23 febrero, 2018. Por

¡Censura, ven a mí!

Cinco libros censurados que son clásicos indiscutibles de la historia de la literatura
¡Censura, ven a mí!

Ya están aquí. Los censores de lo correcto, los protectores de la moral aporrean las bibliotecas y los museos. Llegan armados de razones. Y ni el sentido común puede con ellos. Son la matraca de cada día en su obsesión con embridar el arte, esa traviesa expresión del alma humana a la que no hay quien meta en cintura. Sacan Matar a un ruiseñor de los programas de estudios, como en Virginia, y mutilan o prohíben esculturas, pinturas, libros y todo aquello que encuentren a su paso. Así ha sido esta semana en España: el secuestro de Fariña, la prisión a Valtonyc y la retirada de la obra de Santiago Sierra de ARCOmadrid. Están aquí para salvarnos de nosotros mismos. Desconocen lo mucho que se asemejan a ciertos tipos rubios que calificaban de ‘arte degenerado’ todo lo que contradecía su estrecha forma de pensar.

El origen del mundo, de Courbet, ya no tiene el monopolio de la obra prohibida por los más pacatos. Los ejemplos se multiplican; la Galería de Arte de Mánchester puso en febrero el debate encima de la mesa con la excusa de la retirada –o no– de Hilas y las ninfas, del prerrafaelista John William Waterhouse. Más de 9.000 personas, llevándose las manos a la cabeza, pidieron al Metropolitan de Nueva York que apartara de su vista Teresa soñando, pintado por Balthus en 1938. ¿La acusación? Ahí hay abuso sexual. El sexo, o mejor dicho la supuesta pornografía, latente en la obra de Egon Schiele, fue la causante de que Reino Unido y Alemania prohibieran, hace escasos días, la publicidad de una exposición del genio austríaco.

“Nunca un libro fue más leído que cuando resultó prohibido. Todas renacieron triunfantes, algunas convertidas en clásicos. Hoy, la mayoría siguen a eones de ser políticamente correctas”

De momento se mantienen a salvo La maja desnuda de Goya, y los frescos de la Capilla Sixtina de Miguel Ángel, en los que no sería difícil detectar retratos homoeróticos. Están libres de culpa, pero solo de momento. La literatura mira el fenómeno con cierta superioridad; la historia de la censura y los libros se remonta a los mismos orígenes de la escritura. Solo en el siglo XX, la lista de autores célebres prohibidos es casi interminable: Aleksandr Solzhenitsyn en la URSS, Julio Cortázar en la Argentina regida por la dicatudura, Camilo José Cela en la España franquista…

Lo cierto es que nunca un libro fue más leído que cuando resultó prohibido. Ya se dice que el Lazarillo de Tormes, perseguido por la Inquisición, circulaba de mano en mano a escondidas. Ciñéndonos a la novela y, por tanto, excluyendo la filosofía y el ensayo político, que darían para una interminable recopilación, aquí van unas cuantas novelas que en su tiempo cortocircuitaron a los vigías de la moral y llegaron a arder en la hoguera, en muchos casos de forma literal. Todas renacieron triunfantes, algunas convertidas en clásicos. Hoy, la mayoría siguen a eones de ser políticamente correctas.

¡Alerta! ¡Los libros pueden hacerte pensar!

  1. Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas  (Lewis Carroll, 1865)

Charles Lutwidge Dodgson, que así se llamaba en realidad Lewis Carroll, tenía muchos oficios que sumar al de escritor. Era también matemático y fotógrafo, y esta última empresa del británico es la que, a posteriori, le ha arrumbado al rincón de los sospechosos habituales. La BBC fue la primera en acusarle de pedófilo cuando se reveló que era el autor de una fotografía de Lorina Liddel, hermana de la Alicia en la que se inspiró para su célebre obra, desnuda.

“En 1900 fue prohibida porque en la mente de alguien muy docto incitaba a diversas fantasías sexuales y masturbación. También cargó con el delito de poner a los animales a la altura de los hombres, según dijeron en China. Y en 1960, en Reino Unido, se decidió que su argumento fomentaba el consumo de drogas entre sus pequeños lectores”

Salió a la luz su interés, quizá desmesurado, por las jóvenes niñas y adolescentes. Se propagó una oleada de rechazo que derivó en una inicial puesta en tela de juicio de todo su legado… hasta que pasaron unos meses y las aguas volvieron a su cauce. Hoy las aventuras de Alicia siguen siendo uno de los grandes libros infantiles. Sus adaptaciones a lo largo del mundo son incontables y su impacto sobre la cultura popular está fuera de toda duda. Sin Alicia y su mundo es difícil imaginar la existencia de El maravilloso mago de Oz (Lyman Frank Baum, 1900), así como de James y el melocotón gigante (1961) o Charlie y la fábrica de chocolate (1964), ambas de Roald Dahl.

Pero la censura es una vieja conocida del legado de Carroll. En 1900 fue prohibida porque en la mente de alguien muy docto incitaba a diversas fantasías sexuales y masturbación. También cargó con el delito de poner a los animales a la altura de los hombres, según dijeron en China. Y en 1960, en Reino Unido, se decidió que su argumento fomentaba el consumo de drogas entre sus pequeños lectores.

  1. La metamorfosis (Franz Kafka, 1915)

La pequeña gran obra maestra de Franz Kafka ostenta el dudoso honor de haber sido prohibida por la Alemania Nazi, la Rusia soviética y hasta por el gobierno checoslovaco, que hasta 1989 no le levantó el veto. Escribir sobre la angustia de un individuo acosado por fuerzas que no puede controlar y acusaciones arbitrarias provenientes de una superestructura omnipresente se parece demasiado a la fiel descripción de un régimen totalitario. Y eso tiene sus consecuencias.

En Checoslovaquia, durante la ocupación nazi, cientos de copias de La metamorfosis ardieron en grandes hogueras. Una década después los que encendieron la pira con las copias nuevas o restantes fueron los soviéticos. La Primavera de Praga volvió a permitir, durante unos meses, la lectura del clásico, convertido en un icono. Pero su abrupto final, en agosto de 1968, supuso una nueva condena de la historia Gregorio Samsa.

“En Checoslovaquia, durante la ocupación nazi, cientos de copias ardieron en grandes hogueras. Una década después los que encendieron la pira con las copias nuevas o restantes fueron los soviéticos”

Aunque no existen datos oficiales, se estima que en la Checoslovaquia de la prohibición circulaban miles de copias reproducidas en máquinas de escribir o fotocopiadas de forma rudimentaria. El escueto libro que llegó a considerarse de culto y alcanzó un estatus extraordinario. No solo porque plantarse delante de sus pocas páginas era en sí un acto subversivo, sino porque la penosa desventura de Samsa reflejaba demasiado bien las oscuras perspectivas a las que se veía abocado el pueblo.

Portada de ‘La metamorfosis’

Por si fuera poco, Kafka era la punta de lanza de toda una serie de escritores prohibidos, represaliados u obligados al exilio. Milan Kundera era el paradigma; exiliado en París debido a la dura represión de la Primavera de Praga, tenía que soportar que sus compatriotas no tuvieran acceso a su célebre La insoportable levedad del ser (1984). Le acompañaban otros en la desgracia, como como Václav Havel, que después sería el primer presidente de la República Checa. O Jiri Hejda, VIadimir Skutina, Ivan Klima y Pavel Kohout.

  1. 1984 (George Orwell, 1949)

El poder del Estado y sus límites frente a la libertad individual. Un férreo alegato contra el totalitarismo comunista. En un mundo mínimamente previsible, 1984 nunca habría sobrevivido a la censura. Sobrevivió a persecuciones y sabotajes en todos los países de influencia soviética, desde la propia URSS hasta Cuba. En Tailandia aún es objeto de amonestación. Lo rocambolesco es que se hay convertido en más que un libro; además de uno de los cánones de la literatura distópica, hace muchos años que es uno de esos ‘must’ que hay que leer.

“La censura del régimen franquista evitó su publicación debido no a su contenido político, oh sorpresa, sino a las descripciones gráficas de las actividades sexuales de sus protagonistas”

Su censura en España durante el franquismo (atravesó nuestras fronteras en 1950) responde a una cadena de acontecimientos a cuál más disparatado. La censura del régimen evitó su publicación debido no a su contenido político, oh sorpresa, sino a las descripciones gráficas de las actividades sexuales de sus protagonistas.

Portada de ‘1984’

En 1952, a petición de la editorial, Destino, que puso especial énfasis en que la novela criticaba al ideario comunista, se revisó el expediente y la obra vio la luz, aunque con tijeretazos desde el primer hasta el último capitulo. Hasta el mismo año que da título al libro, 1984, no se pudo leer en nuestro país tal y como fue concebida y escrita por Orwell, que se enfrentó a adversidades similares con Rebelión en la granja (1945).

  1. Los versos satánicos (Salman Rushdie, 1988)

“Hago saber a los orgullosos musulmanes de todo el mundo que el autor de versos satánicos, libro que va contra el islam, el profeta y el Corán, y todos los implicados en su publicación que eran conscientes de su contenido, han sido condenados a muerte”. Estamos en 1989 y el que anuncia esta fatwa es el Ayatolá Jomeini de Irán. Hoy, 29 años después, sigue prohibida en Sudáfrica, Egipto, Somalia, Pakistán, Arabia Saudi, Qatar, Sudán, Malasia, India e Indonesia. Y Rushdie sigue amenazado de muerte.

Nacido en Bombay, reside desde hace décadas en Reino Unido, donde ha sido elevado a categoría de ‘Sir’ en un gesto afeado a la Corona británica por decenas de países musulmanes. Es difícil calibrar lo célebre que habría sido Los versos satánicos de no haber sido prohibida, pero también resulta creíble afirmar que sin semejante amenaza de muerte ni prohibición no habría alcanzado tan descomunal repercusión.

“Hoy, 29 años después, sigue prohibida en Sudáfrica, Egipto, Somalia, Pakistán, Arabia Saudi, Qatar, Sudán, Malasia, India e Indonesia. Y Rushdie sigue amenazado de muerte”

La publicación de la novela llegó acompañada de tumultos en Inglaterra en los que estaban implicados musulmanes residentes en el país que se sentían vilipendiados. Su traductor en Japón falleció víctima de una agresión y otros implicados en su difusión fueron atacados. Rushdie se convirtió en una celebridad en los 90 del pasado siglo.

Portada de ‘Los versos satánicos’

Se casó con una top model y pasó a ser un habitual en los medios de comunicación. Ninguna de sus muchas y apreciables novelas posteriores se ha librado de una faja en la que se recalque: “Del autor de Los versos satánicos’”. Su fortuna se estima millonaria y, aunque el mismo Rushdie suele recordar en las entrevistas que puede que su obra sea el libro de la historia más criticado sin haber sido leído, sus números de ventas se cuentan por millones.

  1. Lolita (Vladimir Nabokov, 1955)

Prohibido en Reino Unido y Francia a los 4 años de llegar a las estanterías de la librerías, Lolita es, quizá, la novela que antes caería en el saco de lo intolerable si los moralistas de 2018 se la echaran a los ojos. Ni la primera y célebre primera frase pasaría el corte… cuando se dieran cuenta de que iba dirigida a una niña de 12 años: “Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo hasta apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo. Li. Ta.”

Hoy se estima que ha superado el umbral de los 50 millones de ejemplares distribuidos por el mundo, y ocupa un puesto entre los 50 más vendidos de la historia, en competición con obras maestras como Robinson Crusoe (1719), Frankenstein (1818) o Los hermanos Karamazov (1880).

“Prohibido en Reino Unido y Francia a los 4 años de llegar a las estanterías de la librerías, ‘Lolita’ es, quizá, la novela que antes caería en el saco de lo intolerable si los moralistas de 2018 se la echaran a los ojos”

La polémica en torno a ella siempre fue curiosa; pasó casi desapercibida hasta que Graham Greene la elogió y la recuperó del ostracismo al que la había abocado la censura una editorial parisina dedicada a la pornografía. Stanley Kubrick y Adrian Lyne la llevaron al cine en 1962 y 1997, respectivamente, el primero con duros enfrentamientos con la misma censura.

El término lolita ha terminado por designar por sí mismo a un tipo de “adolescente seductora y provocativa”, según asegura la RAE. A pesar de que la historia ha sido contada infinidad de veces, y de que el propio Nabokov explicó en numerosas ocasiones que su novela es todo lo contrario a una apología de la pedofilia, Lolita sigue siendo el paradigma de la obra que saltó por encima de las prohibiciones y se convirtió en célebre a pesar de ella (a lo que es obligado sumar su indiscutible calidad literaria).

Portada de ‘Lolita’

¡Censura, ven a mí!