4 octubre, 2017. Por

Carmen Calvo

‘La perversión de la mirada’, o cómo rehacer la memoria entremezclando objetos
Carmen Calvo

Carmen Calvo es una veterana; uno de los referentes en la conceptualización contemporánea del fragmento. Interesada por la arqueología, su obra deja una estela de hallazgo y de reminiscencia. Su dosis de pop art, inyectada a través de la influencia valenciana de Rafael Solbes y Manolo Valdés y en general el Equipo Crónica con el que hizo migas por su afiliación al Partido Comunista es patente en su obra, pero ante todo es heredera de la historia del arte, por lo que su obra se ha relacionado también con el surrealismo, dadá y el arte póvera.

Ahora, la Galería Tiempos Modernos inaugura La perversión de la mirada, una colección de 22 dibujos nunca expuestos en España y tres obras nuevas, recién salidas del horno, en las que la artista española comparte con el espectador su particular imaginario de objetos y memorias. Pintura, literatura y música son los protagonistas de esta muestra. La serie de dibujos está inspirada en los poemas de Francisco Brines, en concreto en uno dedicado a la artista.

«La artista, que asegura que sigue ejerciendo su oficio por puro egoísmo, está convencida de que a veces los objetos tienen vida, son sin duda el motor de sus creaciones. No se trata de nostalgia, sino de reciclaje»

En la obra de Carmen Calvo encontramos un ejercicio de estética permanente, salpicado de sentimientos tan dispares como la nostalgia, la perversión, el erotismo o el humor. Suele hablarse de la capacidad de Calvo para convertir la pintura en poesía, cualidad que acompaña también a los títulos de sus obras, en las que siguen presentes la obsesión por las infancias rotas y las matas de pelo que tanto juego dieron a los surrealistas. Las resonancias de Kurt Schwitters o Joseph Cornell se vislumbran en sus incursiones a lo objetual y en esa repetición y acumulación patentes en unas obras que adereza con humor.

La artista, que asegura que sigue ejerciendo su oficio por puro egoísmo, está convencida de que a veces los objetos tienen vida, son sin duda el motor de sus creaciones. No se trata de nostalgia, sino de reciclaje. Viene de un pasado en el que todo se reutilizaba: de la comida a la ropa. Y Carmen Calvo no solo quiere hablar del tiempo sino también de los objetos, artilugios y recuerdos que pertenecieron a otros. Y eso es lo que hace: transforma el argumento y los personajes anteriores en un claro desafío al tiempo y les da a los objetos una segunda oportunidad para adquirir significado.


Calvo
es, según el poema de Brines, “la niña que, al carecer de juguetes, se sirve para el juego de cuanto la rodea”. Quizá por eso esta muestra se compone de una serie de dibujos y objetos en los que también hay música de fondo. Su particular universo de fragmentos congelados en el tiempo se despliega sobre un fondo de partituras compuestas por los grandes músicos de la historia. Retales de un mundo antiguo, en cierta medida el imaginario creativo de esta creadora se nutre de una armadura hecha de imágenes que debemos comprender como ilustraciones poéticas, de hecho se puede advertir claramente que Calvo plantea una comprensión de la pintura como escritura.

Christian Boltanski dice que cada uno expresa lo que guarda en la memoria. Una memoria que tiene que ver con la educación, con la forma de mirar la pintura. En el caso Boltanski el uso de los objetos –que son presencia y ausencia a la vez- es un síntoma de su lucha por combatir la muerte mediante la memoria. Carmen Calvo añade música y literatura a este modus operandi para obtener con éxito una radiografía de su imaginario sentimental.

Carmen Calvo