16 noviembre, 2010. Por

Aita

José María Del Orbe
José María Del Orbe se marca una marcianada experimental digna de aplauso e insulto
Aita

Imagínate un manojo de piedras. Tres, cuatro kilos de ellas. Manchadas de tierra. Cierra los ojos y métetelas todas en la boca. De una vez. Pues eso es Aita. Y no es que sea un comentario negativo, si no que digerir una película de la calaña de la dirigida por José María del Orbe, con un tamaño tan sórdido, oscuro, silencioso, abogado en exceso a la experimentación claustrofóbica, inconexa y desvencijada de las armas típicas del cine es una hostia de tres pares de narices. Pero justamente por todo aquello y por lo raro que es encontrarnos con una producción tan megalomaníaca de la técnica independentista (en lo que a cine se refiere), atreviéndose a cortar por lo sano las posibles conexiones con el cine popular y mainstream y hasta con un subgénero tantas veces denostado como el de cine español, es para aplaudir.

No es de extrañar encontrarnos con un tratado tan sesudo y aplastante como Aita si vemos el equipo de producción que ha creado dicho material. José María del Orbe es, junto con Jaime Rosales, Daniel Vázquez Villamediana (con quien dirigió su anterior largometraje, La línea recta, y co-guionista de la que aquí nos atañe) y Luis Miñarro (productor de esta película) uno de los pocos que interfieren en la métrica de la imagen clásica de cine. Un renovador en toda regla. Productoras como Eddie Saeta o Fresdeval Films son un claro ejemplo de que la cosa está cambiando desde hace unos años. El tratamiento que estos hombres tienen para con sus películas es totalmente ajeno al que estamos acostumbrados. A gatas gente como Val del Omar, Luis Buñuel o Iván Zulueta pueden servir como referencias algo más trascendentes si se trata de cine arriesgado para las masas. El triunfo hace tres años de Jaime Rosales en los Goya con su extrañamente multipremiada La soledad fue un golpe de efecto y un sostén para algo que se puede transformar en tendencia y casi obligación en el cine español: romper los tabúes, alargar la técnica, engordar el trabajo cinematográfico desde otras perspectivas y procurar contar historias desde los ángulos más realistas e intoxicados que se puedan imaginar. Porque justamente imaginar es lo que ha hecho Del Orbe en Aita. E imaginar es lo que quiere que hagamos nosotros, también.

Aunque sea un arma de doble filo, el director vasco ha formalizado en su segundo largo en cuatro años un trabajo que es una muestra perfecta del avance del cine español en materia técnica y la rotación circular a la hora de contar historias. Un único escenario, prácticamente (una casa-torre vasca que se cuenta por cientos de años, en torno al siglo XI), dos personajes que se dejan ver con cuentagotas (un cura y un guarda de dicha casa, deshabitada), un halo de sagrada conexión entre los protagonistas, el ambiente y el escenario (la casa es visitada por escolares como si de un reducto de la fantasía histórica se tratase) y una historia de pura soledad y geometría visual: todos los planos son fijos, aguantan la imagen entre 20 y 40 segundos y cuentan el día a día de los escasos personajes en casi hora y media. Se mezcla la fantasía, la realidad, la conexión espiritual y el afán por trasgredir las normas de la fidelidad gestual. Los dos personajes se miran, no se tocan, casi no hablan y dilapidan la imagen del deterioro como si de murales de la antigüedad se tratasen, posándose frente a nuestros ojos como pequeños trazos desgastados. A esto, añádele una gota de descomposición en las vídeo-instalaciones que se superponen a las historias. Una luz, diez palabras y el concepto de padre (“aíta”, en euskera) arañan una historia que se coloca en la perspectiva más desconcertante que nos ha regalado en los últimos años la mencionada La soledad, la reciente Finisterrae, de Sergio Caballero, la aplaudida Canino (por esa cuota de técnica desatornillada) y los pasajes más realistas y profundos del aspecto de los personajes profundos de aquella Viridiana de Buñuel. Siempre salvando las distancias y sabiendo que Aita es un film tan difícil de digerir como aquellas piedras que aún tienes en la garanta. Pero que, a la larga, acabarán sabiendo bien.

Aita

+ INFO

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Director: José María Del Orbe

G�nero: Cine independiente

Reparto: Luis Pescador y Mikel Goenaga

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Guión: José María de Orbe y Daniel V. Villamediana
Fotografía: Jimmy Gimferrer
Productor: Luis Miñarro y Roger Torras

Estreno: 12.11

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Venta de entradas: www.entradas.com