29 marzo, 2017. Por

El cine after indie

El cine independiente estatal quiere dejar de ser minoritario
El cine after indie

La tierra es plana, el hombre nunca ha pisado la luna y el cine independiente español tiene la misma calidad que un trabajo de final de carrera. La ignorancia se desplaza por el aire a una velocidad que despeina. Y después sucede lo que sucede. Por ejemplo, que Carla Simón gana el Premio del Público en la Berlinale y la Biznaga de Oro en el Festival de Málaga con Verano 1993 y que eso no sea suficiente para asegurarle un mínimo de público cuando se estrene próximamente en los cines españoles.

Pero más allá de estos elegidos que ven recompensado su trabajo a través de unos premios que les traen su temporal y tenue gloria mediática, hay desiertos y desiertos de falta de atención repletos de creadores, productoras, distribuidoras y festivales de calidad con muchas ganas de tirar adelante un tipo de cine que nace de las tripas. Y, aunque escasas, a veces se escuchan –o quizá debería dejarlo en un ‘se oyen’- unas voces desde el más allá que claman a los cuatro vientos un poco más de oferta de cine independiente en las salas de las ciudades –en los pueblos ya se da por imposible ir más allá de Crepúsculo y Cincuenta Sombras de Grey-. Se dice que provienen de unos espectadores que andan todo el día con una brújula enloquecida de tanto vacío espacial que difícilmente consigue llevarles a sus destinos cinéfilos.

“Para entendernos: el Canal+ de aquella época apostó por mi ópera prima invirtiendo 120.000 euros. El responsable de Canal+ era el memorable Pérez Estremera. Hace cuatro días, en Movistar me ofrecían 12.000 euros por mi octava película -¡suerte que rechazamos esa oferta!-. Creo que estas cifras bastan para explicar cómo han mutado los programadores del país, y para explicar que ahora me hubiera sido imposible debutar haciendo Cravan vs Cravan. Una cosa muy importante fue que alrededor de la primera edición del Máster en Documental de Creación que hice en la Universitat Pompeu Fabra se creó un modelo de financiación que por desgracia duró muy poco tiempo», cuenta Isaki Lacuesta, cineasta catalán que con su última película, La próxima piel, recientemente se ha hecho con tres Premios Gaudí –incluido el de mejor película- y un Goya.

Ya había ganado una Concha de Oro a la mejor película del Festival de San Sebastián con Los pasos dobles, la cual no pasó de los 7.000 espectadores en las salas. Por eso alguna vez ha llegado a afirmar que “nuestro público son tan pocos que hasta les conocemos” y que “los principales críticos de cine en España denigran e ignoran, de forma sistemática, el cine de autor o experimental”. Su productora es Termita Films, creada por él mismo junto con la guionista Isa Campo. “A la gente se la echó del cine. Por eso costará que vuelva y habrá que hacerlo espectador a espectador. Seguimos perdiendo espectadores pero los países de nuestro entorno los ganan. Nosotros sobrevivimos, esa es toda nuestra ganancia”, explica Felipe Lage, director de Zeitun Films, una productora con un fuerte compromiso social y cultural que ha producido la elogiada y sí, rara, Mimosas.

Alberto Vázquez, director de cine de animación que tiene tres Goya en su palmarés hace poco explicaba en La Vanguardia que cuando va por Europa y explica los presupuestos que tiene el cine español, allí alucinan. “El cine en Francia tiene un soporte de 700 millones de euros. En cambio, en España no pasamos de los 50 millones. El recurso de las subvenciones está muy mal planteado. Tienen que haber incentivos para que entre la empresa privada. El cine es arte, pero también es negocio e industria, crea puestos de trabajo y mueve muchísimo dinero”. Las estadísticas de asistencia a las salas para ver películas españolas en lo que va de año no son para salir a celebrarlo con un gin-tonic. A 2 de marzo el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte daba los siguientes números: Contratiempo (3.655.269 euros y 554.573 espectadores), Es por tu bien (1.604.678 euros y 241.735 espectadores), Lo que de verdad importa (1.549.341 euros y 244.084 euros), Los del túnel (1.088.424 euros y 179.307 espectadores), Proyecto Lázaro (124.621 euros y 20.638 espectadores), Mimosas (54.788 euros y 9.269 espectadores), Nacido en Siria (20.682 euros y 3.952 espectadores), Teresa y Tim (13.474 euros y 2.304 espectadores), Callback (8.067 euros y 1.382 espectadores), Psiconautas: los niños olvidados (5.986 euros y 879 espectadores), Legionario (2.058 euros y 360 espectadores), El fin de ETA (1.596 euros y 304 espectadores), Fátima o el parque de la fraternidad (1.477 euros y 264 espectadores) y Bigas x Bigas (103 euros y 22 espectadores). Todas se pueden considerar independientes menos Contratiempo, producida por Antena 3 Films y distribuida por Warner Bros; Es por tu bien, producida por Telecinco Cinema y distribuida por Disney; y Proyecto Lázaro, producida por Canal+ España y distribuida por Filmax.

Hablamos de un país en el que su presidente admitió que no había visto ninguna de las películas nominadas a los premios cinéfilos de más renombre en el territorio que gobierna –aunque desconozco si esa tiene que ser una de las funciones del presidente de un país-. “Nosotros como sala de cine no recibimos ninguna ayuda institucional. De hecho, la ley del cine que rige en España desde 1987 no contempla ningún tipo de ayuda ni subvención para el ámbito de la exhibición. Todo es aportación privada y autofinanciación con la recaudación de taquilla, la cual hay que repartir entre la sala, el gobierno -21% IVA- y la distribuidora que te da los derechos de la película”, explica José Luis Palacios, co-directivo de la madrileña sala Artistic Metropol, que se ha puesto como objetivo dar a conocer cine independiente o de autor, cine de pequeña distribución, re-estrenos de películas que quitan rápidamente de otras carteleras y otras experiencias cinematográficas que incluyen cine mudo con piano en directo, conferencias o cine de serie B o Z.

La ley, en cambio, sí que permite que otros proyectos relacionados con el mundo cinematográfico reciban subvenciones. Algunos de ellos han salido del ingenio de unos emprendedores que han exprimido su cerebro para sacar adelante el cine independiente entre las rendijas de la prisión del contexto donde vivimos. Es el caso de Youfeelm, un proyecto que a través de una comunidad colaborativa reúne a espectadores, creadores, productoras, distribuidoras y cines con el objetivo de que cualquier persona o grupo pueda proponer eventos con sus películas favoritas en el cine y horario de su elección, o unirse a los ya publicados y contribuir a que salgan adelante apoyando la campaña, que en muchos casos incluye coloquios con miembros del equipo de la película. “De esta forma, que llamamos la cinecracia, llega al cine de muchas localidades contenido que quizás no se vería en otra circunstancia: desde clásicos como ‘El crepúsculo de los dioses’ a películas de culto como ‘La historia interminable’, pasando por cine independiente de estreno con documentales como ‘Nacido en Siria’ o ficción como ‘Ira’”, explica Esperanza Moreno, socia cofundadora. Cuentan con el apoyo del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. “Una buena parte de la labor de Youfeelm se centra en ser una herramienta y espacio para que nuevos talentos u obras inéditas cuenten con una ventana y un motor en la que mostrar su trabajo y crecer, y que esos tesoros, que a veces se encuentran escondidos, puedan ser descubiertos por el público”, añade. En poco más de año y medio han conseguido organizar con éxito más de 150 eventos, con una asistencia acumulada por toda la geografía nacional –actualmente cuentan con 80 salas en su red- de más de 20.000 personas.

También Screenly, una plataforma que permite a cualquier persona o entidad la organización de proyecciones bajo demanda en salas de cine, a través de un peculiar sistema que mezcla crowdfunding y ticketing, lucha para sacar a flote el cine menos comercial. En su caso recibió subvenciones del Ayuntamiento de Barcelona durante la creación del proyecto y su desarrollo tecnológico para tirar adelante. “Si hay demanda suficiente, si la película consigue implicar a los espectadores suficientes reservando entradas anticipadamente, los eventos Screenly se llevan a cabo como una proyección comercial al uso ocupando esas sesiones con menos rentabilidad para los exhibidores, que suelen ser de lunes a jueves”, cuenta Marc Prades, socio cofundador. Los principales propósitos son ser una herramienta de autodistribución para películas con difícil acceso al circuito comercial, y a su vez ser punto de encuentro para aquellos espectadores que quieran hacer realidad esas proyecciones, participando con sus reservas de entradas o bien convirtiéndose en promotores e impulsores de los propios eventos con la película que decidan”. Llevan algo más de un año de funcionamiento y ya han realizado más de 100 eventos por todo el país, con casi 70 cines adscritos, cerca de 500 títulos disponibles y unas 15.000 entradas vendidas.

La situación actual también ha comportado que hayan nacido cines que se salen fuera de las normas habituales y que están dedicados a las películas independientes. Éste es el caso del barcelonés Zumzeig –donde antaño pude ver una película excelente como Jauja por la que no apostaron la gran mayoría del resto de cines barceloneses-, que después de cerrar durante un tiempo, volvió a nacer el pasado mes de noviembre como cooperativa. “Queremos ser una ventana única en Barcelona para un tipo de cine arriesgado y artísticamente valioso que de otra forma no llegaría a la ciudad”, explica Yonay Boix, uno de los socios. Aunque aún no disponen de cifras exactas de público durante esta nueva etapa, han apreciado una tendencia al alza. “El público, como nuestra programación y oferta, es muy variado. Desde cinéfilos de género, asociaciones culturales de mayores, jóvenes cineastas hasta familias que alquilan la sala para ver algo de forma privada el día de su cumpleaños con muchos niños. El público de taquilla por lo general está formado por jóvenes de más de 30 años con gusto por el cine interesante en versión original. Suele ser fiel a determinados eventos y ciclos. El cine independiente ha crecido muchísimo, lo que faltan son ventanas más allá de Internet”, dicen desde el Artistic Metropol. Tienen una media de 1.000 espectadores al mes que se reduce en los meses de verano y se incrementa en los de invierno.

Lo independiente no tiene por qué ser minoritario. De hecho, quiere y necesita no ser minoritario. Pongamos que a dos cineastas se les da mil euros por cabeza para que cada uno haga su película. Con ese dinero el primero consigue que su creación la vean un millón de personas; el segundo no logra que la suya tenga más de un centenar de espectadores. Resultado: los dos siguen perteneciendo al cine independiente. En un reportaje como éste es normal pensar en algún momento en el crecimiento que ha vivido la música independiente en España durante los 2000 hasta el punto de que muchos ya la consideren mainstream. ¿A causa de tener éxito? Seguramente es el argumento de muchos opinadores, pero lo que la ha convertido en mainstream –en algunos casos- es ver a grupos como Vetusta Morla firmando contratos con multinacionales como Sony para producir su próximo disco. En este caso sí que se puede asegurar, sin lugar a duda, que ellos han dejado de ser indies. Y no tiene por qué considerarse algo malo. Por curiosidad le pregunté al director del Zumzeig si era posible que un día el cine alternativo pasase por una situación como la que está viviendo la música alternativa. Escuetamente me respondió que es muchísimo más costoso hacer una película que un disco.

Desde que empezó la crisis económica han cerrado más de 400 cines en España. Sí, una cifra escalofriante. Aunque gracias al esfuerzo de muchas personas se han podido salvar algunos como los Renoir de Mallorca y de Majadahonda. Por ejemplo, en este último caso el proyecto acumulaba pérdidas de 100.000 euros anuales y el cierre parecía inevitable. Pero los trabajadores pidieron a los vecinos que se hicieran socios para formar una cooperativa que fundó la Asociación Cines Zoco Majadahonda, la cual no aspira a tener beneficios. La llamada a la acción funcionó y ya llevan cuatro años manteniendo la apuesta por el cine independiente en esta localidad del noroeste de Madrid. Consideran, y de momento funciona, que con 1.500 socios que abonen una cuota anual de cien euros el proyecto se puede sostener.

Esta idea nació precisamente del éxito de los CineCiutat de Palma de Mallorca, la reconversión del Renoir, que a través del mismo sistema lograron salvar ese espacio. Otra iniciativa interesante relacionada con el tipo de cine que nos ocupa fue la creación del Circuito de Cine Independiente, la red de salas de exhibición audiovisual en centros culturales públicos para atender la proyección de películas de calidad provenientes del circuito internacional de festivales y que no tienen distribución en las salas de exhibición del estado. Forman parte de este circuito la Cineteca Madrid, la Tabakalera de San Sebastián, el MUSAC (Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León), el Centro Cultural Internacional Oscar Niemeyer de Avilés, la Filmoteca de Culturarts IVAC de Valencia y el CGAI (Centro Gallego de las Artes de la Imagen).

Y después, claro, están las fiestas mayores del cine independiente: los festivales dedicados a darlo a conocer. En España hay diferentes ejemplos. El más evidente es el Festival de Gijón, que nació como un festival de cine infantil y juvenil, y que hoy en día premia lo mejor del cine independiente internacional. Otro festival español que para atención a los circuitos alejados del mainstream, aunque también tiene un amplio espacio para el cine comercial, es el único que hay aquí de clase A: el Festival de cine de San Sebastián. En los últimos años ha dado la Concha de Oro a películas independientes como Los pasos dobles de Isaki Lacuesta, Magical Girl de Carlos Vermut o la islandesa Sparrows de Rúnar Rúnarsson. “Siempre se ha generado cine independiente y siempre se generará. Siempre habrá un espacio para películas producidas al margen de la industria convencional. Ellas, a su manera, también son industria”, afirma José Luis Rebordinos, director del festival. Desde que él asumió la dirección en 2011 la asistencia de espectadores se ha incrementado en un 13%. La edición del 2016 tuvo 175.267. “Cuando las salas proyectan las películas que han estado en el Festival, intentamos apoyarles con estrategias de comunicación a través de las redes sociales”, añade. No hay que olvidar que también podemos disfrutar del Festival de Cine Sitges, considerado el festival más importante de cine fantástico del mundo, o el Festival de Málaga, dedicado al cine español e iberoamericano. En cambio, si nos quedamos en el sofá de casa contemplando la televisión convencional, incluyendo la pública que tan bien engrosamos con nuestros impuestos, será complicado que suene la flauta para que aparezca un miraje de cine independiente. “Las televisiones solo apoyan al cine español comercial. El resto molestamos, incluso a las televisiones públicas”, critica Felipe Lage.

Por otro lado, el año pasado 21 películas españolas tuvieron menos de un centenar de espectadores en las salas de cine. Esta cifra supone el 13% del total de películas españolas que se estrenaron en 2016. Evidentemente, todas ellas eran independientes. La que menos público tuvo fue Manolo Tena, un extraño en el paraíso, que tan solo reunió a 4 espectadores que comportaron una recaudación de 14 euros. Cualquier novela pésima autopublicada por un individuo antisocial multiplicaría estos ingresos. De todas formas, durante 2016 la asistencia a los cines para ver cine español se incrementó un 8% según la Confederación de Productores Audiovisuales Españoles (FAPAE), recaudando 106 millones de euros y obteniendo un 20% de cuota de pantalla.

¿Quién tiene la culpa de todo esto? “Para mí hay dos principales causas: una es que la maquinaria de distribución que Hollywood tiene en España está cada vez más engrasada y va camino del monopolio. Y la otra que vivimos en un país que desgraciadamente le da cada vez más la espalda a la cultura”, opina el director de Zeitun Films. “Ahora la industria del cine está más polarizada que nunca: o grandes presupuestos o pequeños presupuestos. La clase media del cine ya no existe tal como la habíamos entendido hasta ahora, se ha precarizado, igual que nos ha sucedido a casi todos en cualquiera de los sectores en los que trabajamos. Lo positivo del momento: nunca habíamos tenido tantas herramientas para revertir esta dinámica, sobre todo tecnológicas, claro”, consideran desde Screenly.

Pero para terminar estos párrafos que he convertido en un sendero de tristeza, en un paraíso del desencanto, voy a destapar un poco el aroma del frasco de la esperanza independiente. “El cine y el arte siempre encuentran su camino y su público y el futuro siempre hay que encararlo desde la positividad y, principalmente, trabajando muchísimo. En ese sentido, el cine independiente tiene todos los ingredientes para ser optimista y las pruebas de su éxito las tenemos en muchísimas cintas. La voz del cine independiente es una voz que, máxime en los tiempos que corren, debe erigirse como fundamental para nuestra sociedad y encarar su futuro de la mano de los cambios tecnológicos y de consumo que ya son una realidad”, nos deja olisquear la más indicada: Esperanza Moreno.

Quizá simplemente sea cuestión de estar atentos a los nombres que nos regala Isaki Lacuesta: los jóvenes Jordi Morató, Laia Alabart, Alba Cros, Laura Rius, Marta Verheyen, Elena Martín, María Pérez, Elena Molina, Txema Torres, Víctor Alonso y Roger Villarroya, o los ya no tan jóvenes Mar Coll, Oliver Laxe, Jonás Trueba, Santi Fillol, Lois Patiño y Eloy Enciso.

El cine after indie