27 diciembre, 2018. Por

Carmen Linares

Cante a cante, verso a verso: hablamos con la cantaora sobre su álbum basado en poemas de Miguel Hernández
Carmen Linares

Cuando el flamenco comenzaba a abrir los ojos para mirar hacia otras fronteras, ella ya estaba allí. Carmen Linares forma parte de aquella generación que encumbró a Camarón, Morente o los Habichuela; pero que también tuvo la capacidad de beber y formarse rodeándose de artistas de la talla de Fosforito, Juan Varea o Pepe Matrona.

En estas cinco décadas de trayectoria, la jienense ha demostrado cintura a la hora de abordar, experimentar, investigar y redimensionar todos los palos flamencos, siendo considerada una de las cantaoras con mayores conocimientos del flamenco, junto con La Niña de los Peines; pero también ha explorado los caminos de la poética de la Generación del 27, se ha acercado a géneros como el jazz y hasta ha erigido el auténtico manual de flamenco feminista hace más de 20 años, aquella Antología de la mujer en el cante.

Hace algo más de un año, Carmen Linares se acercaba a la lírica de Miguel Hernández, en Verso a verso, como hiciera años ha Enrique Morente. En este caso, la versatilidad de la andaluza redimensiona desde el lirismo jondo la mirada de un poeta atemporal y necesario, pero también proyecta a una Linares que pasa de dogmatismos y se permite licencias que amplifiquen mucho más su perspectiva flamenca. Con ella nos reunimos para hablar de todo ello y más.

«Yo he demostrado que soy cantaora, que amo el flamenco, que llevo al flamenco por bandera y que siempre lo tengo en mi cabeza porque lo tengo en mi corazón, es mi ADN: haga la música que haga, sale. No creo que nadie se atreva a cuestionarme nada»

Ya habías cantado por otros poetas: Alberti, Lorca, Juan Ramón Jiménez… No sé si Miguel Hernández era una cuenta pendiente.

Sí. Hace seis años hicimos un espectáculo que se llama Oasis Abierto que estaba dedicado a Miguel Hernández. Llevábamos ya tiempo detrás de su obra, y llevo muchos años queriendo hacer algo más formal: es un poeta que yo descubrí hace treinta años. Antes conocía poemas muy andaluces de él, o poemas como Para la libertad; pero no había profundizado tanto. Enrique Morente fue el primero que hizo un disco flamenco dedicado a Miguel Hernández, y me abrió un nuevo mundo, entré en la obra de Miguel de otra manera. Fue como ver una luz.

Este trabajo desarrolla y amplía más el trabajo que hicimos con Oasis Abierto: incluimos poemas que no estaban en ese espectáculo, se integró un compositor que es el pianista que llevo y hay más elementos: al ser un disco-libro, hemos podido dar más información de lo que conlleva ese disco. Información del poeta, de los poemas, testimonios sobre su obra y su figura… y todo eso redondea el trabajo musical.

¿Dirías que existen puntos comunes entre la manera de escribir de Miguel Hernández y tu manera de cantar?

Los poemas que he elegido sí que les vi una similitud con la manera que yo tengo de entender el mundo y las cosas sobre las que me gusta cantar: hay como una tragedia y un compromiso muy arraigado, el canto a la vida y a la muerte… El flamenco no es solo tragedia y tristeza, también hay alegrías, nanas… al tener ese componente popular, el flamenco canta a la vida misma. Miguel Hernández escribe en primera persona cosas que él ha vivido, y se plasma la tragedia, pero también la alegría; también está reflejada su niñez. Tiene una métrica que encaja muy bien no solo a nivel musical y estructural en el flamenco, sino también con el carácter del flamenco. Los poemas que elegí tienen esa musicalidad.

“No me gusta sentar cátedra: no me gusta decir si mis canciones son seguiriyas o del palo que sea, yo prefiero tener el campo más amplio. Me gusta hacer lo que siento en cada momento. Yo respeto el dogmatismo y que haya gente que se aferre a eso y solo haga eso; pero yo quiero que ellos respeten cuando una artista quiere hacer otra cosa. No pueden andar regalando tan gratuitamente el “eso no es flamenco””

Se dice mucho que Miguel Hernández era un poeta de la calle: se lo relaciona con el proletariado, con esa vis de compromiso político. Para interpretar sus poemas, ¿hay que conectar con su discurso ideológico, conocer la calle de cerca?

Sus poemas son muy terrenales, y el flamenco también lo es. Hay una simbiosis que es muy clarividente: si conectas con su lírica es porque hay una manera de pensar y enfrentarse a los vaivenes de la vida de una manera muy similar. Cuando hice el disco sobre los poemas de Juan Ramón Jiménez, que era un poeta más lírico, el registro era completamente diferente: eran hermosos, pero me tuvieron que componer las músicas para aquel disco, necesitaba un mediador que me allanase el camino, que fue Juan Carlos Ramiro. En el caso de este disco hay temas que me los compuso gente como Luis Pastor, pero hay muchos míos: conecté de una manera más cercana, sabía que eso encajaba con un cante por seguiriyas, por bambera, por taranto…

¿Dirías, en ese sentido, que tu voz es más terrenal que lirista?

Yo creo que sí, aunque creo que soy una artista muy versátil: si bien siempre he hecho cante jondo, hay otra sensibilidad que también me toca. Yo creo que una artista tiene que abrirse e intentar expresar desde su lugar las cosas. Yo no puedo expresar de la misma manera algo que me dan hecho a algo que he hecho yo: son raíces diferentes, aunque luego la intención y la capacidad de acoplarse a otros también puede acabar siendo más beneficioso, incluso.

Morente dijo en su día que “Miguel Hernández era un cantaor haciendo letras”. ¿Tú piensas eso también?

Yo creo que Miguel Hernández conecta muy bien con el flamenco. Es verdad lo que dice Enrique: parece que te está cantando. La proyección de sus poemas encaja perfectamente con la métrica del cante, y el carácter que tiene encaja con esa pasión, esa racialidad, parecen tonás. Tiene la misma pasión cuando habla del amor a su hijo, a su mujer o al compromiso político.

“Nunca me he sentido discriminada en el flamenco por ser mujer; siempre han visto que me tomaba el arte flamenco muy en serio, y que no era superficial, y que estudiaba, escuchaba, trabajaba, intentaba aprender algo nuevo cada día”

¿Querías distanciarte de la obra que ya había hecho Morente sobre los poemas de Miguel Hernández?

El trabajo que hizo Enrique me ha emocionado tanto que se me ha quedado dentro. De hecho, hay un poema, la Elegía a Ramón Sijé, que me parece que no se puede hacer una música mejor que la que hizo Enrique en aquel disco, y por eso en mi disco es la misma música. Lo que pasa que lo hago a mi forma y con una instrumentación diferente. Yo quería expresarlo a mi forma y no imitar o copiar el disco de Morente. Pero es innegable que para mí fue fundamental para entender y admirar la obra de Miguel. Pero sí creo que mi aporte y el de los músicos que participaron le dan otra visión y perspectiva; y, sobre todo, mi sentir.

Compartes momentos en el disco con Sílvia Pérez Cruz y Arcángel. ¿Por qué los elegiste a ellos? ¿Es una manera de darles la alternativa?

A mí me encantan muchas de las voces jóvenes, y me fijo mucho en ellos: trato de estar muy al tanto, ellos están viviendo otra vida, en otro contexto, con otra mirada. Sílvia Pérez Cruz me parece una artista estupenda, con una forma de cantar y expresarse que me va a aportar mucho a mí, como yo creo que le aporto a ella. Además, cuando los llamo me lo hacen muy fácil: vienen con una humildad impresionante, y hemos conectado de manera inmediata. Y me gusta que la autenticidad de cada uno: la mía desde la experiencia, la de ellos desde su juventud.

Y a Arcángel lo conozco desde que tenía 17 años: lo descubrí a la vez que Morente, y recuerdo que cuando lo escuchamos las primeras veces nos impresionaba su manera de cantar. Para mí es un regalo que me han hecho los dos: ha habido muy buena conexión y mucha unión, y creo que se refleja.

“No solamente necesitamos comer: también necesitamos que el acceso a la cultura sea fácil”

Se te considera una de las maestras. ¿Sientes que hay una nueva generación inspirada en tu manera de hacer flamenco?

Puede ser, pero es lógico. Para mí es un orgullo que un artista de la talla de Arcángel me llame “maestra”; yo le digo: “anda ya, anda ya…” (risas) También me pasó a mí cuando empecé: me miraba en otra generación, y aprendí muchísimo de ellos. Yo esto lo veo como una cadena: lo que uno haga se queda ahí, y si a alguien le sirve, estupendo, creo que es lo que tenemos que hacer.

¿Cómo estás viviendo este resurgir del flamenco desde círculos más cerca de la escena alternativa que de la del flamenco o la música de raíz?

Yo creo que la tradición no hay que perderla: es tu universidad, y hay que partir de algo para luego poder volar. El disco que yo hice de Juan Ramón Jiménez, el título Raíces y alas lo cogimos de un aforismo suyo: “raíces que vuelen y alas que arranquen”. Pero si uno quiere volar tiene que tener una raíz potente, aunque tengas alas. Si partes desde ahí lo vas a tener más fácil. Es importante que no se pierda la esencia de las cosas. Luego, a partir de eso, me parece necesario experimentar y llevar el timón hacia donde quieras; pero con un punto de partida.

¿Cuál es tu relación con la facción más fundamentalista del flamenco? Tú has presentado discos especialmente arriesgados: no eres una dogmática ortodoxa.

Es cierto. A mí no me gusta sentar cátedra: no me gusta decir si mis canciones son seguiriyas o del palo que sea, yo prefiero tener el campo más amplio. Me gusta hacer lo que siento en cada momento. Yo respeto el dogmatismo y que haya gente que se aferre a eso y solo haga eso; pero yo quiero que ellos respeten cuando una artista quiere hacer otra cosa. No pueden andar regalando tan gratuitamente el “eso no es flamenco”. ¿Cómo que no es flamenco? Es mi forma de sentir y mi pureza: si hago algo que no siento no sería yo. Yo he hecho antologías de cante y muchas cosas; tengo mi base y ahora interpreto de la manera que me sale, como cuando canto por Chavela Vargas o por quien me haga sentir.

“La tradición no hay que perderla: es tu universidad. Es importante que no se pierda la esencia de las cosas. Luego, a partir de eso, me parece necesario experimentar y llevar el timón hacia donde quieras; pero con un punto de partida”

Antonio Muñoz Molina habla de ti como una “cantaora de jazz”. ¿Te ves así?

(Ríe) Él me ve así, y de hecho en el disco ha escrito un texto en el que dice eso y lo explica muy bien: parece que tiene sentido y todo (risas). Yo estoy encantada que una persona como Muñoz Molina diga ese tipo de cosas sobre mí. Quizás yo sí me veo algo más cerca del jazz en la manera que tengo de enfrentarme al flamenco. Musicalmente las raíces son diferentes, pero en cuanto a sentimientos y a códigos sí que creo que hay cosas comunes entre el flamenco y el jazz. Creo que son los dos géneros en los que tienen unos códigos que dan más margen de libertad. Y eso me parece muy bonito y divertido.

Hace poco le decías a Elvira Lindo que no tenías que demostrar nada, que solo te tenías que dedicar a “hacer sentir”. ¿Sientes que en una parte de tu carrera tenías que demostrar?

En algunos momentos sí. Tenía que demostrar que soy mujer, que no soy del triángulo Cádiz-Sevilla-Jerez, que he aprendido a cantar de los cantaores que estaban en Madrid… lo importante es con quién estés en cada momento y de quién aprendes y cómo absorbes. Yo he tenido la suerte de conocer a grandes maestros con los que he trabajado. ¿Que no he trabajado en Sevilla? Bueno, estaba trabajando en Madrid, y no se puede estar en todos los sitios a la vez.

Yo cuando hice la Antología no lo hice para demostrar nada: la hice porque me parecía muy bueno coger todos los cantes que habían hecho las mujeres y unirlos en un disco. Resultó que acabó siendo mi disco más importante y prestigioso. Yo he demostrado que soy cantaora, que amo el flamenco, que llevo al flamenco por bandera y que siempre lo tengo en mi cabeza porque lo tengo en mi corazón, es mi ADN: haga la música que haga, sale. No creo que nadie se atreva a cuestionarme nada.

“Al tener ese componente popular, el flamenco canta a la vida misma. Miguel Hernández escribe en primera persona cosas que él ha vivido, y se plasma la tragedia, pero también la alegría”

¿Dirías que desde que publicaste la Antología has podido ser más libre para no rendir cuentas a nadie y que se te cuestione menos?

En cierto modo sí, fíjate. Ya había hecho discos muy buenos de cante, pero parece que hay como un antes y un después de ese disco: hay otra mirada sobre mi obra, otra perspectiva. Además, reivindiqué a la mujer casi sin darme cuenta, y resultó ser importante también a ese nivel.

¿Crees que sirvió como alegato feminista?

Sí, totalmente. Yo asumo que no fue buscado, pero me encanta verlo con perspectiva y ver que ha conseguido tener ese cometido. Creo que todavía hay muchísimo por reivindicar y mucho camino por recorrer para erradicar el machismo.

¿Crees que en el flamenco hay machismo todavía?

Creo que ya no, que se ha depurado mucho. Seguro que habrá algunas maneras de entenderlo que lo vea de esa forma; pero creo que se ha limpiado mucho. Antes había más machismo en el entorno familiar de una familia: no estaba bien visto el querer ser cantaora, cantante, artista. Yo no lo he vivido, pero mucha gente de mi entorno sí. Nunca me he sentido discriminada en el flamenco por ser mujer; siempre han visto que me tomaba el arte flamenco muy en serio, y que no era superficial, y que estudiaba, escuchaba, trabajaba, intentaba aprender algo nuevo cada día.

“Miguel Hernández transmite la misma pasión cuando habla del amor a su hijo, a su mujer o al compromiso político”

Una de las citas que hay repartidas por el libro-disco es una de Pablo Neruda, que dice: “Reivindicar a Miguel Hernández es un deber de España, un deber de amor con su arte”. ¿Qué otro deber dirías que tiene ahora España con el arte y sus artistas?

¡Uy, muchísimos deberes! Este de Miguel Hernández era un deber en su momento: es un artista que es tan grande que no habría que reivindicar nada, pero hubo momentos en los que era necesario volver a ponerlo en común. En general, creo que el arte no está valorado para nada aquí.

¿Dirías que el arte español se valora más fuera que dentro de España?

Sí, sí, totalmente.

¿Tú lo has vivido?

Ahora mismo los artistas de flamenco tenemos que viajar mucho fuera para trabajar, pero espero que eso se solucione. Y no me refiero solo a los artistas, sino al arte en general.

Enrique Morente fue el primero que hizo un disco flamenco dedicado a Miguel Hernández, y me abrió un nuevo mundo, entré en la obra de Miguel de otra manera. Fue como ver una luz”

¿Qué crees que hace falta para que se empiece a valorar más?

Que se den cuenta que la cultura es algo muy importante para el ser humano, para el alma de cada uno: aunque suene utópico, la cultura es el alimento del alma. No solamente necesitamos comer: necesitamos que el acceso a la cultura sea fácil, que no sea caro, que la gente no se tenga que ir fuera. Mi propia hija es actriz y está fuera, en Londres, porque aquí no hay nada para ella; volverá, pero no está siendo fácil, aunque esté formándose en otro sitio y buscando otras vías. Sería muy importante que la Ley de Mecenazgo se impusiera aquí. El apoyo del gobierno también sería importante.

Carmen Linares