejo. Y por ejemplo, el think tank con gente de instituciones, televisiones y el mundo audiovisual en general que vamos a hacer esta semana tiene esa idea: organizarnos viendo qué hicimos mal y qué hicimos bien y qué nos sirve a todos. Porque no todos los proyectos serán así, pero no me creo que no sea útil para una película buscar su audiencia antes de estrenarse. Y eso es algo que la industria tiene que entender. Así que sí que creo que vamos a ser un punto de anclaje importante en este cambio. No sé cuánto ni cómo vamos a influir, el tiempo dirá, pero sí que nos sentimos un punto de inflexión.

NTD: Me viene a la cabeza un momento en la película en la que uno de los personajes, Andrei, se ofusca y se desmorona por no poder formar parte de la posteridad espacial soviética. Identificándoos como símbolo desde el principio, ¿os interesaba que El Cosmonauta tenga un impacto histórico y formar parte de la “posteridad” cinematográfica, al menos en lo que a cambio industrial se refiere?
N.A.:
En absoluto. Creo que hemos tenido la enorme suerte de tener muy poco ego pero sí mucha autoestima: una especie de síndrome de distorsión de la realidad, nada nos asusta y nos da igual lo que piensen de nosotros. Pero nunca hemos necesitado que nos reconozcan ni ser la primera película crowdfunding ni Creative Commons. No nos importaba todo eso: nos importaba hacerla y lo que íbamos a vivir en el camino. Todo lo demás es un extra. Si además gusta, mejor, pero no era el objetivo.

NTD: A priori El Cosmonauta parece una película venida de fuera, aunque tenga la banderita española puesta por ahí. Incluso estrenaréis en salas de buena parte del globo terráqueo. ¿Hay algún tipo de prioridad internacionalista?
N.A.:
Desde el principio del proyecto la web y el blog han estado en inglés y español; desde muy pronto decidimos hacer la película en inglés (el español nunca fue una opción: era ruso o inglés); y siempre hubo un afán internacional porque… ¿por qué no? Nuestra generación está acostumbrada a ver cosas, hablar y relacionarse en inglés y es el idioma en el que nos sentimos cómodos hablando con un tío de China o Zimbabwe.
Vivimos la segunda época más emocionante de la historia en lo que tiene que ver con el cine

NTD: ¿Y cómo fue el proceso para dar con un equipo tan internacional, sobre todo desde el casting, viviendo aquí?
N.A.:
Con los letones tuvimos un servicio de producción de Letonia muy bueno que gracias a ellos pudimos rodar como rodamos: ellos buscaron prelocalizaciones, hicieron el casting de ahí, etc. El casting inglés lo hizo la Directora de Casting, Lucy Lennox, que es una inglesa que vive en España pero que ha trabajado mucho en Londres, e hizo toda la preselección de actores allí y yo viajé cuatro o cinco veces a Londres para hacer el casting allí, pero nunca nos ha asustado ir a otro país a hacer el casting.

NTD: ¿Y cómo se tomaba la gente que tres chavales de entre 21 y 25 años se acerque y les haga el casting para una película con tanta proyección internacional?
N.A.:
(ríe) La gente flipaba mucho. En general hemos generado mucha sorpresa. Mucha antipatía, también, sobre todo en España que tenemos esta cosa tan chauvinista. Éramos insolentemente jóvenes y muy insolentes per se con lo que estábamos planteando, y a la gente le hacía entre gracia y cierto grado de incredulidad, y ha estado muy bien. Yo toda mi vida he sentido que tenía una edad que la gente me juzgaba por debajo de lo que en realidad estaba haciendo, pero nunca me he preocupado. Al final hay que jugarlo a favor. En lugar de enfadarse y decir “¿por qué me tratan como a un niño?” hay que decir “sí, soy un niño, pero mira lo que hago”.
Hemos tenido mucha consciencia de que íbamos a ser caso de estudio

NTD: Para todo el proceso de investigación histórica, germen iniciático de la película cuando en la Universidad tú y uno de tus socios, Bruno, os comenzasteis a obsesionar con ello, supongo que habéis tenido que ser especialmente puntillosos con los datos e historias que manejasteis. ¿Hablasteis con soviéticos especializados o con partícipes de la carrera espacial rusa?
N.A.:
Como director, y esto lo puedo decir ahora a posteriori, uno de los peores errores que cometí fue documentarme demasiado. Leí todo lo que existía en inglés y español sobre la carrera espacial rusa, que no es mucho. Pero leí muchos libros, vi muchas películas, visité Rusia… Para el transmedia fue de puta madre porque cuenta todo ese contexto histórico, y creo que hemos sacado a la luz a través de la ficción mogollón de historias y nociones técnicas que son maravillosas y que gracias a la película van a poder tener una ventana, y eso me llena de orgullo. A la película le vino muy mal porque yo tenía una película muy pequeña con tres personajes y una historia, y acabé obsesionándome y metiendo mogollón de personajes y referencias históricas. Al final acabas haciendo la película para los tres frikis, a los que les va a encantar, sino para que el público pueda ver algún guiño. Y todo eso lo descubrí en el montaje: de repente, me encontré con una peli en la que había metido demasiado en una historia que pedía ser mucho menos narrativa y mucho más de personajes. Y al final me cargué un tercio de película, dejé la película que es ahora El Cosmonauta, y reutilicé lo eliminado para los episodios del transmedia. Y funcionó de puta madre, porque si ves todos los webisodios y la película vas a ver una fábula épica-histórica mucho más narrativa, pero la película se ha quedado mucho más poética y menos narrativa.

NTD: La película, tanto el episodio-película en sí como los otros treinta y pico webisodios, tocan tanto el terreno romántico como el político, el histórico, el político o el paranormal. ¿Te interesaba no dejarte ninguna de las filias cinematográficas en el film y manejar todo ese crisol de ideas?
N.A.:
Ha sido un poco natural, no fue tan planeado. Siempre he soportado muy poco a los directores referenciales, que aman el cine y que no pueden evitar que su afán como directores no sea buscar un lenguaje propio, sino recrear. No lo soporto porque ya está hecho. Supongo que en la película y los episodios están todas mis filias ahí metidas pero no ha sido algo consciente ni directo. Es cierto que hay piezas más hollywoodienses, otras más poéticas, y te puedo decir las referencias y creo que se ven claramente, pero no ha sido intentar imitar a nadie ni caer en el error de los directores primerizos por contar y volcar todo lo que sé y todo lo que me preocupa: los personajes tienen que tener su propia filosofía y que no sean el reflejo directo del creador, que creo que es el mejor truco para hacer buena ficción.
Habrá mucha gente a la que le dé rabia que existamos porque nos ha salido todo muy bien

NTD: Más que referencias cinematográficas, y planteando esta película como una experiencia más allá de la pantalla, en más de treinta episodios con vida independiente, se me pueden ocurrir referencias como Rayuela, de Julio Cortázar, o hasta asemejarlo más con obras conceptuales musicales. ¿Han existido ese tipo de referencias extra-cinematográficas?
N.A.:
Yo me he inspirado mucho en narrativas que a mí me han traspasado más allá de la pantalla. Y te puedo citar desde videojuegos, que soy gran fan y que juego mucho a aventuras gráficas que cuentan historias alucinantes y muchas veces mejores que una película; películas que tienen un mundo mucho más allá de la pantalla, como La Bruja de Blair, Star Wars o El Señor de los Anillos; y muchas referencias literarias, que ayudan a jugar a cómo trasciendes el género y el formato. Hay un punto en el cual a mí lo que me interesaba era contar historias, y a veces se podía adaptar en formato audiovisual y a veces no, y por eso hay un libro y un poemario: yo siempre he escrito poesía y estuve cinco años alejado de ella porque lo cambié por el cine y escribí un diario escrito por el cosmonauta cuando cae a la tierra que es un poemario. Se trata más bien de utilizar los medios que uno tiene como creador de lo que sea y jugar.

NTD: Antes mencionabas que generasteis cierta antipatía en cierta parte del público. Incluso en las conferencias que fuisteis dando al presentar el proyecto mencionabais que muchos os han tachado de niños pijos jugando a cineastas. ¿Por qué crees que aparece este chauvinismo? ¿Crees que tiene que ver con hechos como el mail de hace unos meses u otros episodios críticos?
N.A.:
Por un lado, creo que cuando haces cualquier cosa y te va bien, lamentablemente, en España genera aprensión. También genera mucho amor y fans acérrimos que te dicen que les hemos inspirado y que le hemos cambiado la vida, pero muchos no nos pueden ni ver. Creo que en general en lugar de aprender del que le salen bien las cosas nos dan rabia. No sé por qué ocurre, es algo cultural. Y viéndolo desde ese punto de vista, habrá mucha gente a la que le dé rabia que existamos porque nos ha salido todo muy bien. Me imagino que en la situación de tres niñatos que quieren hacer una película y que hemos hecho lo que nos ha dado la gana y a lo grande y con total libertad, generará cierta envidia. Supongo que si no hubiera salido el mío también me la daría de otros proyectos. Supongo que ser jóvenes ha ayudado, el mail ha ayudado… pero lo bueno es que ha habido lo otro, y se ha compensado y ha habido mucho más amor que odio. Recuerdo que las veces que nos han criticado ha salido siempre alguien a defendernos antes de que nosotros lo hagamos. Y generar ese tipo de sentimientos está muy bien.

NTD: ¿Cuál es el “espacio” que ves que ocupa el cine ahora mismo en nuestro país?
N.A.:
Creo que vivimos la segunda época más emocionante de la historia en lo que tiene que ver con el cine: tanto de parte de los que crean como de parte de los que ven. Ver con perspectiva lo que significaron finales de los ’60 y principios de los ’70 con la irrupción de la nouvelle vague y el nuevo Hollywood y el cine de cincuenta años atrás tuvo que cambiar su lenguaje, su narrativa, y todo era “nuevo”, supongo que vivirlo ha tenido que ser muy emocionante tanto para los creadores como para el espectador.
A día de hoy, creo que vivimos eso por diez. Todo está cambiando. No es sólo una innovación técnica o de lenguaje: cambia la forma en que vemos, contamos, los medios, las plataformas, la relación que juega el espectador como el creador. Todo se está redefiniendo. Son tiempos duros porque cualquier cambio es difícil, pero al mismo tiempo está lleno de oportunidades. Ahora mismo en España la cosa está muy jodida para unos y mucho más fácil para otros: a día de hoy, están surgiendo iniciativas, proyectos y películas que hace diez años habrían sido imposibles. Y el nuestro quizás sea el mejor ejemplo, pero ha habido un montón de películas que no eran viables hace una década y, como espectador, que exista algo como Diamond Flash a mí me hace llorar de alegría.
Toda mi vida he sentido que tenía una edad que la gente me juzgaba por debajo de lo que en realidad estaba haciendo

NTD: No sólo que exista, sino que suponga una mini-revolución al menos en la crítica especializada…
N.A.:
Y que, de repente, empiece a cambiar la tendencia. Lo que no quiere decir que tenga que desaparecer la industria: tendrán que adaptarse, y de esa adaptación van a surgir cosas maravillosas, también. A día de hoy no mola, pero llegará el momento en el que alguna de esas personas lo entiendan –y ya hay televisiones que están empezando a apostar por el transmedia- se van a generar cosas increíbles. Los próximos veinte años van a ser muy emocionantes. Hoy es complicado, pero saldremos.

NTD: ¿Ves al cineasta como un músico, con su mochila y su copia de la película yendo a ponerla en una sala un día y una hora determinada, como están proponiendo espacios como Cineteca o el Artistic Metropol?
N.A.:
Es muy posible y tiene mucho más sentido, porque la masificación es muy chula pero es muy poco personalizada. Es muy difícil hacer productos que le gusten a todo el mundo. Y para que algo tan masivo sea rentable tiene que gustarle a todo el mundo. Soy muy partidario de que sigan existiendo Transformers y El caballero oscuro, pero me parece maravilloso de que existan películas pequeñas mucho más personalizada y de contacto con el público. Y por supuesto que los cineastas tienen que empezar a entender que la promoción, el marketing y lo que rodea a cómo se disfrutan las películas empieza a ser su responsabilidad, también: en qué tipo de cine, en qué tipo de ambiente, con palomitas o sin, con experiencia añadida o no… es parte de tu trabajo. Para mí es importante, y por eso hemos apostado por controlar todos los procesos, y las veces que hemos metido a alguien externo en el proceso ha sido un desastre porque no le hemos dado al público lo que teníamos que darle.

NTD: Supongo que en todos estos años, siendo caso de estudio y compartiendo espacio con las nuevas tendencias de producción y distribución de cine, ¿cuáles ves que son los caminos más viables para que el cine no se convierta en un producto cada vez más lejano de poder llevar a cabo?
N.A.:
Creo, sobre todo, que va a haber un gap mucho más grande entre el cine independiente y el cine comercial. Va a dejar de haber películas entre 2 y 20 millones de dólares: son demasiado caras para ser rentables. Va a haber muchas películas muy buenas, pequeñas, que van a ser igual de buenas que las de 20 porque a día de hoy los medios de producción están muy cerca. Nuestra película está hecha con medio millón, un millón si sumas los sueldos, pero luce como una de cuatro. Se pueden hacer películas igual de bonitas con uno o dos millones de euros. Van a seguir existiendo películas de 100 millones, que esas siempre van a ser rentables. Las de un millón van a tener que buscar nuevas vías de financiación: desde crowdfunding a involucrar a marcas (que van a empezar a involucrarse en temas narrativos mucho más), diversificar la narrativa de la película tanto desde transmedia como en merchandising… Todo eso ya está ocurriendo a día de hoy. Y, obviamente, internet se va a convertir en la plataforma principal de distribución pase lo que pase. Ya lo es. Lo que pasa que los distribuidores y exhibidores no se han dado cuenta. Para nosotros es LA plataforma: va a estar también en cines, en DVD, en TV, pero la plataforma es internet.
Hemos tenido la enorme suerte de tener muy poco ego pero sí mucha autoestima

NTD: Una parte del discurso de la industria es que sacar a la película de las salas de exhibición “degrada el producto”…
N.A.:
(Sonríe) Esa es una discusión que tengo desde hace mucho tiempo con mucha gente, sean de la industria o no. Y creo que es una cuestión generacional, y que cuando nuestra generación tome las riendas en el proceso de transición se va a acabar. Yo que soy un cinéfilo empedernido y muy meticuloso con el sonido, he visto Stalker en la Biblioteca y en mi televisor de 40’’ y he sido igual de feliz y la película me ha impactado igual. Entiendo que hay quien ir a una sala de cine le suponga una experiencia añadida un poco religiosa, y lo entiendo, pero en nuestra generación esa idealización ha dejado de existir. Disfrutamos del cine en nuestros ordenadores exactamente igual que en una pantalla gigante. El sentido del cine es otro: la experiencia comunal, salir de tu ámbito habitual, aplaudir con otras personas… Todo eso es el valor añadido. De hecho, es mucho más cómodo verlo en tu casa que en el cine.

NTD: También está el discurso de que hay películas que son para ver en el cine y las que puedes verla en tu móvil. El hecho del 3D dicen que está sirviendo como criba…
N.A.:
Yo el 3D creo que va a desaparecer, me parece un bluf tremendo, a menos que se empiece a utilizar de forma narrativa: lo hizo James Cameron y nunca más nadie ha hecho nada en 3D que digas “tenía sentido que fuera en 3D”…

NTD: Torrente 4, ¿no?
N.A.:
(Risas) Creo que las películas que son “para ver en cine” no es por ver la mega-experiencia del súper sonido y la mega-pantalla. Lo que buscas es la experiencia colectiva, tu bote de palomitas e ir al cine porque es divertido. En el momento en que los cines sean un poco inteligentes y empiecen a poner hamburguesas, gin-tonics y salas de baile a la salida molará porque te apetecerá eso, y no porque veas las películas en mejores condiciones. De hecho, dentro de unos años en tu casa vas a tener un proyector y una pantalla con un sistema de sonido de puta madre y va a ser igual que el cine.
Que exista algo como Diamond Flash me hace llorar de alegría

NTD: Para ir acabando, la pregunta que supongo muchos os harán: ¿y ahora qué?
N.A.:
(Ríe) No lo sé y tampoco tengo mucha prisa. Todo el mundo me dice que tengo que tener ya en la cabeza mi segundo proyecto. Tengo un montón de ideas para series, películas, proyectos transmedia, y tengo ganas de tomarme un tiempo para pensar y empezar a desarrollar esos proyectos y ver hacia dónde tirar. Yo, por lo menos, voy a seguir haciendo proyectos sin parar si el dinero me lo permite, porque ideas me sobran.
Hay un punto que me llama, y que ayudaría a hacer en cierto modo de ejercicio transitorio, y es poder hacer una peli de encargo, que me implique menos emocionalmente: tener un buen guión y dirigir una película mientras preparo la siguiente.

NTD: ¿Estás abierto, entonces, a llevar otros proyectos cinematográficos al margen o en paralelo a tu actividad con Bruno y Carola, tus socios en Riot Cinema?
N.A.:
Sí, de hecho lo que hemos hablado pero no hemos hecho oficial es que nos vamos a separar amigablemente para hacer proyectos en paralelo y nos juntaremos cuando nos apetezca hacer cosas juntos. Es como un respiro para poder desarrollar cosas por nuestra cuenta. Así que sí, implica esa separación.

Trailer El Cosmonauta (En todas tus pantallas el 18 de Mayo) from Riot Cinema on Vimeo.

Nicolás Alcalá

+ INFO

Nombre exposición: NULL

Director: NULL

Género: NULL

Reparto: NULL

NULL

NULL

NULL

Estreno: NULL

Dirección: NULL

Cuándo: NULL

Precio: NULL

Venta de entradas: NULL