8 junio, 2017. Por

Chupame El Dedo

Cuando la cumbia loca, el black metal y el doom experimental se dan la mano
Chupame El Dedo

De toda la vida de Dios se lleva diciendo que los extremos se tocan, que los que se pelean se desean y toda esa sarta de tontadas… que puede que sean ciertas. No será la primera ni la última vez que la idea de polos opuestos se dan la mano, un abrazo y hasta echan un polvazo macabro, como es el caso de Chupame El Dedo, dúo colombiano que invita a colisionar la cumbia y el death metal más ritual en un ejercicio en donde, en vez de fronteras, lo que existe es un túnel para viajar hacia los confines menos prejuiciosos de la mezcla de razas.

Pedro Ojeda y Eblis Álvarez quizá no sean nombres especialmente conocidos para vosotros si no estáis al tanto de lo que sucede en los márgenes de la música tropical underground colombiana. Pero quienes quizá sí os suenen más son Meridian Brothers y Romperayo, sus proyectos madre, a través de los cuales quizá se pueda entender más este artefacto de cumbia metalera, experimental, pérfida, salsera y oscurantista.

En Chupame El Dedo no hay ni guitarras con forma de estrella, ni pedales de distorsión extrema ni grandes paredes de amplificadores; pero tampoco hay maracas, acordeones, gaitas o guacharacas. Ojeda y Álvarez consiguen articular un sonido psicodélico y psicotrópico jugando con las modulaciones de las voces, las programaciones sintéticas y un serial de percusiones en el que los timbales, la batería y el octa pad consiguen cocinar esta ensalada repleta de ingredientes negros pero también de cables: tan cerca de propuestas como la de Grosgoroth o Meneo como de Los Pirañas, Meridian Brothers o Juana Molina.

De ahí que sus letras, entre sarcásticas y políticamente incorrectas (canciones como La Maté, No me coja la cola o Me meé en la zebra no le gustarían a la red de tuiteros españoles, dispuestos a despellejar a cualquiera que se salga del libro de estilo) comuniquen esa suerte de comunidad de etiquetas en las que “salsa”, “hardcore”, “latin”, “metal”, “noise”, “cumbia” o “experimental” se funden en esta coctelera sónica que sirve para bailar con parcas rojas y amarillas, pero también para agitar la melena como un jevorro noruego.

Chupame El Dedo