5 enero, 2018. Por

Chicago, a 15 años

Tres lustros de un jazz triunfador: lo que pudo ser el icónico musical, y lo que finalmente fue
Chicago, a 15 años

Five. Six. Seven. Eight. Escuchar jazz en soledad puede llegar a ser una cobardía. Un acto misceláneo a medio camino entre el onanismo musical y la orgía pentagrámica. Una rebeldía. Tal la forma que tuvo Chicago, del musical al cine, de entrar huracanado en algunas vidas. Hace quince años -se estrenó en EE.UU. el 27 de diciembre de 2002, mientras que a España llegó el 7 de marzo del siguiente año- de una película que, literalmente, arrasó desde su obertura y su códice razzle-dazzle que la convirtieron en la cinta del año para la AFI, la gran triunfadora de los Oscar, varios Globos de Oro y un etcétera vasto.

Con el paso del tiempo, es momento de reivindicarla como la joya que es, más allá de que, en aquella temporada de premios, dejara en la cuneta a obras mayúsculas como El Pianista, Camino a la perdición, Las horas, Gangs of New York, Hable con ella o El Señor de los Anillos: Las dos torres. La cinta de Rob Marshall es el paradigma intacto de lo que un buen musical es: ritmo, clave de Sol y números inolvidables.

Rodada casi íntegramente en Canadá, Chicago supo capturar fuera de sus momentos de trompeta, los faralaes de los años 20 americanos. La Gran Depresión. La prensa amarillista. La pobreza. La fama pendular y volátil. Y, además, con una cinta que pasa el Test de Bechdel con la holgura de quien ni se despeina entre baile y baile.

La historia, carcelaria. La trama, cine negro con sangre y juicio. Las protagonistas, asesinas. Velma Kelly y Roxy Hart son heroínas o antiheroínas por no ser en absoluto ni lo uno ni lo otro. Catherine Zeta-Jones encontró en la primera su gran contribución al séptimo arte. Renée Zellweger se desligó de Bridget Jones a la primera nota. En el duelo tète â tète entre las dos quien gana es el público y el espectáculo. And all that jazz.

«La cinta de Rob Marshall es el paradigma intacto de lo que un buen musical es: ritmo, clave de Sol y números inolvidables»

Un guión de Bill Condon y una audacia de cásting de secundarios (tanto Queen Latifah cantando de madame poderosa como John C. Reilly en un trasunto del Vesti la giubba de la ópera Pagliacci de Leoncavallo entonando las injustamente minusvaloradas When you’re good to mama y Mister Cellophane) en plena forma, quedaba el vértice del triángulo menos amoroso: Richard Gere. Y, a la manera de Russell Crowe en Les Miserables, es el papel que más debate radical origina: o se le defiende o se le detesta. Y eso que antes fue ofrecido a Hugh Jackman y John Travolta. Y ambos se arrepintieron luego.

No es el único reparto que pudo ser y no fue. A Kevin Spacey, Kevin Kline o John Cusack también se les consideró para el papel. En el caso de la Mama Morton de Latifah, se tuvo en mente a Pam Grier, Kathy BatesAnjelica Huston o Whoopi Goldberg. Antes de encumbrar a Zeta-Jones, el rol de Velma Kelly pudo acabar en la piel Angelina Jolie, Cameron Diaz, Julia Roberts o Jennifer López. Hasta Chita Rivera, la actriz que la interpretó sobre las tablas, tiene un cameo en la cinta como la rea que, fumando, advierte a Roxie Hart de quién es la jefa de puertas para adentro.

Charlize Theron, de hecho, era la primera contratada para hacer de Roxie Hart, pero un cambio de director (pasó de las manos de Nicholas Hytner a las de Rob Marshall) hizo que tuviera que volver a hacer la audición y esta vez perdió ante Zellweger. Pero no fue la única que quiso hacer de Roxie: Jennifer Aniston, Kate Winslet, Drew Barrymore, Milla Jovovich, Ashley Judd o Cate Blanchett son sólo algunas de las actrices entre una cantidad que ocuparía folios y folios de Hollywood que querían hacer de la conyugicida cuyas visiones, sueños y fantasías hacen las veces de números musicales.

Si acaso, el amor es más bien a la libertad, a una manera de hacer las cosas a su manera, a no quedarse calladas. Si aquel proyecto con Bob Fosse de realizador y Goldie Hawn, Liza Minnelli y Frank Sinatra de protagonistas hubiera visto la luz, seguiríamos hablando de ella de esta forma. Aunque también existe cierto apego al dinero, como Blly Flynn (Gere). La película amasó algo más de 300 millones de dólares con un presupuesto de 45.

Pero como en todo éxito, hay otra cara. Y a la manera de lo cambios que hace Disney en los cuentos infantiles para no traumar a no pocos niños, la historia real de cómo acabaron sus días Belva Gaertner y Beulah Annan es, al menos, tan insospechada como sorprendente y cambiante puede ser el jazz.

Ellas fueron las inspiradoras de los personajes de Velma Kelly (Gaertner) y Roxie Hart (Annan). Cometieron sus crímenes, aunque no los que aparecen en la película, pues ambas mataron a sus amantes, en el Chicago de 1924 y fue Maurice Dallas Watkins, una periodista del Chicago Tribune quien se hizo eco y escribió la obra, dedicándose a sí misma un personaje: la reportera Mary Sunshine, interpretada por Christine Baranski en la cinta.

Belva Gaertner, una vez salió de prisión, se volvió a casar con su anterior marido, el cual más tarde la acusó de ser una alcohólica, ejercer violencia contra él y tratar de asesinarlo cuando la encontró en la cama con otro hombre. Se fueron a Europa, pero tras el fallecimiento de su esposo, volvió a Estados Unidos y vivió allí, con su hermana, hasta los 80 años.

Por su parte, la vida de Beulah Annan fue más corta y, aún así, más intensa. Tal y como ocurre en la película, mató a su amante y llamó a su marido, quien e gastó todos sus ahorros en el caro bufete de abogados que la sacó de la cárcel. El día antes de que el juicio acabara, anunció que se divorciaba de él, su segundo marido. Y tras el divorcio, se volvió a casar: esta vez, un boxeador, precisamente como interpretaba Zellweger en Cinderella Man. Pero, a diferencia de lo que ocurría en esa película, sólo tres meses le bastaron para divorciarse por malos tratos. Y se volvió a casar. Y dejó viudo a su cuarto esposo. A las 28 primaveras de edad moría de tuberculosis. Y en su lápida se equivocaron y cincelaron que había muerto un años antes.

Faltaba tal vez el último número. And all that jazz.

Chicago, a 15 años