30 octubre, 2018. Por

Chicas Buenas

Entre ‘Mujeres desesperadas’ y ‘Breaking Bad’, tres superheroínas de barrio para una de las series más frescas del año
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Que Mujeres Desperadas sea uno de los primeros hitos como guionista de Jenna Bans, creadora de Chicas Buenas (estrenada en Netflix en julio 2018), se antoja una comparación demasiado evidente. Sí, a primera vista ambas comparten su ubicación en un remoto barrio residencial americano (en Detroit), unas protagonistas (ahora tres y no cuatro) que lidian gran parte del tiempo no solo con sus propios problemas sino con los que los demás les salpican y, además, un halo de intriga y corrupción adyacente al inofensivo ambiente de un supermercado como comienzo de la serie. Estos son, en definitiva, los ingredientes necesarios para que la sagaz ficción de Bans tenga todo y nada que ver con su predecesora.

En primer lugar Christina Hendricks (Mad Men, The Neon Demon) sobresale en un reparto sin fisuras, completado a la perfección por Mae Whitman (Parenthood) y la humorista y actriz Retta (Parks and Recreation). Cada una interpretando un papel tan bien perfilado con una personalidad y forma de ser tan únicas que es difícil no convertirlas en personas de carne y hueso; desde la madre joven y soltera (despistada, algo deslenguada y más millennial que el resto) a la madraza que vive en un matrimonio feliz pero con un trabajo de mierda, pasando por el ama de casa ‘casada’ con su familia pero completamente desencantada con su vida de pareja y todo lo que la vida parece haberle dado a cambio. No se trata de tres madres corrientes, sino de tres supervivientes y también superheroínas del día a día.

«Cada una lidia con situaciones tan aisladas como frecuentes en la sociedad actual y que consiguen cuestionar constantemente el sistema estadounidense y su capitalismo mordaz: el sistema sanitario y educativo, la situación laboral para la clase trabajadora, la custodia patriarcal, la violencia impune, el acoso sexual tolerado»

Lejos de clichés, cada una de las tres protagonistas aporta un soplo de aire fresco a la parrilla televisiva encarnando a mujeres con todas sus complejidades y virtudes; mujeres complejas, espontáneas y muy seguras de sus opiniones. No en vano, bien es reflejado que cada una lidia con situaciones tan aisladas como frecuentes en la sociedad actual y que consiguen cuestionar constantemente el sistema estadounidense y su capitalismo mordaz: el sistema sanitario y educativo, la situación laboral para la clase trabajadora, la custodia patriarcal, la violencia impune, el acoso sexual tolerado o, simplemente, la carga extra que cualquier mujer asume de forma casi automática como rutina.

Desde luego, no son ingredientes al uso en una producción estadounidense con veces de comedia alocada, que normalmente abordaría todas las anteriores desde una encubierta crítica moral. Muy al contrario, es una infidelidad el detonante de la serie de acontecimientos por los que Beth (Hendricks), Annie (Whitman) y Ruby (Retta) deciden tomar cartas en el asunto y dejar, por primera vez, su comportamiento altruista a un lado. Mientras que anhelos, frustraciones y fantasías salen a flote sin tapujos en la pantalla, uno no deja de sentirse identificado con todas y cada una de las decisiones que las protagonistas toman, empatizando de forma casi sistemática con su suerte y provocando así desde risas a lágrimas.

«Lejos de clichés, cada una de las tres protagonistas aporta un soplo de aire fresco a la parrilla televisiva encarnando a mujeres con todas sus complejidades y virtudes; mujeres complejas, espontáneas y muy seguras de sus opiniones»

Good Girls quizá no destaque por un argumento sumamente original (la similitud con Breaking Bad también es recurrente), pero está claro que se trata de una serie poco común, que resulta emotiva, fácil de consumir y perfecta para el espectador que disfrute con el buen uso de la ironía sin tener que renunciar a una jugosa trama televisiva, envuelta en un guión tan brillante como todo su elenco. Drama, comedia, misterio, realidad o ficción… Pero sobre todo, mujeres normales nada corrientes (porque ninguna nunca lo es).

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