3 julio, 2017. Por

China Miéville

El escritor actual de ciencia ficción más imprevisible del panorama literario europeo
China Miéville

¿Qué sucede cuando se encuentran la literatura el pulp, el surrealismo, la ciencia ficción y la ucronía? Que nace un libro como Los últimos días de Nueva París, una heterogénea obra incluso para China Miéville, quizá el escritor actual de ciencia ficción más imprevisible del panorama literario europeo. El único hombre que ha ganado tres ediciones del Premio Arthur C. Clarke (2001, 2005 y 2010) regresa con un thriller que ancla su acción en la Francia de 1941 pero que proyecta su historia en dos líneas temporales; una en esos primeros años 40 y otra en 1951.

En 1941, en Marsella, en plena II Guerra Mundial, el ingeniero estadounidense Jack Parsons realiza un experimento en el que se desencadenan fuerzas psíquicas que trastocarán la historia del hombre. Influye en ello el encuentro de Parsons con la resistencia antinazi, de la que forma parte el surrealista André Breton.

Diez años más tarde Thibaut, un luchador adscrito al movimiento surrealista y a la publicación Main à Plume, busca alianzas para cambiar el rumbo de las cosas en un nuevo París alucinante, aprisionado en una inacabable lucha las tropas del führer y los resistentes. Si el sueño de la razón produce monstruos, a veces son esos monstruos los únicos que pueden devolver a la razón.

China Miéville es cualquier cosa menos un escritor predecible. La ciudad y la ciudad (2009), que será pronto una serie de televisión, o Embassytown (2011), son buenos ejemplos de una obra arriesgada y poliédrica. Como si Léos Carax hubiera filmado su propia versión de La conjura contra América, a Miéville le apasiona que sus lectores visualicen su mundo, onírico y fatalista. Si algo tiene de sobra el londinense es potencia visual. Su principal hallazgo son los ‘manif’, manifestaciones culturales (pinturas, esculturas, poemas, etc.) que se han convertido en entidades vivas y ambulantes.

Del gobierno de Vichy a las vanguardias y el arte combativo, o de Salvador Dalí a Ithell Colquhoun, Miéville arma un ambiguo teatro de fuerzas en pugna por el monopolio de la verdad y la historia. La solución está en el arte, o en un tipo de arte, o en las pesadillas del arte. Dedica extensas descripciones a los ‘manif’ y las cruza con referencias a las que a veces solo es posible seguir con la lengua fuera. No hay descanso para el lector. El apéndice de ‘notas’, en el que se explican y contextualizan términos, resulta de enorme ayuda. Los últimos días de Nuevo París es una excelente lectura para los amantes de ciencia-ficción histórica.

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