1 marzo, 2018. Por

Christina Rosenvinge

La que siempre hace lo que se supone que no tiene que hacer
Christina Rosenvinge

Cuando se supone que debía responder a las expectativas de aquel producto teen pop (Álex y Christina) se hizo rockera y macarra (Christina y Los Subterráneos). Cuando se supone que debía desarrollar una marca como rockera de autor se hizo actriz.

Cuando se supone que debía proseguir una trayectoria como compositora de pop de autor aprovechando el gancho de su imagen pública (sus películas o Cerrado) se pasó al indie de autor cantado en inglés con reminiscencias que van desde Nico a Sonic Youth y se va a vivir a Nueva York (Frozen Pool y Foreign Land).

Un hombre rubio habla de su padre; pero es solo un médium entre una mujer que, a sus 53 años, se pone a reflexionar sobre el seno familiar y esa cárcel de dureza y frialdad en la que acaban estando encorsetados algunos hombres en una sociedad heteropatriarcal y los modelos de representación que se les exige”

Cuando se supone que tiene que responder al enigma de la cantautora apátrida (Continental 62), regresa a España, conoce a Nacho Vegas, se pone a escribir otra vez en español y se erige como musa del indie español (Tu labio superior y La joven Dolores). Cuando se supone que tiene que seguir pariendo himnos de indie de autor melódicos y universales decide reiniciar su sonido y jugar a la canción experimental, política y reivindicativa junto a Refree (Lo nuestro).

Ahora, devenida en símbolo iconoclasta y en un momento en el que se esperaba que la sombra de Lo nuestro alumbre el camino de la experimentación y el feminismo, Christina Rosenvinge dedica un álbum a su padre y escrita desde “un yo masculino indefinido”, articulando un discurso con tanto de reivindicativo en la lucha de género (pocas artistas de su alcance arriesgan tanto en un momento tan sensible) como reflexivo en su mirada interior (analizar su propia genética y la relación con su padre).

Un hombre rubio habla de su padre, el danés Hans Jørgen Christian Rosenvinge; pero es solo un médium o un interlocutor entre una mujer que, a sus 53 años, se pone a reflexionar sobre el seno familiar, pero, sobre todo, de esa cárcel de dureza y frialdad en la que acaban estando encorsetados algunos hombres en una sociedad heteropatriarcal y los modelos de representación que se les exige.

Y lo hace con una forma bastante menos radical que la que implementó en Lo nuestro, volviendo al redil del sonido de Tu labio superior o La joven Dolores, pero dotado de una melancolía gris, de una suerte de banda sonora sobre un biopic nunca filmado, pero sí vivido: la vida de un hombre rubio al que miraba desde una cercana distancia, o una distante cercanía.

“Canciones como ‘La flor entre la vía’ suena a himno interior, ese que nos contesta por qué nunca va a hacer “lo que se supone que tiene que hacer”: ‘No soy de la estirpe de ese cazador / Que probó la sangre y le gustó el sabor’”

No es de extrañar que canciones como Ana y los pájaros o Berta Multiplicada suenen a clásicos inmediatos (algo que pasó con las canciones de Tu labio superior, cerca de absolutamente todas las facciones desarrolladas anteriormente); que El Pretendiente o Niña animal jueguen con texturas del rock de autor; que Romance de Plata se acerque al flamenco (punto de partida del álbum, y reacción hermana al romance que había escrito para Rocío Márquez: la espectacular Almendrita que la cantaora incluyó en Firmamento); que Pesa la palabra o Afónico jueguen con las cavilaciones de la frialdad indietrónica; que La piedra angular suene a sinfonía fetichista; o que La flor entre la vía suene a himno interior, ese que se permite contestarnos por qué Christina Rosenvinge nunca va a hacer “lo que se supone que tiene que hacer”: “No soy de la estirpe de ese cazador / Que probó la sangre y le gustó el sabor”. Y que lo digas.

Gira
03.03: Madrid. Joy Eslava (Escenario Eslava)
08.03: Barcelona. Sala Apolo
06.04: A Coruña. Le Club
07.04: Vigo. Radar Estudios
08.04: Vilagarcía de Arousa (Pontevedra). Salón García
02.06: Barcelona. Primavera Sound

Christina Rosenvinge