10 enero, 2017. Por

Casa de Velázquez

La incubadora francesa de artistas e investigadores en Madrid
Casa de Velázquez

Amina empezó a correr por el andén de la parada de Goya para no perder el siguiente metro, que amenazaba con cerrar las puertas. En la mano llevaba una bolsa de basura llena de archivos que le acababa de prestar Raúl Rivero –uno de los poetas que perteneció a los Caimanes Barbudos, el grupo de los primeros poetas oficiales de la Revolución cubana, creado en 1966-, después de visitarlo en su piso de Madrid, donde se exilió al disgregarse la URSS. Por eso Amina tenía tanta prisa en llegar a casa. Pero la bolsa cedió y lo que había dentro quedó desperdigado por el andén y los raíles. “¡Los archivos de la Revolución cubana!”, chilló la joven poeta mientras lloraba de desesperación.

Los pasajeros empezaron a descender del metro para recoger todos esos pedazos de Historia que estaban en peligro y el conductor le prometió a Amina que haría avanzar despacio el convoy para no dañar los archivos y que avisaría al siguiente conductor con el propósito de que no entrara en Goya hasta que no se hubiese recuperado todo. “Gracias a la ayuda de todos no se perdió nada”, explica Amina Damerdji tiempo después con una sonrisa de alivio. La tesis en la que está trabajando se titula Dogma y disidencia: la sospecha lúdica. Los poetas oficiales de la Revolución cubana (1966-2002). “Llegué a este tema por antipatía hacia estos textos que no acababan de decir lo que pensaban, que no se mojaban. En el momento de fundar en 2011 La Seiche, una revista de poesía contemporánea, estuve leyendo mucha poesía contemporánea francesa y allí encontré este tipo de literatura que llamaba inocentemente ‘lúdica’ de forma habitual. Por eso cuando un verano fui a Santiago de Cuba y se lo expliqué a Jorge Fornet -hijo de Ambrosio Fornet, el conocido crítico literario-, quien trabajaba en la Casa de las Américas, me dijo que leyera a Luis Rogelio Nogueras, un exponente cubano de esta forma de hacer literatura. A partir de entonces me puse a trabajar sobre este poeta para entender lo que no entendía”.

Y empezó a entender. Descubrió que Rogelio Nogueras solo era la cabeza que se asomaba de un cuerpo de poetas que empezaron a publicar con poco más de veinte años en una revista, El caimán barbudo, pagada por el Estado y con una tirada de cincuenta mil ejemplares. La mayoría de estos poetas escribían lo que Amina ha denominado ‘literatura lúdica’: “escribían cosas que no se podían decir. Se movían entre el dogma y la disidencia, siempre creando una duda en el espíritu del lector. No eran los típicos poetas oficiales dogmáticos”.

Amina ha querido teorizar sobre esta literatura sometida a fuertes tensiones políticas y que sigue los pasos del papel que hizo la literatura fantástica para decir lo que no se podía decir antes de que hubiera una apertura de la censura moral en el mundo occidental durante el siglo XIX. “Según mi parecer, los Caimanes Barbudos hicieron resurgirla”. También me cuenta que cuando algunos miembros de este grupo, entre ellos su director Jesús Díaz, se exiliaron en Madrid durante los años 90 por razones económicas y políticas (el Partido Comunista ya los había echado de la revista a causa de tener una postura crítica dentro de la Revolución, la denominada ‘crítica del bisturí’ que comportó una serie de tensiones que estallaron al publicarse un polémico texto de Heberto Padilla, que defendía a Cabrera Infante) fundaron otra revista, Encuentro de la cultura cubana, financiada masivamente –con decenas de millones de pesetas- por Felipe González, jefe del gobierno español en aquel entonces . “En ese momento, en España se creía que habría una transición cubana que seguiría los pasos de la transición española”. El grupo se disolvió por completo en 2002 cuando murió Jesús Díaz.

CASA DE VELÁZQUEZ, UNA CENTRALITA DE ESTUDIOSOS DE LA HISTORIA Y EL ARTE

Con pocos meses de vida, a Amina, nacida en Los Ángeles en 1987, se la llevaron su madre y su padre a Argelia, donde vivió hasta que estalló la Guerra Civil y se tuvo que marchar a Francia. Ahora está desarrollando su tesis con una beca de la Casa de Velázquez, la institución pública francesa de carácter científico, cultural y profesional ubicada en Madrid y que desde 1928 ha acogido a centenares de artistas e investigadores. Cuando hablé con ella en noviembre estaba escribiendo el capítulo titulado Marx y la Lira’. “Los Caimanes Barbudos no hacían un realismo socialista como los rusos. Ellos hacían un marxismo centrado en la emoción”. Este es uno de los ejemplos de los actuales dieciocho investigadores miembros –aparte también hay becarios temporales- de la Casa de Velázquez, situada al lado de la Universidad Complutense con unas preciosas vistas de la sierra madrileña, pertenecientes a la Escuela de Altos Estudios Hispánicos e Ibéricos.

“Históricamente ha habido muchos arqueólogos, historiadores y algunos literatos”, explica Laurent Callegarin, director de la sección Épocas Antigua y Medieval, “pero últimamente nos estamos abriendo al conjunto de ciencias sociales. No valoramos un perfil de persona, sino proyectos”. Amina aún no ha conseguido ver documentos oficiales del Estado cubano como, por ejemplo, los estatutos de reuniones internas de las comisiones de cultura de la Revolución. De hecho, no sabe ni si existen. Cada vez que ha pedido verlos le han respondido que volviera otro día en el que estuviese el superior pertinente. Hasta que ha hablado con el máximo cargo, la ideóloga, quien le ha explicado que lo que pretendía era imposible. Por ese motivo se ha tenido que apoyar en archivos privados y también en textos revolucionarios públicos de Fidel Castro y el Che Guevara en los que se habla de la libertad de creación y la mezcla de la emoción política con la emoción lírica y artística que llevó a que los Caimanes Barbudos sufrieran constantemente una contradicción en sus obras que Amina ha llamado ‘la sospecha lúdica’.

Otros proyectos que se están desarrollando actualmente en la Casa de Velázquez son: la mitología de ciudades históricamente asediadas –Hervé Siou-; el papel de los historiadores en la época de SalazarChristophe Araújo-; o el seguimiento del proceso de independencia de la Generalitat de CatalunyaAnthony Sfez-. Los futuros miembros becados tienen en París la última entrevista para ser escogidos. No es necesario que sean franceses, aunque sí deben dominar el idioma. “Los post-doctorados tienen un 100% de integración en una plaza de titular cuando salen de aquí. Y la integración de los becarios que no son miembros ronda el 75%”, explica Nicolás Morales, el director de la sección Épocas Moderna y Contemporánea. “Nuestro objetivo es acompañarlos en el terreno. Ellos ya tienen a su director de tesis en la universidad”, añade. El resultado de los trabajos individuales de los investigadores y de las actividades científicas que tienen lugar en la Casa de Velázquez se editan en la revista Mélanges de la Casa de Velázquez y en tres colecciones de libros: Bibliothèque de la Casa de Velázquez, Collection de la Casa de Velázquez y los Essais de la Casa de Velázquez.

LA ÚLTIMA VENTANA PARA LA INVESTIGACIÓN ARTÍSTICA

La Casa de Velázquez es la única Escuela Francesa en el Extranjero que junta artistas e investigadores, hecho que repercute en proyectos comunes como la celebración del centenario del yacimiento arqueológico de Baelo Claudia que tendrá lugar próximamente. Esto es así porque el proyecto nació en 1917 por parte del hispanista Pierre Paris y el compositor Charles-Marie Widor. También el Rey Alfonso XIII, quien les cedió el terreno y entonces declaró que “si vienen aquí vuestros pintores, arquitectos e intelectuales, los demás naciones os imitarán”, puso esta condición para ceder los terrenos. Para Francia acabó siendo una forma de contrarrestar la propaganda nazi y de demostrar a España la verdadera esencia de la cultura francófona. En esa época ya existía la Residencia de Estudiantes de Madrid, situada en la Gran Vía y dependiente de la Institución Libre de Enseñanza, y que vivió su época de esplendor cuando en ella se juntaron personajes como Salvador Dalí, Federico García Lorca, Dámaso Alonso, Eugenio Montes o Luis Buñuel.

“La Casa de Velázquez fue una de las primeras residencias de artistas que existió en España”, dice Xavier Baudoin, director de la Academia de Francia en Madrid, la sección artística. En los últimos tiempos el concepto de residencia de artistas está más de moda que nunca. Tan solo en España hay decenas, que van desde el formato institucional de la Casa de Velázquez o la Residencia de Estudiantes hasta personas que alojan artistas en una de las habitaciones de su casa, y desde ubicaciones en grandes ciudades como Madrid o Barcelona a ubicaciones en entornos rurales como los de Camallera, Sant Pere de Vilamajor o Torralba de Ribota.

BIBLIOTECA DE BIBLIOTECAS, GALERÍA DE GALERÍAS

Uno de los valores de esta institución francesa es su biblioteca, que es un referente a nivel nacional en investigación especializada y que está abierta a todos los investigadores a partir del máster. Posee un fondo de 115.000 volúmenes y de 1.700 títulos de revistas. “En tiempos de transición y post-transición fue el único lugar aquí que tenía fondos bibliográficos europeos y eso sirvió para formar a todo el profesorado de la época”, explica Morales. “Y ahora aún hay unos cuantos profesores de la Complutense que tienen su ‘despacho’ en el sótano”.

A finales de noviembre se inauguró en el recinto de la Casa de Velázquez la exposición Por Venir –que durará hasta el 12 de febrero de 2017-, “una muestra múltiple que reúne el trabajo de los artistas residentes del año 2016. Una exposición en forma de promesa, que pone el foco en los trabajos de una nueva generación de artistas contemporáneos con proyección internacional”, explica la nota de prensa de la Casa de Velázquez. Esta exposición reúne los trabajos en curso o pasados de los artistas miembros –cuando tan solo hace dos meses que llegaron- y de los becarios. En ella se puede ver, por ejemplo, el trabajo de Benjamin Testa (1987), creador de casas funcionales que son esculturas y arquitecturas al mismo tiempo. “Durante su residencia, el artista trabaja en un proyecto que representa la arquitectura de la Casa de Velázquez bajo una nueva forma, estudiando los desplazamientos y costumbres de sus miembros. Paralelamente, desarrolla un proyecto relacionado con la observación de un territorio característico de Madrid, a través de sus evoluciones demográficas y de las mutaciones urbanas que se derivan de ellas”. Otro ejemplo es Marianne Wasowska (1988), una fotógrafa que ha colaborado para prensa como Le Monde o Libération. “Su proyecto para esta residencia es una investigación sobre las imágenes mentales que se manifiestan a través del sueño. Para ello, explora la iconografía onírica en la pintura española y la forma en que la literatura clásica y contemporánea relaciona el sueño y la ficción, para producir una construcción en abismo de la realidad dirigida a cuestionar y enriquecer nuestras certidumbres sobre nuestras propias percepciones. Al mismo tiempo, incorpora en la materia sus propios sueños recogiendo las imágenes y utilizándolas como una brújula para navegar en lo real”.

Tanto Benjamin como Marianne viven en una estancia situada en el idílico jardín de la Casa de Velázquez que, a la vez, es su estudio. Los artistas que son becados aquí practican las siguientes disciplinas: arquitectura, artes plásticas, fotografía, cine, videoarte y composición musical.  Actualmente hay trece miembros –aparte de los becarios temporales- que durante el año tendrán la oportunidad de exponer en ARCO, feria de arte que coincide con la jornada de puertas abiertas de la Casa de Velázquez, o en ESTAMPA. Y al final de su beca, los artistas participarán en una exposición, Itinerante, que pasará por diferentes ciudades, la última de ellas París. “Francia y España siempre se han relacionado mucho artísticamente, pero actualmente estamos en un mundo más global donde las influencias ya no están tan claras”, sentencia Baudoin. “Además, para nosotros España ahora es una puerta a Latinoamérica. Igual que para ellos Francia es una puerta a Europa”. Como colofón a su estadía, los artistas regalan una de sus obras a la Casa de Velázquez. Ya acumulan más de mil.

 

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