18 julio, 2017. Por

Carlos Saura

España en los años ’50 a través del ojo de Saura: un país mísero y abatido, pobre y apagado
Carlos Saura

La memoria de los vencedores de la guerra civil española ocupa todavía un espacio dominante respecto a la de los vencidos. Acabada la guerra, los vencedores ajustaron cuentas con los vencidos, recordándoles durante décadas quiénes eran los patriotas y dónde estaban los traidores. El franquismo tiene sus lugares de memoria, calles, monumentos y mártires. De la República y de quienes la defendieron queda el recuerdo de los supervivientes y de algunos historiadores. Mientras la dama de Shangai hacía brillar las salas de los cines norteamericanos, en nuestro país lo que podía verse eran hombres en harapos, niños sucios, mujeres enlutadas, caminos sin asfaltar y pueblos de miseria. Fue esta España oscurísima ante la que fotógrafos como los del Grupo AFAL reaccionaron para mostrar los estragos de la guerra; un trabajo de compromiso, cargado de discurso y de lenguaje.

La fotografía de los años cuarenta se caracterizaba por un folklore y costumbrismo arrodillados ante una ley de prensa que aseguraba que el periodista fuese un apóstol del pensamiento y de la fe de la nación recobrada, un digno trabajador al servicio de España. Pero en plena posguerra hubo gente que mostró fuera de España una realidad que no era la que la dictadura estaba ofreciendo. Con la apertura de las fronteras, llegaron a España numerosos fotógrafos, convertidos más tarde en grandes protagonistas de la historia de la fotografía, como Eugene Smith, Henri Cartier-Bresson, Inge Morath, Elliott Erwitt, Robert Frank o Herbert List, entre otros.

«Saura aborda sus fotografías desde una perspectiva de empatía con un pueblo que había sufrido los estragos de la guerra civil y seguía sufriendo la pobreza y la falta de libertades del franquismo, pero lo hace con un enorme respeto y una mirada transparente»

 

También andaba por allí un fotógrafo que se definía como aficionado -a pesar de que vivió de ello en su juventud- y que antes de convertirse en uno de nuestros más grandes cineastas se dedicó a recorrer España con una Leica con la que retrató “un país medieval” que ahora sobrecogerá al espectador en la exposición que nos ocupa y que es una de las más atractivas de PHotoEspaña: Carlos Saura. España años 50, en el Museo Cerralbo hasta el 3 de septiembre. La muestra reúne 92 fotografías que realizó en un país entrañable y triste a la vez.

De hecho, la descorazonadora sensación que deja el recorrido por sus instantáneas es la de un país mísero y abatido, pero Saura realizó al mismo tiempo un trabajo documental sobre los pueblos, paisajes, gentes y costumbres de España en el que a través de su objetivo, se podía ver la vida y costumbres de estas gentes sencillas, sus matanzas, sus novilladas, sus fiestas -como la Semana Santa y las Fallas– y sus ritos, presentando así un país de gran riqueza cultural, resultado de múltiples influencias, como la de la ocupación árabe. Saura aborda sus fotografías desde una perspectiva de empatía con un pueblo que había sufrido los estragos de la guerra civil y seguía sufriendo la pobreza y la falta de libertades del franquismo, pero lo hace con un enorme respeto y una mirada transparente.

«Estamos en la “era de la memoria”, tan incómoda para muchos, en la que regresa un pasado oculto y reprimido, actualizado y revisado por sus herederos. Y Saura siempre lo ha evocado»

Es un país pobre y apagado en el que nos resulta muy difícil vernos reflejados, reconocernos en esos rostros tristes que son un fiel reflejo de la derrota de aquella España de posguerra. Pero también es innegable que la historia de la Guerra Civil y de la dictadura de Franco continúa persiguiendo nuestro presente. Estamos en la “era de la memoria”, tan incómoda para muchos, en la que regresa un pasado oculto y reprimido, actualizado y revisado por sus herederos. Y Saura siempre lo ha evocado también en su cine, desde La caza hasta ¡Ay Carmela!, con esa obsesión particular con la memoria, de retratar para inmortalizar. Para él la fotografía era un instrumento para retener instantes. La fotografía detiene el tiempo y lo encapsula, en este caso realizando un álbum fotográfico sobre los pueblos y gentes de España que fue descubriendo en sus diversos viajes por el país: Cuenca, Andalucía, Castilla, Madrid o Sanabria.

Saura documenta su país, como documenta en sus películas cualquier cosa con alma: la música, el baile, el flamenco, las raíces, el tango, los quinquis de los ochenta… ofreciendo el testimonio “de una época de España que ahora parece perdida en los siglos”. La extrañeza que siente el espectador ante estos paisajes remotos y sus gentes tiene que ver con el lejanísimo vínculo que parece existir entre estas imágenes de una España rural perdida en el devenir de los tiempos, con las devastadoras huellas aún visibles de una guerra civil, y la España actual. Pero las fotos de Saura dinamitan esa barrera que tenemos con el pasado. Como afirma el cineasta aragonés: “basta con mirar atentamente una fotografía del pasado para que inmediatamente aparezca una parte de la historia que todos llevamos dentro”.

Carlos Saura