20 diciembre, 2016. Por

Cine Español 2016 (I)

Las mejores películas del año, tierra adentro: del 10 al 1
Cine Español 2016 (I)

<<Del 20 al 11>> / <<Del 10 al 1>>

10. 1898. LOS ÚLTIMOS DE FILIPINAS, de Salvador Calvo
A pesar de su evidente y comprobable pulso para la narración audiovisual de corte televisivo, Salvador Calvo ha sabido redimensionar aquel episodio de nuestra historia. Y es que a través de aquel retrato biográfico consigue plantear una serie de reflexiones acerca de la relación entre la persona y su patria; pero también consigue imponer, a la vez, una profunda crítica social y un ritmo de thriller de acción y aventuras en una especie de Gran Hermano filmado, centrado en la convivencia de aquel destacamento marginado por su país en plena pérdida colonial e implosión de España. Todo ello, contenido en poco más de hora y media que nos traslada con velocidad, desarrollo y empatía a una profunda reflexión sobre la solidaridad, la empatía, el orgullo, la negación, la soledad, la incompetencia, el arraigo o el carácter incorruptible que guarda mucha relación con aquel Mito de la caverna de Platón. [LEER MÁS]

9. UN MONSTRUO VIENE A VERME, de J.A. Bayona
Reducir Un monstruo viene a verme a simple artículo cinematográfico para la lacrimoginia no sólo es mentira, sino que es injusto: Bayona ha firmado su mejor película hasta la fecha; una superproducción española tratada estéticamente como el mejor cine de Hollywood, en la que tira de fábula en la historia de Patrick Ness (que reescribe su novela en un guion adaptado con todas las papeletas para ganar todos los premios), pero también con un equilibrado equipo interpretativo. [LEER MÁS]

8. JULIETA, de Pedro Almodóvar
Julieta acaba confinando un relato que abre una nueva vía narrativa para Almodóvar, una nueva madurez (y van…): menos humor, un drama más intenso, contenido, sin dar volantazos inter-género, deconstruyendo las soledades, desarrollando diferentes tipos de rencor, cediendo ante el silencio, relatando las soledades desde una monumental oda al dolor con mucho de tragedia griega, sin centrarse en las bajas pasiones, sino en las vicisitudes y contradicciones de nuestras decisiones. [LEER MÁS]

7. TORO, de Kike Maíllo
Toro consigue reunir un tonel de gags del thriller de acción, del western urbano, contemplativo y de mirada recta, con unos personajes poseedores de una singularidad, una personalidad y un carácter que logran combinar un cóctel perfecto entre el thriller asiático (de Jeon Jun-hwan a Bong Joon-ho), los alegatos callejeros de los Brian De Palma y Martin Scorsese de los años ’70 y ejercicios contemporáneos en donde podemos ubicar perfectamente al personaje de un Mario Casas de una fortaleza brutal, de un poderío para las escenas de acción y los planos-detalle únicos y la capacidad de saberse tan brutalmente feroz como cómplicemente romántico, como podía ser el Ryan Gosling de Drive (de la que Maíllo coge la estética urbanita, la nocturnidad, los escasos diálogos, las escenas en coches…) y el andalucismo mafioso que Alberto Rodríguez imprimió hace unos años en la espectacular Grupo 7. [LEER MÁS]

6. FRÁGIL EQUILIBRIO, de Guillermo García López
Las historias más dramáticas no son las que extreman a través de una narrativa superficial y exagerada algunos de los dramas de ficción que llegan al circuito de salas comerciales, sino la realidad, pura, cruda y dura. Guillermo García López ha decidido servirse de la verdad de tres historias de contradicciones que se desarrollan en distintos puntos del planeta, con contextos y entornos tan diferentes como Madrid, Japón y el Monte Gurugú. Tres demostraciones de que el fallo de sistema está sobrepasando todos los límites, y un ejercicio que invita a la crítica a la reflexión y, sobre todo, a la reconstrucción de un mundo cada vez más deshumanizado (o demasiado humano).

5. QUE DIOS NOS PERDONE, de Rodrigo Sorogoyen
Enfrentarse a Que Dios nos perdone no significa solo sentarse en la butaca para ver un thriller policiaco pasar. El nuevo film de Sorogoyen se sirve de este género comercial, y con una mayor producción que su anterior Stockholm, para reflejar temas tan profundos como la violencia y la soledad en una ciudad a rebosar. Quizás es por eso que a medida que pasan los días, el entretenimiento da paso a la reflexión y el profundo trabajo que hay detrás sale a flote. [LEER MÁS]

4. KIKI, EL AMOR SE HACE, de Paco León
Kiki, el amor se hace es una película luminosa, sensible, con un punto irónico pero, sobre todo, con la suerte de encontrarse bajo la mirada de un buen observador. Podría echarse de menos cierta profundidad en las historias, partimos de la base de que nace de un planteamiento impuesto y que quizá sea ahí donde haya que poner la duda. Paco León co-escribe el guión (primera vez que no se enfrenta solo a la esctritura) con Josh Lawson, guionista y director de Little Death, la película original, y con Fernando Pérez, guionista esencial de Aida, donde se conocieron. [LEER MÁS]

3. TARDE PARA LA IRA, de Raúl Arévalo
Corría muchos peligros de estilo Arévalo al enfrentarse a un film con dos referencias claras: el cine quinqui con aires al Carlos Saura de Deprisa, deprisa; el western crepuscular de Sam Peckinpah y allegados; y el cine neo-noir, de antihéroes a la francesa, de perdedores ante su último grito redentor.

Sin embargo, el hasta ahora actor esquiva todo ello haciendo una ensalada personal, sin caer en la incomprensión de los guiones sin sentido como en No habrá paz para los malvados. Para ello, da a luz una suerte de cine neoquinqui, colándose en las profundidades del extrarradio madrileño (se dice que es Aluche), jugando al mus en los bares, gastándose la vuelta en las tragaperras y visitando los gimnasios en derredor de los parques; dejándonos las referencias antes mencionadas, pero también perfilando un thriller sombrío, de diálogos escuetos, de miradas poderosas, de tempo trepidante: una road movie por sorpresa, una Gomorra sin droga, un True Detective sin amistades, un Taxi Driver de desguace, un viaje a las profundidades de la venganza, una especie de A sangre fría a toda velocidad con una corte de intérpretes en una de sus indudables cimas expresivas. [LEER MÁS]

2. ESA SENSACIÓN, de Juan Cavestany, Pablo Hernando y Julián Genisson
No sé si Esa sensación tiene un sentido más claro o simplemente es que, como espectadores, ya no nos resulta tan desconocido el terreno que pisamos. Se mantiene el desaliño, el feísmo visual y su carácter de producción low cost. También lo que indica el título, una especie de fuerza superior que lleva a los personajes a transgredir las convenciones sociales y las normas de comportamiento pero no con un ánimo consciente de ello. No son revolucionarios, sino víctimas de algo que no pueden evitar. Ni quieren, ya que esas pulsiones acaban por convertirse en adictivas pese a generar situaciones de altísima incomodidad, entre lo hilarante y el posterior rictus malrrollero de no saber qué es lo que está pasando ni por qué. Algo así como el momento en que asumes tu indefensión ante el desconcierto. [LEER MÁS]

1. LA PRÓXIMA PIEL, de Isaki Lacuesta e Isa Campo
No hay nada que ponga más en jaque al espectador que hacerse preguntas. Y La próxima piel hace muchas, todo el rato, sin parar, desde que empieza hasta que acaba. Algunas de ellas pueden ser: ¿Es o no es el niño perdido? ¿Reconoce a su familia? ¿Su familia lo reconoce a él? ¿En quién confiar cuando empiezas de cero? ¿Cuáles son los mecanismos de la memoria para acordarse y olvidarse selectivamente de cosas? ¿Qué ha hecho el tío para llevarse tan mal con el chaval? ¿Qué ha hecho el chaval para llevarse tan mal con su tío? ¿Qué tipo de trauma puede mantener durante casi una década a un niño ausente de recuerdos fundamentales en su crecimiento? ¿Es necesario que un hijo lo sea con lazos sanguíneos si se va a querer de igual manera? ¿Existe la capacidad de construir una vida aunque sea inventada? ¿Hasta qué punto la vida simulada es menos real? ¿El daño es menor si es compartido? La próxima piel parece una entrevista exhaustiva y en profundidad sobre los conflictos de la identidad y la memoria. Un edificio harto complejo que invita al espectador a crear su propia aventura, a construir sus propias respuestas, sin necesidad de que Isaki Lacuesta e Isa Campo completen la suya propia. [LEER MÁS]

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