10 mayo, 2011. Por

Natalia Smirnoff

Reubicando las piezas
Entrevistamos a Natalia Smirnoff, directora argentina de la película Rompecabezas
Natalia Smirnoff

Natalia Smirnoff es uno de los últimos tesoros del cine argentino: formada con reputados "nuevos directores" de aquel cine como Lucrecia Martel, Pablo Trapero o Alejandro Agresti, Smirnoff se lanzó a la aventura de dirigir y escribir una historia que, además de guardar una querencia intuitiva con el hecho de ser madre, ahonda en la intimidad de una ama de casa en su tránsito vital del caos al orden. Un puzzle, un reparto pequeño pero experimentado y unas buenas formas que la conecta tanto con el cine costumbrista argentino como con la nouvelle vague francesa transforman a Smirnoff no sólo en una experta oradora del lenguaje cinematográfico, sino una de las puntas de lanza de una carrera que, a buen seguro, será grande. La pillamos por banda hace unos meses para que nos cuente sus filias y sus fobias, su relación con el cine desde todos los ángulos posibles, sus proyectos futuros y sus confesiones más filosóficas.

Notodo: Rompecabezas es la primera película que diriges. ¿Por qué recién ahora te lanzas a ello, tras tantos años trabajando como ayudante de dirección y directora de reparto? ¿Alguna circunstancia en especial?
Natalia Smirnoff:
Cuando yo salí de la facultad (que salí con alguna camada de compañeros que algunos dirigieron directamente) yo sentía que tenía que hacer experiencia con otros, aprender más, porque para hacer un largometraje no me alcanzaba lo vivido. Después empecé a trabajar y me perdí: en muchos momentos no sabía que tenía ganas de dirigir, odiaba a los directores como ayudante de dirección y, además, hubo muchos años en los que yo estaba realmente fascinada con el trabajo que hacía. A su vez, todo esto coincidió con el crecimiento de una generación de directores que empezaron a hacer un tipo de películas con las que yo tenía una injerencia creativa muy interesante: mi primera película fue Garage Olimpo, mi segunda La ciénaga… eran películas en las que como ayudante de dirección tenés una injerencia creativa absoluta. Pero, bueno, con el tiempo fue dejando de tener interés para mí: empecé a sentir que me estaba faltando mi propia voz. A los ocho años de haber empezado a trabajar en esto empezó a rondar la idea en la cabeza, y coincidió, a su vez, con ser madre. Al año y pico de ser madre hice, de corrido, una película de Agresti (NdeR: Todo el bien del mundo), La niña santa y Cama adentro, y fue una experiencia muy buena para mí, pero también un punto de inflexión donde dije “basta, tengo que ponerme a escribir lo mío propio”.
El drama, si no tiene humor, es un drama mentiroso

NTD: ¿Y cómo aparece la historia de Rompecabezas? ¿Rondaba desde hace tiempo o aparece a partir de que eres madre?
NS:
Yo creo que tiene mucho que ver con ser madre. El desconcierto que, para mí, una madre primeriza siente cuando tiene que empezar a ser madre (y además yo crié sola a mi hijo, así que es más todavía) genera una sensación de necesidad de ver a tu propia madre y aprender cosas de ella, y eso me llevó a mirarla. Si bien mi madre no es un ama de casa típica (trabajó toda su vida) sí que tiene ese don que tienen para mí las mujeres que es perderse en los otros: en sus hijos, en su familia. Y coincidió con que después de Cama adentro un día me levanté con la historia de una mujer que se compra un rompecabezas y quiere ir al campeonato mundial de rompecabezas (risas). Apareció bastante de seguido la historia. Y te diría, ahora que estoy escribiendo la segunda historia, Rompecabezas surgió claramente de forma madura, como si hubiera estado incubándose en algún lugar durante un montón de tiempo y salió de golpe.

NTD: Dentro del reparto hay varios actores con los que ya habías trabajado en otras películas en las que ejercías de ayudante de dirección, como María Onetto o Arturo Goetz, si bien también hay otros actores de Rompecabezas con los que era la primera vez. ¿Por qué los eliges a ellos? ¿Ya los imaginabas con perspectiva una vez escrito el guión?
NS:
María del Carmen era el personaje clave: estaba en casi todos los planos de la película. Hay una asistente de dirección que también trabajó con Lucrecia haciendo castings, Fabiana Tiscornia, con la que tiramos un montón de nombres posibles de actrices, y yo le pregunté cuál elegiría ella. Ella me dijo “la única que lo puede hacer es María Onetto (risas). María Onetto tenía una condición muy particular: maneja el humor, por un lado, y los pequeños gestos (se arroja, no le interesa estar linda), no se queda en pequeñeces sino que puede manejar una gama de grises que la película necesitaba. Y a mí me emociona.

NTD: El papel de María Onetto (María del Carmen) tiene un perfil bastante silencioso, sumiso, obediente con su familia. ¿Por qué retratar a la protagonista de tu primera película de esta forma tan crítica con la mujer?
NS:
A mí no me parece especialmente duro. Me parece que hay muchas mujeres que son así porque, por un lado, tienen otra sabiduría, también. Yo no es que profeso eso de rebelarse contra la obediencia (yo no soy eso, además: pobre mi pareja), sino que me interesaba el doble mecanismo: es como un antihéroe, como Mr. Magoo. La fortaleza que tiene detrás de esa mujer calladita es imponente, controla todo: decide lo que comen todos, cómo se visten y, en el fondo, lleva la casa y va delineando qué es lo que se hace en su casa. Es una inocencia brava la que tiene. Me molesta cuando se juega con la imagen de “pobre mujer”. Nadie es ni bueno ni malo. Me interesaba jugar con eso, a su vez, porque no es la heroína esperada. La mujer sí tiene algo como condición trágica, y más una mujer así, que ha sido obediente toda su vida y hecho todo bien y, aún así, todo por lo que hizo va a dejar de tener sentido. Dramatúrgicamente es como una tragedia: nadie puede hacer nada por impedirlo.
Surgió de forma madura, como si hubiera estado incubándose durante un montón de tiempo

NTD: También llama la atención el papel de Gabriel ‘El Puma’ Goity, un actor que se lo suele identificar en comedias, interpretando al marido de María del Carmen, y algunos puntos y personajes concretos de la película que tiñen un poco de humor, de ironía y de tragicomedia la película. ¿Fue buscado?
NS:
Sí, absolutamente. Depende el país donde se ve la gente se ríe a carcajadas o no de ciertas partes de la trama. Yo no concibo la vida sin humor. El drama, si no tiene humor, es un drama mentiroso. La risa está unida al llanto de manera absoluta. En mi vida, en mis peores días y en mis momentos más dramáticos, siempre hubo algo por lo que me reí a carcajadas. Se confunden los sentimientos, está todo muy unido. Yo trataba de reflejar algo que yo siento que es la pulsión vital, y el humor tenía que estar.

NTD: ¿Te esperabas el “éxito” que está teniendo la película no sólo en festivales sino también en la distribución en países tan diversos y lejanos de Argentina? ¿Le veías potencial al film?
NS:
Fui pasando por zonas. Una vez a la película la nominaron al mejor guión en el Festival de Oaxaca, dentro del Toscano Sundance, en México y en ese momento me di cuenta de que el guión realmente le gustaba a todos: había gente de Estados Unidos, España, México. Pero la verdad que la película me costó bastante hacerla, y la hice de una manera bastante ajustada, con poco dinero, entonces en un momento pensé “gracias si la termino”. Pensé que iba a quedar en el cajón de los recuerdos. Y en eso fue primordial el premio de Casa de América a la distribución, lo que hizo que entre apartado de Cine En Construcción en el Festival de Cine de San Sebastián, y eso fue como el despegue de la película. Si eso no hubiera sucedido yo no sé qué hubiera pasado. Eso ayudó a que se pueda terminar y, por otro lado, en San Sebastián la vio Memento Films (la distribuidora de la película) y ayudó a lanzarla al mundo.
Hablar de familias es hablar del mundo: es la base de lo que después va a suceder

NTD: Ya se está gestando El Cerrajero, tu segundo largometraje. ¿Qué nos puedes contar?
NS:
Estoy como en la tercera versión del guión, esperando tratar de filmar este mismo año. Estamos tratando de trabajar de nuevo con Memento Films. Se está viendo cómo se puede armar. Y en cuanto a historia, básicamente es un cerrajero que empieza a sufrir visiones cuando va a abrir las puertas de sus clientes. Por ejemplo, escuchar la voz de la amante del hombre al que le abre la puerto, y esto para un hombre que es como una suerte de anarquista actual que no quiere compromisos, ni tener hijos ni responsabilidades mayores esto lo empieza a obligar a salirse fuera y a meterlo en situaciones cada vez más complejas. Habla del tránsito de ser hijo a padre, de alguna manera, aunque no termine siendo padre: esa edad en la que vas transformándote (los treinta y pico).

NTD: ¿Cómo recuerdas tus primeros acercamientos al cine?
NS:
Yo llego al cine de casualidad, pero sí desde pequeña vi mucho cine (de hecho vi Superman acá en Madrid cuando era chiquita). Mis padres iban bastante al cine y yo veía películas de gente más mayor en vídeo siendo muy pequeña (Deprisa, deprisa me marcó mucho). Durante la adolescencia tuve una etapa en la que no entendía el cine, pero pasada esa etapa, ya a los veintipico tenía una pareja que tenía un videoclub e íbamos mucho al cineclub, y ahí me vi absolutamente todo: fue una gran guía para empezar en cine. De todas maneras, para mí no hay acto más sagrado que ir al cine: sentarme en la sala, pagar y mirar es un momento impresionante. Con Rompecabezas si hay algo que aprendí es la diferencia de ver la película en la sala a verla en tu casa: se valora desde otro punto.
Traté de reflejar algo que siento que es la pulsión vital, y el humor tenía que estar

NTD: ¿Qué es lo que te influye a la hora de escribir un guión?
NS:
Para Rompecabezas hice una investigación junto a una filósofa que se llama Graciela Esteine. En la película se habla del tránsito del caos al orden. Y de todo ese ejercicio lúdico de jugar a exorcizar desde la creación la muerte: trato de mostrar el enfrentamiento hacia la muerte o el fin último, algo que solemos procurar evitar. Yo trato de sacarlo por algún lado (en mi pasada visita al Festival VivAmérica hablé de eso en un coloquio, de hecho). En general me surge una primera trama temática y, a partir de ahí, empiezo a investigar. Con El Cerrajero no encontré algo tan de cabecera como en Rompecabezas: fue más el hecho de haber conocido a un cerrajero anarquista y fue más una cuestión viva que filosófica, pero todavía no descarto que entre en esa etapa. Me parece que cuando encontrás ese texto que habla de lo que estás hablando es un momento supremo. El Cerrajero nació una vez que yo me quedé encerrada en mi casa un domingo, y mi hijo quedó del otro lado. Una situación ridícula que se dio por una niñera que había cerrado con llave y se la llevo, pero yo, antes de averiguar eso, tenía la sensación de que habían entrado ladrones pero no habían robado nada (lo cual era ridiculísimo)… Y por otro lado, ves a un tipo que llega a tu casa, te abre la puerta y sabe algo tuyo en ese momento.

NTD: ¿En algún momento pensaste dirigir guiones ajenos? ¿Hubo alguna oferta que te interese?
NS:
Yo lo veo difícil porque la conexión para mí tiene que ser profunda, desde las entrañas, desde lo que a mí me una a Rompecabezas o El Cerrajero son hilos muy pequeños intrínsecos que hacen que, cuando dirigís, todo tenga un sentido, hacia dónde va. Podés estar ciego o no tener idea lo que estás haciendo pero tu intuición y tu instinto lo sabe porque viene de más adentro. Para llegar a ese estado tenés que tener una conexión muy particular. Entonces, si es un guión externo, tendría que impactarme de una manera que lo pueda incorporar. Es más difícil interiorizarlo, pero uno nunca sabe.
La limitación de medios del cine argentino es creativa

NTD: Recién mencionabas que El Cerrajero guarda cierta relación paterno-filial, de la misma manera que Rompecabezas hereda algo del hecho de ser madre. Últimamente parece que hay una tendencia sobe analizar la relación entre padres e hijos (películas como Abel, Todo lo que tú quieras, Madres e hijas, La decisión de Anne, etc.). ¿Crees que se debe a algo en especial que aparezca este perfil de películas ahora?
NS:
Por un lado por la edad de los directores, que en su mayoría (o todos) son padres. Creo que igual en Argentina es un poco más extremo el hecho de tener hijos. Muchas mujeres deciden no trabajar para quedarse criando hijos (cosa extraña). Hay una especie de retroceso: hubo un momento de liberación sexual (y liberación femenina) en el que la mujer hacía todo, trabajar y criar a los hijos mientras el padre no hacía nada; luego los dos pasaron a ocuparse a la par; y ahora es como que la mujer vuelve a cuidar a los hijos y el padre a trabajar. Entonces sí creo que debe haber un cuestionamiento en medio de todo esto. Hablar de familias es hablar del mundo: es la base de lo que después va a suceder.

NTD: Parece que es un momento en el que comienzan a tener más importancia directoras femeninas, sobre todo en el ámbito hispanoamericano: Claudia Llosa, Mar Coll, Lucrecia Martel, tú. ¿Sientes que se le está dando más sitio a las mujeres jóvenes como directores? ¿Una suerte de “escena femenina joven” de directoras?
NS:
No creo mucho en esas cosas. En Argentina hay como cuarenta mujeres exitosas que tienen películas que se ven en varias partes del mundo. No te puedo decir bien si pasaba eso de “dar de lado a las mujeres directoras” porque yo me crié cinematográficamente con Lucrecia Martel, que es muy exitosa desde hace como diez años. Pero de verdad que en Argentina por algún “x” motivo que no sé cuál es hay grandes directoras mujeres. Acá en España creo que hace más de un año surgió una ley de promoción de igualdad: a mí ese tipo de cosas no es lo que más simpatía me genera, porque me parece que no es por logros sino porque hay una ley para que se iguale. Cuando una película gusta, gusta. Nadie la baja porque la dirija una mujer o un hombre. Nadie compra Rompecabezas porque la dirija una mujer.
Rompecabezas surgió de forma madura, como si hubiera estado incubándose durante un montón de tiempo

NTD: Sería más discriminatorio, incluso, ¿no?
NS:
Claro, sería muy discriminativo. Las películas gustan en sí. La teta asustada es una película que gusta por sí sola. Lo que sí puede ser es que tienen miradas particulares femeninas simplemente por ser directoras mujeres. Pero hay un montón de directoras que no tienen nada en particular y que no forman parte de un movimiento. No sé si tenemos algo en común, lo desconozco por ahora. Con la misma Lucrecia tenemos cosas en común de ideología o formas de pensar, pero cinematográficamente tenemos puntos de vista muy diferentes.

NTD: Antes mencionabas ese germen de “nuevo cine” con el que empezaste a trabajar tú y que tuvo en la aparición películas como Garage Olimpo o Mundo grúa y directores como Pablo Trapero, Adrián Caetano y otros. ¿Sientes que el cine argentino en estos últimos años se podría catalogar casi como otro género con el que el público sólo con ver el rótulo puede entender que perfil tiene el film?
NS:
Quizás lo que tenemos en Argentina es determinada plata (NdeR: dinero) para hacer las cosas, y nadie se va a mandar a hacer cine fantástico porque no hay pasta para hacerlo. Es más una falta de medios que una ideología cinematográfica. Creo que hay un montón de directores que harían otras películas si tuvieran los medios que hay en Hollywood o en Europa. Pero tenemos el que tenemos y creo que se aprovecha bien. Esa limitación es creativa. Ahora, yo sinceramente no metería en la misma bolsa de “cine social realista” al grueso de directores. Pablo Trapero es casi el único. Quizás el género podría ser más el costumbrismo, o el cine cotidiano. No sé si hay una cuestión social. Es más una cuestión de medios. Lucrecia (Martel) quería adaptar El Eternauta, y hubo alguna experiencia de cine fantástico o de animación de bajo coste (La Antena, mismamente), pero no es la tónica general por una cuestión de posibilidades.
La fortaleza que tiene detrás el papel de María del Carmen calladita es imponente: controla todo

NTD: ¿Y del cine de ahora qué es lo que te atrae más?
NS:
De los últimos años el director que más me conmovió, si bien soy fan de Woody Allen, Tim Burton y Nick Cassavetes (que es mi favorito desde siempre), fue Michael Haneke, de quien vi una retrospectiva hace cerca de cuatro años y me veía todos los lunes religiosamente todas sus películas. Gemkin, de Naomi Kawase, me gustó mucho, y toda la nueva ola de cine rumano (con Constantin Popescu como director más atractivo) me interesa bastante, también. Con los años necesito, también, el humor, la comedia. Por ejemplo, vi Miel y, si bien me pareció una película preciosa, no es lo que busco ahora yo en el cine.

NTD: Recién mencionabas la diferencia de ver una película en el cine a verla en tu casa en el ordenador. Con toda esta trompa del pirateo, el top manta, etc., ¿cómo se convence a la gente para que vaya al cine? ¿Sólo las superproducciones en 3-D y similares tienen ganada la franja?
NS:
Es un problema muy grave que está sucediendo (en Argentina ni te cuento). Yo entiendo que ir a ver Avatar en cine vale la pena, también, si es lo que te gusta. Y por otro lado, la filosofía de la superproducción maneja un lenguaje precioso: crean nerviosismo, interés, convencen a la gente de que consuman sus productos. Está bien pensado. Tal vez hay que aceptar que la visita al cine es algo que se va a perder un poco. La realidad es que si yo misma no soy parte de la gente que va al cine con frecuencia (a pesar de que me resulte un placer inmenso cuando voy) hay que entonar un mea culpa general: por parte tanto del mercado cinematográfico como del público.

Natalia Smirnoff

+ INFO

Nombre exposici�n: NULL

Director: NULL

G�nero: NULL

Reparto: NULL

NULL

NULL

NULL

Estreno: NULL

Direcci�n: NULL

Cu�ndo: NULL

Precio: NULL

Venta de entradas: NULL