15 noviembre, 2010. Por

Luis Miñarro

Mi trabajo es fruto de una revelación
Entrevistamos a Luis Miñarro, piedra angular del cine independiente español
Luis Miñarro

Lo cierto es que le abanderamos como uno de los responsables de los discursos y prácticas independientes en materia de cinematografía en España, pero eso es sólo una etiqueta. Pero más cierto es que Luis Miñarro, coherente y entusiasta, es una de las rara avis que permite que personas como tú y como nosotros disfrutemos de más cine arriesgado, con sello, de autor, con una actitud pacíficamente beligerante y las ideas muy claras sobre un sector que adolece la lobotomía propia del sistema y de la crisis actual. Nos sentamos con él, oficina con oficina, al aparato, para charlar sobre lo que mejor conoce: el cine independiente.

Notodo: ¿Cómo definirías tu relación con el cine? Has trabajado como crítico en revistas especializadas y como jurado en certámenes, formas parte de instituciones cinematográficas nacionales e internacionales, has dirigido ya dos largos y producido desde tu empresa un buen número de películas. ¿Es todo vocación? ¿Cómo deambulas entre tantos roles? 
Luis Miñarro: Creo que el cine sólo se puede entender desde la pasión y la responsabilidad. Toda imagen cuenta y tiene que haber una ética en las imágenes. No vale todo. Una imagen tiene mucho poder y fuerza. Es casi animista, por lo que hay que ser responsable en lo que se convoca y en lo que se apoya. La única manera de poder dedicar tanta energía a algo cuya gratificación es relativa, es el entusiasmo. Es responsabilidad y coherencia aplicable en mi visión del cine y en los distintos roles. Es la misma perspectiva como jurado de un festival, produciendo una película de otros o dirigiendo tu propia película. 

NTD: ¿Cómo es de conveniente distinguir entre industria cinematográfica y sector cinematográfico, el negocio y lo comercial y lo artístico y eidético;  es algo que va con las industrias culturales en general o se vive especialmente en el cine? 
L.M.: Dentro del cine entendido como arte existe una conexión fatídica con lo que se entiende como industria. Esto ocurre en el cine más que en cualquier otra industria de las culturales. Desde que nació, por desgracia para el propio cine, se ha visto supeditado a la industria, puesto que se entendía como entretenimiento colectivo. Y esta ligazón con la industria es lo que ha sacrificado la evolución del cine a niveles de lenguaje como podía haber sido y que incluso haya podido modificar la visión del espectador como sí ha se ha podido hacer desde otras artes. Nadie se cuestiona la necesidad de un Miró, en cambio delante de una película muchos se cuestionan la necesidad de esa inversión, como si fuera algo que es para cuatro gatos. Hay cierta crítica que se arroga en dictaminar cuál es el cine que se habría de hacer y cuál no, cuando el cine ha de ser para todo tipo de espectadores. 

La ligazón con la industria es lo que ha sacrificado la evolución del cine a niveles de lenguaje

Si hay algo con lo que esté en contra es el pensamiento unicista y unidireccional y debe haber propuestas para todo tipo de espectadores y de formas de pensamiento. Por eso el cine sigue anclado, mucho de él, en un aristotelismo de principio, nudo y desenlace, casi de poner en imágenes un guión, una base literaria, una historia, como si fuera un cuento que te narran antes de dormir…, en lugar de investigar otros terrenos. Hay poco cine que investigue otros terrenos, por desgracia. Y esto es debido a la supeditación del cine a la industria. Hay dos maneras, por eso, de enfrentarse ante el hecho cinematográfico, una es desde el punto de vista de negocio, comercial e industrial: su razón de ser es producir beneficios. Y hay otra faceta que es el cine más artístico, artesanal, personal, donde hay mayor involucración del autor y el objetivo final no es conseguir beneficios comerciales. Quiere comunicar algo bajo otra perspectiva, que no es necesariamente la comercial. Hay una dicotomía entre la rentabilidad y la necesidad ideológica, de dejar una huella. Ésa es la gran diferencia. 

NTD: Dentro de la programación del Festival L’Alternativa, en la sección Panoramas, hablarás de los papeles de los agentes en el sector de la industria cinematográfica ¿Cómo ves el panorama actual especialmente de cara al cine independiente? 
L.M.: De alguna forma hay, como se dice, una dictadura de la distribución y de la exhibición (aunque el término puede ser equícovo), pero sí hay un engranaje, que es éste, que es el que decide qué van a ver los espectadores. Tienen grandísima responsabilidad en este sector, pero al moverse desde el punto de vista de negocio es más difícil que tengan la sensibilidad para apoyar cierto tipo de propuestas, que son las que necesitan de mayor defensa y cuidado porque si no quedan colapsadas por la abrumadora mayoría de películas comerciales, que salen con gran número de copias, que ocupan las pantallas y que salen en las fechas más interesantes. Hay una serie de factores que no podemos controlar los productores y realizadores. Tú entregas la pieza o película que has hecho a un tercero y es aquí cuando en España no hay la sutileza adecuada en estos momentos para poner la película adecuada en el cine adecuado en el momento adecuado. Desde luego, público hay, pero no hay canales normalizados para facilitarle ver este tipo de cine. 

Público hay, pero no hay canales normalizados para ver este tipo de cine

NTD: ¿Qué modelo propondrías? ¿Hay algún paradigma internacional cuya dinámica operativa te interese especialmente? 
L.M.: El francés, quizás. El caso italiano es parecido al de España. En Inglaterra se estrenan menos películas que aquí de estos formatos, pero cuando se estrenan se hace mejor. En Francia es donde se dan mejores opciones, son películas que no desaparecen de cartelera a la semana y cuentan con franjas horarias concretas y durante mayor tiempo, quizás porque hay otra predisposición delante del cine en Francia. El espectador está más preparado y también los distribuidores y los exhibidores. El problema de España es que es cada vez un país más inculto en términos generales o menos interesado por la cultura, que está quedando realmente en un terreno elitista. En definitiva la apreciación de las artes se genera desde que uno es pequeño, no se improvisa y en la educación no se considera esto en el sentido en el que no se ilustra o enseña sobre esto: se enseña pintura, escultura y arquitectura, pero en cambio no se habla del cine como arte cuando es la representación artística más adecuada del siglo XX- XXI, la más afín. Pero como no tiene la historia que tienen el resto, se relega y se deja al autoconocimiento, que está sesgado por la televisión, por los clips musicales, la publicidad…, por otras maneras de entender la imagen que son muy ajenas a los lenguajes cinematográficos, son más fruto de montaje que de creación directa a partir de las imágenes. La gente no tiene ni la predisposición, ni la paciencia de sentarse delante de un tipo de cine que requiere una mayor implicación de ellos. Batallar con esto es difícil y si te ponen trabanquetas para que tu película llegue al público al que va dirigido…, pues lo que pasa es lo que pasa: que las películas más interesantes desaparecen muy pronto de la cartelera. 

Todo ahora fluctúa en función de rankings y números

Por suerte se revisitan en otros sitios: la filmoteca, los festivales…, afortunadamente también existen otros canales para llevar a ellas. Son películas que existen, aunque existen en voz baja. Quedan para descubrir, para acceder a ellas de otras maneras que no son las tradicionales. Pero como todo ahora fluctúa en función de rankings y números…, aquí está la perversidad. Todo lo que no accede a un formato vistoso desde la perspectiva tradicional o industrial, qeuda en los márgenes y catalogado con cierto malditismo. Esta es la perversión del sistema: todo se mira por los números. Todo se basa en hechos cuantitativos y cualitativos.
 
NTD: ¿Qué responsabilidad tiene la crítica cinematográfica en todo esto? 
L.M.: La crítica también tiene un papel muy importante en esto. La escritura cinematográfica deja constancia en el tiempo de algo que no ha tenido una repercusión cuantitativa, pero sí como un registro cualitativo. Si de una película que haces no habla nadie, ni va a un festival, esa película no existe. Si hay un registro o crónica de lo que ha sucedido, se podrá revisitar y será un hilo del que tirar para llegar a la pieza y si la pieza es buena por sí misma encontrará su momento. No todas las películas son para el momento en el que se han hecho. Muchas tienen perspectiva de futuro. Lo que le ocurre al cine es lo que le ocurre a la sociedad en general y a través de lo que se nos impone como globalización se produce es la concentración de un poder en unos pocos y el resultado es la pérdida de la individualidad y el contraste. El pastel se lo reparten menos y esos pocos podrán hacer lo que ellos quieran: un producto masivo y alienador. Y los demás, que queremos un tipo de cine más libre, lo vamos a tener más difícil. La voluntad es borrar el contraste. Es así de trágico y por eso el cine tiene responsabilidad como ventana de opinión, como factor de resistencia a la impostura. 

El cine tiene responsabilidad como ventana de opinión, como factor de resistencia a la impostura

NTD: ¿Qué papel tienen los festivales dentro de este circuito? 
Los festivales son, en ocasiones, la única ventana para visibilizar ciertos títulos, la única posibilidad de darles carta de naturaleza, de existencia. Son de vital importancia. Y por suerte están gestionados por gente inteligente que lucha por esto, que son también apasionados y cinéfilos. De ahí la necesidad de que estos canales se mantengan, aunque les pondrán dificultades para acabar y llegar al pensamiento único. A todos nos va a costar todo cada vez más. 

NTD: ¿Hay algo que eches de menos del negocio publicitario, más allá del dinero de las marcas? 
L.M..: Como ideología no echo nada de menos de la publicidad, aunque lo importante es cómo haces lo que haces, no lo que haces. Nadie podemos ser tan puristas de quedar al margen de ser unos colaboracionistas del sistema. Pero en la manera en cómo se resuelven las cosas, ahí está la verdad. La publicidad me sirvió inexcusablemente para poderme iniciar a hacer cine. Después de siete años haciendo publicidad tuvimos los recursos suficientes para hacer la primera película producida por Eddie Saeta: Cosas que nunca te dije, de Isabel Coixet. No contó con la ayuda de nadie a priori y luego la gente se quiso apuntar el tanto, pero de entrada no tuvo ayuda ni del ICA ni nada, luego se vinieron incorporando. La publicidad es una industria más saneada que el cine, es un escenario más claro: una herramienta del sistema donde, es cierto, hay muchísima gente con talento. Pero el caso del cine está contaminado por factores y procesos y al final el productor queda perdido entre una maraña de intermediarios. El cine no es un negocio rentable. 

NTD; ¿Qué es lo que más valoras del cine independiente como productor y como espectador? (Si es que no es lo mismo). 
L.M.: Pienso que, de alguna forma, lo que hago representa a un tipo de cinéfilos o de espectadores que necesitan de este tipo de lenguaje o películas. A mí se me ha concedido el poder como por delegación. Aunque lo ponga en marcha siento que no sólo soy yo sino que es mucha otra gente anónima que está detrás y que está pidiendo esto. Me han hecho abanderado de esto, me habéis hecho abanderados de esto. En mi responsabilidad lo que suelo hacer es dejarme llevar por la intuición porque en la intuición está la verdad. Es como una revelación, en otras palabras y aunque pueda parecer absurdo. (Risas). Así es cuando elijo un proyecto: hay algo en mi interior que dice esto sí o esto no. Y puede, no por un guión, sino por el por el individuo que me trae el proyecto, por la manera en que lo vive, por lo que me sugiere el argumento. Por cantidad de factores poco definibles por la mente. Sí, el cine que promuevo es fruto de una revelación. 

Lo que suelo hacer es dejarme llevar por la intuición porque en la intuición está la verdad

NTD: Como productor, ¿dónde está el mayor reto a la hora de conseguir sacar adelante un filme de estas características? ¿Quién suele apostar por estos proyectos, cómo buscas la financiación? 
L.M.: Yo intento convencer a todo el mundo factible que pueda intervenir: desde el Ministerio de Cultura, al Instituto Catalán de las Industrias Culturales, a las televisiones públicas, la televisión generalista española (TVE), la autonómica (TV3), etc. Es cierto que cuando empecé a tener una carrera más desarrollada en el cine (hace diez años, con un volumen de películas interesante) estas herramientas funcionaban de otra manera y casi podías tener la ayuda de estos cuatro elementos para el cine de autor. Este puzzle se ha desbaratado totalmente y en el mejor de los casos de estos puedes tener dos. Por eso es importante hacer películas con menor riesgo financiero porque las cosas cada vez son más difíciles. Los instrumentos habituales que sustentaban este tipo de cine están fallando. Y como la cultura no es un convencimiento de los gobiernos democráticos y es concebida como maquillaje del sistema y cuando hay dinero muy bien, pero cuando no es lo primero que se puede eliminar y cortar porque no hay convencimiento propio de la necesidad, pues puede ser que en el futuro se pueda sufrir más. En esto no puedo ser optimista: el mantenimiento de este tipo de propuestas en el futuro inmediato. Lo que intento es que cuando creo en un proyecto: echar para delante. A veces se soluciona con una venta internacional, otras veces pidiendo screenings a festivales internacionales, otras veces esperando recuperar algo del DVD, pero lo cierto es que es todo muy precario y al final lo que consigues es que, ni pierdas ni ganes. 

NTD: En Barcelona siempre habéis tenido iniciativas interesantes alrededor de lo audiovisual, como, por ej., La Fàbrica de Cinema Alternatiu y L’Alternativa o como las que ofrecían 100.000 Retinas (con CineAmbigú y BAFF) o ahora Cinemart, Mad y el Festival Punto y Raya u OVNI (Observatorio de Vídeo No Identificado). En Madrid también tenemos lo nuestro, pero el panorama es distinto. Sin que nos guste la generalización, ¿dónde crees que radican las diferencias esenciales en materia de cine (no sólo alternativo) en ambas ciudades? 
L.M.: Las generalizaciones siempre son odiosas, pero sí hay visiones diferentes del mismo hecho. En Madrid hay una industria más robusta desde el punto de vista empresarial que tiene la mirada puesta en el oeste, al otro lado del Atlántico. Es una mentalidad atlantista y sucede también en política. Es fruto del centralismo. Miran más el cine norteamericano como paradigma y se hace un producto industrial mirando como ideal el cine norteamericano. Películas como Celda 211 o thrillers que intentan hacerse como producto autóctono, pero con ese tipo de mirada. Es la mirada para la que se cree la rentabilidad, porque se acerca al patrón. Sin embargo en Cataluña, que la industria es menos robusta y el tipo de productores que las gerencian tienen una sensibilidad más independiente en este sentido, miramos más hacia al este. Es más europeísta y se mira más a lo que se hace al país vecino: en este caso Francia. Son dos sensibilidades y no es cuestión de rivalizar nada, es reconocer que hay un tipo de mirada diferente delante del mismo fenómeno. Por eso se hacen más películas de tipo documental y se conecta más con el público europeo. Esto responde más a la idiosincrasia de las empresas que están en uno y otro lado. 

Se puede hablar de un cine catalán, pero no de un cine madrileño, que es ya un cine español

El cine que se hace aquí es quizás más de boutique, que tiene resultados menores, se hace con menos dinero y responde a otros intereses y no tan de El corte inglés. Se puede hablar de un cine catalán, pero no de un cine madrileño, que es ya un cine español, pero por lo que se le ha adjudicado a Madrid para representar a España. Por eso Madrid, como identidad, sale perdiendo por tener más cargas de todo tipo para representar al país. 

NTD: ¿Qué nombres nacionales e internacionales te interesan para poder trabajar con ellos? 
L.M.: Me encantaría trabajar con Jia Zhangke, el de Naturaleza muerta, que es un realizador que he seguido, como con Apichatpong, con el que ya he trabajado y volvería a trabajar si se me presentase la oportunidad. Hay una serie de realizadores que he conocido viendo su obra y si el destino me trae la posibilidad de trabajar para ellos, como ya me pasó con Oliveira, lo haría si tengo la capacidad y puedo ofrecerles respuesta. Entre estos estaría Jia Zhangke, Tsai Ming Liang, Hong San Soo, también Gordard (risas), Lucrecia Martel. También me gusta mucho el cine portugués, además de Oliveira, João Botelho y algunos jóvenes realizadores como Pedro Costa, Teresa Villaverde y, sobre todo, João Pedro Rodrigues, del que se hizo una retrospectiva en la pasada edición del Festival de Las Palmas. Después, en España ya intento trabajar con quien más me gusta y no quiero superar las dos películas con cada uno de ellos. Lo hice con Albert Serra, hice alguna con Guerín, haría otra…, pero no más de dos, porque metiéndome más con ellos cierro puertas a mi propia diversidad como productor, porque también aprendo de cada uno de ellos. La vida es un entrenamiento permanente. Hay un tío que me fascina que se llama Guy Maddin, del que vi algo en San Sebastián gracias a una recomendación de Geraldine Chaplin. Y también Noemi Kawase…, hay mucha gente interesante, pero es inabordable para una productora como la mía que conmigo somos 5 personas. Podemos hacer un par de proyectos al año. Los últimos años han sido cuatro y ya es una auténtica locura. De hecho esto quiero moderarlo porque también quiero disfrutarlo. 

NTD: ¿Qué opinas del sector crítico en materia de cine en España? ¿Hay alguna publicación que te interese especialmente? 
L.M.: Yo leía Nuestro cine y Triunfo de joven para hacer un seguimiento de la crítica. Ha llovido mucho y el mercado es otro. Lo que me parece más interesante es Cahiers du Cinéma España. Antes había una revista con poco recorrido que es Letras de cine, que sí creo que sigue en la red. La crítica es fundamental para el cine que yo produzco. Una mala crítica sobre una película comercial no es tan dañina como para una película independiente, que teniendo una mala crítica puede ser muy lesiva. Si además el crítico se arroga en decir lo que tiene que existir o no y lo que el Ministerio de Cultura tiene que apoyar o no…, puede ser muy demoledor y más en medios importantes. La crítica y ha de ser responsable y en España, por suerte, hay críticos muy responsables y bien formados que saben extraer lo mejor de las películas, pero también hay un tipo de críticos en los diarios más generalistas que actúan con frivolidad y con espíritu cainita hacia el cine español que muestran una irresponsabilidad para con lo nuestro. No se confía en lo nuestro. Es sorprendente y es triste, porque la carnaza no es para diarios, ya está incentivada. 

NTD: ¿Es melómano Luis Miñarro? ¿Qué música escuchas? 
L.M.: A mí la música, como la naturaleza, la meditación o una clase de yoga, me sirve para desconectar. Me puedo poner a Jessye Norman en el coche un día yendo al campo como a Cecilia Bartoli o a Chet Baker, que son diferentes entre sí, con los que encontraré un momento de asueto. 

Intento no quedarme en la faceta documental y proponer un artefacto para la propia meditación

NTD: En tu faceta como director, ¿qué necesidades tienes cómo narrador? ¿Qué necesidad de discurso? ¿Cómo han nacido tus dos proyectos largos, en este sentido?
L.M.: Las dos películas se han producido de forma muy sencilla, natural y poco traumática (menos que lo que hago para otros) porque son autogestionadas, con pocos medios económicos y hechas desde el corazón las dos: una porque es como una carta de amor a mis progenitores, que es Familystrip. Y otra (Blow Horn) porque es un regalo para unos amigos míos que tuvieron el coraje de desaparecer durante tres años y medio para del mundanal ruido para cambiar sus vidas y yo hice el seguimiento a su viaje a la India. Yo lo que hago es no quedarme en la faceta documental y proponer un artefacto para la propia meditación. Que durante la hora y media que estás en el cine: calmes la mente, esto subyace a la segunda propuesta. Las dos han nacido de algo que me es próximo y las dos se realizaron de forma muy espontánea en su realización y algo más madurado en los periodos de montaje. Me satisface porque es como mi diario personal, pero en imágenes. Si tengo la oportunidad de reflejar algo que me sea próximo y personal lo haré. Está abordado con la más absoluta sencillez con el espíritu de compartir con aquel que me conozca o simplemente quiera compartir conmigo dos experiencias personales. La tercera, cuando venga, ya se verá lo que es, ahora estoy embarcado en sacar adelante: La mosquitera, Aita, la de Apichapong y la de Oliveira, para la que no tengo distribuidor aún y que quisiera estrenar a principios de año. No tengo prisa en las cosas como productor ni necesidad de demostrar nada como realizador, pero sí quiero expresar en momentos oportunos lo que quiero transmitir. 

NTD: ¿De L’Alternativa qué nos dices? ¿Qué te interesa de esta edición? 
L.M.: De  L’Alternativa no podré ver todo, pero me interesa mucho lo de Alexandre Kluge, Arturo Ripstein, será interesante ver qué es cine mexicano y qué no, ahora con toda eclosión de Beautifuls. Se pasarán varias mías, entre otras Finisterrae, que ya nació maldita en su distribución (sólo se pasó en dos cines en toda España). También me interesa Raymond Depardon, alguna película rumana que también quisiera ver, creo recordar, y otras que no conozco. Sí, un programa muy coherente y responsable. Una propuesta muy necesaria para dar a conocer y que aquí no han visto. Hace una función que si existiera una normalidad en los circuitos tradicionales la deberían haber hecho otros, pero está muy bien que estas chicas tengan el coraje de echarlo adelante ya con la edición número diecisiete.

Luis Miñarro

+ INFO

Nombre exposici�n: NULL

Director: NULL

G�nero: NULL

Reparto: NULL

NULL

NULL

NULL

Estreno: NULL

Direcci�n: NULL

Cu�ndo: NULL

Precio: NULL

Venta de entradas: NULL