1 octubre, 2018. Por

Carlos Saura, años 50

La descorazonadora España de los años ’50, a través de los ojos de Saura
Carlos Saura, años 50

En palabras del cineasta Carlos Saura“basta con mirar atentamente una fotografía del pasado para que inmediatamente aparezca una parte de la historia que todos llevamos dentro”. Quizá por eso, cuando era un joven aficionado a la fotografía y antes de convertirse en uno de nuestros más grandes cineastas se dedicó a recorrer España con una Leica con la que iba retratando nuestro entonces destartalado país.

Ahora, podemos sobrecogernos con esas imágenes en la exposición Carlos Saura, años 50 en La Fábrica hasta el 20 de noviembre, que reúne casi una veintena de fotografías en blanco y negro que muestran la España que el fotógrafo descubrió en sus viajes, con una mirada sincera y alejada de la propaganda oficial. Además, coincidiendo con la exposición, PHotoBolsillo ha editado el segundo monográfico de la colección dedicado al cineasta, con imágenes entre 1950 y 1962 que ahondan en sus primeros años como fotógrafo, un fotógrafo que afirma haber llegado a ella por amor.

«La descorazonadora sensación que deja el recorrido por sus instantáneas es la de un país mísero y abatido, pero Saura realizó al mismo tiempo un trabajo documental sobre los pueblos, paisajes, gentes y costumbres de España en el que a través de su objetivo, se podía ver la vida y costumbres de estas gentes y sus ritos»

Y ese amor se plasma perfectamente en una muestra que reúne una veintena de fotografías realizadas en un país que resultaba entrañable y triste a partes iguales. De hecho, la descorazonadora sensación que deja el recorrido por sus instantáneas es la de un país mísero y abatido, pero Saura realizó al mismo tiempo un trabajo documental sobre los pueblos, paisajes, gentes y costumbres de España en el que a través de su objetivo, se podía ver la vida y costumbres de estas gentes sencillas, sus matanzas, sus novilladas, sus fiestas -como la Semana Santa y las Fallas– y sus ritos, presentando así un país que también era lúdico y con una gran riqueza cultural, resultado de un sinfín de influencias, como la de la ocupación árabe.

Saura aborda sus fotografías desde una perspectiva de empatía con un pueblo que había sufrido los estragos de la guerra civil y seguía sufriendo la pobreza y la falta de libertades del franquismo, pero siempre con un enorme respeto y una mirada transparente.

«Lo más seductor de esta muestra es la sensación de irrealidad que deja en el espectador. Muchos de nosotros no conocemos esa España, pero extrañamos esa estética del neorrealismo radical»

Este testimonio en imágenes está también directamente relacionado con su trayectoria cinematográfica. Saura siempre ha evocado el pasado también en su cine, desde La caza hasta ¡Ay Carmela!, con esa obsesión particular con la memoria, de retratar para inmortalizar. Para él la fotografía era un instrumento para retener instantes. La fotografía detiene el tiempo y lo encapsula, en este caso realizando un álbum fotográfico sobre los pueblos y gentes de España que fue descubriendo en sus diversos viajes por el país: Cuenca, Andalucía, Castilla, Madrid o Sanabria. Lo más seductor de esta muestra es la sensación de irrealidad que deja en el espectador.

Muchos de nosotros no conocemos esa España, pero extrañamos esa estética del neorrealismo radical. Pero, como apunta el propio Saura: “Hace tiempo que no estamos allí, pero volvemos gracias al poder que tiene la fotografía de representar el pasado”.

Carlos Saura, años 50