5 marzo, 2018. Por

Carro de combate

Si el consumo es un acto político, la primera batalla es la de la información
Carro de combate

Las periodistas Nazaret Castro y Laura Villadiego lanzaron en 2011 el proyecto Carro de Combate para aunar sus trabajos periodísticos sobre los abusos laborales y medioambientales de las empresas en Latinoamérica y Asia. Tres años después, decidieron lanzar la versión libro de dicho proyecto, Carro de combate. Consumir es un acto político (Clave Intelectual, 2017), después de publicar otro sobre el azúcar –Amarga Dulzura-, en el que informan sobre la cadena de producción de veinte productos de gran consumo, desde el café hasta la carne y la leche, pasando por los plásticos.

Su objetivo es mostrar los impactos que se generan en las diferentes fases del ciclo de vida de los productos y cómo las multinacionales sobreexplotan a sus trabajadores y se desentienden de la contaminación que generan. Frente a ello, las periodistas usan como arma informar sobre estos temas porque, como ellas dicen, “si el consumo es un acto político, la primera batalla es la de la información”.

“Si nuestro bolsillo se puede permitir comer carne todos los días de la semana, es por las condiciones en que esa carne es producida: en feedlots, maltratando a los animales, alimentándolos con piensos a base de soja transgénica que está devastando la tierra en países como Argentina y Brasil y en condiciones de hacinamiento que obligan a atiborrar de antibióticos a los animales”

 

¿Comer bien implica gastarse más dinero?

Laura: No necesariamente, aunque implica más tiempo, porque es más sencillo comprar algo que ya está cocinado que tener que ir al mercado, decidir los ingredientes que necesitas, buscarlos uno a uno y, luego, cocinarlo todo. También, hay que hacer balance de qué alimentos componen nuestra cesta de la compra si decidimos cambiar nuestros hábitos. En general, comemos demasiada proteína animal, que, a menudo, es más cara que las verduras, y aunque las verduras no sean orgánicas, simplemente reequilibrar esa parte ya supondrá una alimentación más sana. Tampoco se trata de sustituir simplemente un filete de ternera normal por otro de vacas que pasten libremente, por ejemplo. Hay que plantearse los cambios más allá. A veces, miramos demasiado producto por producto en vez de analizar la cuenta total.

‘Carro de combate’ ya está en librerías

Decís que obsesionarse con ser coherentes lleva a la frustración… ¿Cómo es un día de vuestra alimentación? ¿Qué hábitos habéis cambiado?

Nazaret: En mi caso, he ido introduciendo cambios poco a poco, según avanzábamos en nuestras investigaciones. Desde cambiarme al azúcar mascabo de comercio justo a evitar la compra en supermercados e hipermercados, pasando por buscar carnes y huevos que no provengan de granjas en las que se maltrata a los animales y se los atiborra a antibióticos. Pero lo más importante es reducir el consumo de productos ultraprocesados y aumentar el consumo de productos frescos, y mucho mejor si estos proceden de productores locales y si estos evitan el uso de pesticidas. Pero, en efecto, es clave no obsesionarse con la coherencia y tratar de introducir gradualmente los cambios. Modificar los hábitos es difícil, pero se puede.

Laura: Yo tampoco compro nada procesado y huyo del azúcar. Pero, sobre todo, he reducido bastante mi consumo de carne. He hecho también mucha investigación sobre acuicultura, especialmente gambas y pescado blanco. Y digamos que ahora me seducen bastante poco.

“Las grandes compañías emplean en sus ropas tintes y pigmentos que llevan plomo, que es tóxico para el sistema nervioso y los riñones, y níquel, vinculado a alergias y cáncer”

 

¿Y en cuanto a la ropa y la cosmética?

Laura: Yo he empezado a intercambiar ropa con mis amigas, ya que siempre hay algo que alguna amiga ya no utiliza y que puede servir. También, voy mucho a ropas de segunda mano. Y alguna vez compro algo en alguna tienda tipo comercio justo, entendiendo que en Tailandia supone más bien consumo local. Sobre la cosmética, nunca he usado demasiada, pero si lo hago intento que tenga la menor cantidad de productos químicos posibles. Ahora ando explorando hacer mis jabones, cremas y pastas de dientes.

Vivís en Latinoamérica y Asia, ¿vivir fuera os ha hecho ser conscientes  de vuestros hábitos de consumo?

Nazaret: Vivir en América Latina, sin duda, sí me ha hecho más consciente del hecho de que los hábitos de consumo ostentoso y derrochador de los países del Norte global dejan fuertes impactos en los países que cínicamente llamamos subdesarrollados. Un ejemplo, pero hay miles, es la devastación que provoca la expansión de la palma aceitera en países como Colombia, Indonesia y Camerún; España es uno de los países europeos que más importa aceite de palma para la producción de agrodiésel. Esto no solo provoca deforestación y aumento de las emisiones de CO2, sino comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinas que ya no pueden producir alimentos, que llegan a ser violentamente desplazadas, y que ven su territorio degradado y el agua que beben, contaminada. No podemos desentendernos de esto que les sucede a miles de kilómetros de distancia, porque está directamente relacionado con decisiones que toman nuestros gobiernos.

Laura: Sin duda, yo probablemente nunca habría empezado a cubrir este tipo de temas si no hubiera vivido en Camboya porque cuando vivía en Europa pensaba que las cadenas de producción simplemente se beneficiaban de la diferencia de precios entre países. Pero en Camboya me di cuenta de que el sistema es bastante más miserable y de que, a pesar de que en países en desarrollo no necesitan sueldos demasiados altos para sobrevivir, se niegan a dárselos y racanean el mínimo dólar posible, mientras que en el otro lado de la cadena son millonarios y viven una vida de lujo. Y me pareció tremendamente injusto.

¿Habéis encontrado dificultad en haceros con toda la información que ofrecéis en el libro?

Laura: Sí, siempre hay complicaciones a la hora de encontrar este tipo de información, especialmente cuando afecta a empresas. Generalmente, se niegan a colaborar y no responden a nuestras preguntas. En el terreno, eso implica que hay que ir con cuidado y no exponerse demasiado para que no te vean entrevistando a gente o visitando plantaciones.

“Llas soluciones reales pasan por modificaciones del sistema desde la raíz, que coloquen la defensa de la vida en el centro, y no la reproducción del capital”

 

En fechas como las Navidades, la época hiper consumista por excelencia, ¿qué productos se deberían evitar y que solemos consumir?

Nazaret: Creo que la kilométrica fila de consumidores queriendo entrar al Primark de la Gran Vía es el mejor ejemplo. Las Navidades replican el consumo irresponsable del resto del año, solo que se exacerba. Es la ocasión en que regalamos teléfonos móviles aunque el “viejo” -que puede ser viejo aunque tenga apenas un año- siga funcionando, y que, en realidad, compramos mil cosas que no sirven para nada. No digo que haya que eliminar la costumbre de regalar, pero hay muchas alternativas: desde un regalo hecho con nuestras propias manos -que son los mejores- a una suscripción a un medio de comunicación independiente, pasando por ropa o alimentos de la economía social. En Carro de Combate publicamos una lista de ideas.

Laura y Nazaret tras la presentación del libro

Los consumidores no solemos leer las etiquetas porque no las entendemos. ¿A qué debemos prestar atención?

Laura: Depende del producto. Creo que una de las cosas a las que fundamentalmente hay que prestar atención es al lugar de procedencia. Cuanto más lejos, es más probable que tenga mayor impacto negativo. Y en el caso de la comida, supone más conservantes. Pero creo que una de las mejores estrategias es ir poco a poco informándose sobre los productos que más solemos consumir y hacer una ‘lista segura’. Al principio supone un poco de esfuerzo, pero luego facilita mucho las cosas.

¿Cómo tendría que ser el etiquetado?

Nazaret: Debería dar información nutricional que el consumidor pueda leer fácilmente. Laura y yo damos un curso online en la plataforma educativa de El Salmón Contracorriente que se centra en cómo leer las etiquetas. ¿Es lícito que haya que “estudiar” para que sea legible lo poco que nos dicen las empresas sobre lo que producen en sus laboratorios? Se trata de que den más información sobre la procedencia de sus productos pero, también, de que la información que sí dan sea legible. Una propuesta, por ejemplo, es la del etiquetado tipo semáforo, que permitiría identificar de un vistazo si un producto comestible tiene excesiva cantidad de azúcar, sal o grasas. No es una herramienta perfecta -por ejemplo, una Coca-Cola Light parecería saludable con este etiquetado-, pero es mejor que lo que tenemos.

“Lo más importante es reducir el consumo de productos ultraprocesados y aumentar el consumo de productos frescos, y mucho mejor si estos proceden de productores locales y si estos evitan el uso de pesticidas”

 

El consumo total de azúcar no para de aumentar. La industria alimentaria coloca azúcar en todos sus productos. ¿Cómo huir de ello? ¿Cuáles son los productos que urgentemente hay que abandonar?

Laura: Los procesados. Son los que tienen más azúcar. Y, sobre todo, hay que tener mucho cuidado con las bebidas. Incluso las que parecen sanas, como los zumos, están llenas de azúcares.

La ONU ha calculado que el consumo de carne genera más emisiones de gases de efecto invernadero que el transporte. ¿Ser vegetariano contribuiría a vivir en un mundo mejor?

Nazaret:  Es un debate que hay que dar. El veganismo o el vegetarianismo son opciones éticas y políticas nada menospreciable, pero el debate no debe reducirse a si comer o no carne, sino, sobre todo, cuánta carne debemos y podemos comer. Personalmente, no creo que sea necesario dejar de comer carne, pero sí es urgente reducir la cantidad de carne que comemos. No es solo una cuestión medioambiental y de cambio climático, sino de salud.

Comer carne es más “caro” en términos ambientales que comer verduras; y si nuestro bolsillo se puede permitir comer carne todos los días de la semana, es por las condiciones en que esa carne es producida: en feedlots, maltratando a los animales, alimentándolos con piensos a base de soja transgénica que está devastando la tierra en países como Argentina y Brasil, en condiciones de hacinamiento que obligan a atiborrar de antibióticos a los animales, con los riesgos que ese abuso de antibióticos supone, y de los que apenas se está hablando… No es solo el cambio climático, son muchos los riesgos a los que nos está llevando el modelo capitalista agroalimentario. El cambio es urgente y no pasa solo por modificar los hábitos de los consumidores, sino, sobre todo, por cambiar las leyes para poner límites a la impunidad de las empresas transnacionales que solo piensan en el lucro.

“Una propuesta, por ejemplo, es la del etiquetado tipo semáforo, que permitiría identificar de un vistazo si un producto comestible tiene excesiva cantidad de azúcar, sal o grasas”

 

¿Cómo es posible que el agua embotellada haya aumentado su consumo si genera impacto medioambiental por el envase, el transporte, requiere utilizar más agua y no es más segura que el agua del grifo?

Nazaret: Es un caso que evidencia esa necesidad a la que aludía antes de poner límites a las empresas, y modificar el rumbo de las políticas públicas. Por ejemplo, ya casi no hay fuentes por la calle, y eso nos obliga a comprar agua embotellada si no hemos tenido la precaución de llevarla de casa. Si no logramos revertir la situación, la tendencia será a que empeore la situación: ahí están las palabras del ex CEO de Nestlé, Peter Brabeck, que desde hace años pretende instalar ese discurso de que si el agua es privatizada y mercantilizada, en lugar de considerarse un derecho humano, ese recurso será mejor gestionado. Aunque la realidad demuestre con tozudez que es una premisa falsa, economistas y empresarios siguen con el mantra de que el mercado es el asignador de recursos más eficiente.

¿Por qué es tan difícil estar informado en estos temas?

Laura: Porque a muchos les resulta muy rentable que no lo estemos. Y ya no solo es complicado porque es difícil acceder a la información, sino que además las empresas contribuyen al ruido contándonos cosas que a menudo no son verdad. ¿Qué significa algo procesado según una receta casera? En realidad, nada. Pero la ley no lo regula y lo pueden utilizar a su antojo. Porque, ¿quién dice cómo es la receta de cada uno? Así que es algo subjetivo, aunque probablemente nadie echa aceite de palma en sus guisos en España.

Portada de ‘Carro de combate. Consumir es un acto político’

La producción de refrescos requiere emplear agua, emite gases de efecto invernadero, su consumo está relacionado con las epidemias de obesidad y diabetes tipo 2… ¿Por qué los gobiernos no hacen nada ante ello?

Nazaret: Los lobbies de estas transnacionales son muy fuertes. Las empresas transnacionales se han convertido en un actor protagonista en estos tiempos de globalización capitalista. No digo que los gobiernos no tengan capacidad de acción, hay márgenes y debemos presionar para que se aprueben leyes que vayan en el sentido de una alimentación más saludable, justa socialmente y sostenible ambientalmente. Pero la asimetría de poder es grande.

Creo que las soluciones reales pasan por modificaciones del sistema desde la raíz, que coloquen la defensa de la vida en el centro, y no la reproducción del capital. Hay iniciativas interesantes que van en ese camino, como la campaña Desmantelar el Poder Corporativo, que articula a cientos de organizaciones sociales de todo el mundo para lograr que en Naciones Unidas avance un tratado internacional que defienda los derechos de los pueblos, porque, a día de hoy, las corporaciones sí tienen todo un entramado legal que defiende sus derechos (como los tribunales de arbitraje tipo CIADI), pero no así los pueblos.

“Hay que decirle NO a las botellas de agua, a las pajitas y a los embalajes de poliestireno y similares de un solo uso”

 

Investigaciones relacionan el aumento de algunas enfermedades, como el cáncer, las alergias o el asma con la exposición diaria a prendas de ropa, ¿dónde comprar ropa? ¿Tenemos suficientes alternativas?

Laura: Esta parte de la moda aún no está suficientemente desarrollada. Se ha hablado mucho, por ejemplo, de las condiciones laborales, pero muy poco de los tóxicos. Así que muchas marcas alternativas tampoco se han centrado en ello. Sin embargo, sí hay muchos proyectos que ofrecen ropa producida con telas que no tienen compuestos tóxicos. Quizá lo mejor es pasarse por la página de Moves to Slow Fashion.

¿Qué sustancias suelen emplear las grandes compañías en el textil que son malas para la salud?

Nazaret: Por ejemplo, tintes y pigmentos que llevan plomo, que es tóxico para el sistema nervioso y los riñones, y níquel, vinculado a alergias y cáncer. Greenpeace publicó un estudio, Moda sin tóxicos, que subraya este problema del que tan poco se habla. Creo que, más allá de los efectos de estas u otras sustancias, lo peligroso es cuáles son los impactos sobre nuestra salud del cóctel de sustancias tóxicas con las que estamos en contacto, sumando alimentos, cosméticos, productos de limpieza, etcétera. Es muy difícil que un estudio científico logre identificar los riesgos de este cóctel tóxico, pero que la ciencia no pueda demostrarlo no significa que no vaya a suceder.

Vivimos en la era del plástico. ¿Qué gestos podemos hacer los consumidores para reducir su uso?

Laura: No a las botellas de agua, a las pajitas y a los embalajes de poliestireno y similares de un solo uso. Eso lo primero. Y, por supuesto, llevar siempre una bolsa de tela para las compras. Y, a partir de estos cambios, que generalmente no suponen mucho esfuerzo, se puede ir a cambios más profundos, como comprar a granel con nuestras propias bolsas o hacernos nuestros propios productos de limpieza. En Carro de Combate hemos reflexionado recientemente sobre este asunto y hemos publicado algunos consejos y también recomendaciones de sitios donde dan consejos para reducir el consumo de plástico.

“Deberíamos intentar producir la menor cantidad posible de residuos y así no tener que reciclar”

 

Si la basura marina, el plástico entre ellos, está matando hoy más animales que el cambio climático, ¿por qué no interesa terminar con productos como el plástico?

Nazaret: Volvemos al problema de los lobbies, pero en efecto, es algo que no se entiende. Algo que me indigna personalmente es que los supermercados hagan campañas de “greenwashing” en las que dejan de entregar bolsas a los consumidores para llevarse sus productos, y, sin embargo, siguen vendiendo productos empaquetados con un absoluto derroche de plástico y otros materiales.

“Reducir, reutilizar, reciclar, rechazar”, ¿esta es la clave?

Laura: Para mí rechazar tendría que ir en primer lugar. Y no implica solo rechazar cosas físicamente (rechazar cuando te den una pajita, por ejemplo), sino rechazar aquello con lo que no estés de acuerdo como manera de cambiarlo. Porque sí, cuando los consumidores presionan, se pueden cambiar cosas. Luego está reducir, que es también fundamental, porque buena parte de lo que consumimos no es necesario.

Reutilizar, para dar una segunda vida. Y, aunque ha sido a la que se ha prestado mayor importancia, reciclar viene en último lugar y solo como medida última. En realidad, deberíamos intentar producir la menor cantidad posible de residuos y así no tener que reciclar. Y yo añadiría una más, respaldar (si se quiere seguir con las Rs), o, simplemente, apoyar. En vez de obsesionarnos tanto por qué cosas no podemos consumir, busquemos activamente aquellas que se ajustan a nuestra forma de pensar y apoyémoslas. En general, es bastante menos estresante para el consumidor y más satisfactorio.

“En general, comemos demasiada proteína animal, que, a menudo, es más cara que las verduras”

¿En qué nuevas investigaciones tenéis en mente enfocaros ahora u os estáis enfocando?

Nazaret: En este momento, estamos trabajando en un informe sobre la situación de los comedores escolares en España. Además, Laura está profundizando en el tema pesquero, y yo abordaré en 2018 en profundidad el monocultivo de soja en los países del Cono Sur. Pero, en este momento, nuestra prioridad es lograr la sostenibilidad de Carro de Combate.

Hasta ahora, hemos vivido en un contexto de precariedad financiera constante y eso nos ha llevado no solo a trabajar muchas horas sin remuneración, sino a no poder asegurar la continuidad del proyecto. Sin las donaciones de nuestros lectores, nuestros mecenas, no podemos seguir. Para consolidar esa sostenibilidad a medio plazo, queremos este año hacer un crowdfunding que nos dé mayor seguridad.

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