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 Aunque sea tópico, El esqueleto de los guisantes (Caballo de Troya) podría representar la novela generacional de los jóvenes del momento. Esos que pasaron años estudiando una carrera, que luego resultó que no daba trabajo y se fueron a hacer un master, para finalmente pasarse varios años (y aún seguimos ahí) entre contratos de prácticas y contratos basura. Serán muchos (desgraciadamente) los que se vean identificados con Pelayo y Arístides, los dos protagonistas de esta breve (no podía ser de otro modo, formando parte de este universo juvenil y frenético) novela. Tanto Pelayo, trabajador freelance en una empresa, como Arístides, recién expulsado de dicha empresa y que decide abrir un blog para desahogarse, se nos aparecen como dos necesarias voces críticas para desenmascarar la injusticia y estupidez que rodean a las relaciones laborales.
La novela, escrita por Pelayo Cardelús, utiliza un estilo de prosa directa, desnuda de artificios, casi diríamos eficaz, como corresponde a la de un copy publicitario que llama a las cosas por su nombre. Escuchar (leer) los pensamientos de Pelayo te hace recordar tantas conversaciones hechas y totalmente predecibles que se nos cruzan a diario en nuestras propias vidas laborales... Todas las miserias de la relaciones que se establecen en una oficina son desenmascaradas por Pelayo Cardelús entre conversaciones triviales y cruces de miradas, desarrolladas en precarias condiciones de trabajo. Ante la injusticia el autor presenta dos reacciones: el terrorismo hacker de Arístides y las maquinaciones en voz baja (pero que logran conquistas de tiempo y dinero) de Pelayo. El esqueleto de los guisantes, 190 páginas que remueven, refrescan y reciclan.
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Autor/es: Pelayo Cardelús Título: El esqueleto de los guisantes Editorial: Caballo de Troya Páginas: 190 Año: 2006
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