6 junio, 2018. Por

Cine de Nueva Zelanda

Hay vida allí más allá de la ‘haka’ de la selección de rugby
Cine de Nueva Zelanda

Como le sucedió a Jorge Berrocal en aquella icónica y sociológica primera edición de Gran Hermano, parece que al cine neozelandés alguien le pusiera la pierna encima para no poder avanzar mucho más allá que las pantallas de sus fronteras. Por eso la Casa Asia (aunque ya sabemos que Nueva Zelanda está en Oceanía: suponemos que ellos, también) ha decidido organizar un ciclo del cine reciente de aquel país.

Porque hay una Nueva Zelanda más allá de la haka de su equipo de rugby, de la numerosa minoría maorí e incluso de esa especie de plató natural en el que se convirtió en los últimos años, gracias a la inmensidad de unos paisajes que sirvieron como escenografía perfecta para películas como El señor de los anillos, Las crónicas de Narnia o El Hobbit, entre otras. Y es que el país oceánico, tan multicultural y avanzado como con una producción de cine rica, propia y que aborda cuestiones que van desde la temática rural a la más urbana, aterriza ahora en el Círculo de Bellas Artes entre este jueves 7 de junio y el próximo martes 26.

Serán seis títulos los que podremos ver. Películas, todas ellas, estrenadas entre 2002 y 2016. Desde una Hunt for the Wilderpeople que explora el cambio de lo urbano a lo rural de un rebelde preadolescente; hasta una feminista The Great Maiden’s Blush que narra la historia de dos madres primerizas solteras; una The Dark Horse que narra la singular y conflictiva vida del jugador de ajedrez Génesis Potini; una Boy que nos traslada a la nostalgia de 1984, pero más concretamente a las aventuras de un niño de 11 años en una comunidad rural; una Whale Rider que profundiza en la vida de una tribu aborigen; y una A Flickering Truth que narra la historia de un grupo de cinéfilos que se dedican a restaurar las miles de horas de rodaje que los talibanes destruyeron en su ocupación del territorio afgano.

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