17 mayo, 2018. Por

Carlos Núñez

Hablamos con el gallego (y gaitero) universal sobre folclore, tradición, juventud, política y Galicia
Carlos Núñez

Cuando entro al estudio de televisión donde están haciéndole una breve entrevista a Carlos Núñez, lo veo grabando ya una píldora para promocionar la cadena y riéndose de sí mismo, flauta en mano: “Soy el Flautista de Hamelín… uy, qué digo, soy Carlos Núñez”. Hay algo de semblante serio, pero también de autoparodia y de científico musical apasionado por seguir excavando ritmos e instrumentos y generando un espacio común, global, céltico.

En la casi hora de charla que tuve con el músico vigués, un auténtico abanderado de la música gallega y celta, pero también una suerte de divulgador transoceánico de la arqueología sonora, hacedor de una especie de Pangea sentimental que suena a mundo; hemos hablado de tradición musical, sí, pero también de naciones culturales, de España, de fronteras, de política, de apoyos institucionales, de arqueología, de Medievo y de Millennials.

Y no, no es casualidad que publiquemos la entrevista hoy, Día das Letras Galegas.

“En los años ’90 ha habido dinero público desde la Xunta de Galicia para promocionar la música tradicional: era algo que le gustaba a la gente e hicieron una especie de “café para todos” igualado por abajo, sin buscar la calidad”

Últimamente has estado acercándote mucho a la música medieval: trabajaste con Jordi Savall, cada vez que puedes cuentas con Abraham Cupeiro… ¿estás centrado en explorar la relación de la música gallega desde un punto de apoyo medieval, o qué es lo que estás mostrando en gira?

Hasta enero estuvimos mostrando las exploraciones que hicimos de la música medieval, con Jordi Savall de director, utilizando los instrumentos del Pórtico de la Gloria, que tienen más de 800 años y que se reconstruyeron en los últimos 30 años. Nos hemos traído algunos de esos instrumentos y los tocamos un poquito, como el Carnyx.

Trabajando con músicas tan antiguas, barrocas o medievales, ¿se puede hacer música moderna? ¿Se puede llegar a ser moderno mirando tanto lo antiguo?

Ahí está el secreto. Decía Bob Dylan cuando le entregaron el Nobel que su gran inspirador era Homero. Efectivamente: tú ves un cantautor y, de algún modo, es un continuador del antiguo bardo, lo que pasa que ha ido evolucionando la forma de hacer canciones. Pero cuando trabajas con la música tradicional (o con música celta, que tiene una filosofía muy atlántica, que viene de la Edad del Bronce, de ejercer de médium entre pueblos diferentes, pero con cierta vocación por ir uniendo) eres consciente de que estás intentando hacer cosas nuevas, pero siempre sabes que los materiales con los que estás intentando hacer una nueva pócima ya existían hace cientos o miles de años, en muchos casos. Quien no quiera ver que un violín country ya estaba en la fídula medieval hace 800 años, es que o no lo sabe o no quiere verlo para atarse a sus propias creencias, pero la realidad es esa.

Me parece fascinante que músicas que han llegado hasta hoy conserven técnicas y secretos de cómo se hicieron músicas del pasado. Uno puede hacer música nueva con personalidad, pero el problema es que el mundo se ha convertido en una especie de hipermercado en el que todos copian la copia anterior: todos copian del mundo anglosajón sus parámetros de canción. A mí me parece más interesante, incluso cuando consigues salir a tocar fuera, a países anglosajones, sorprenderlos: no quieren ver una copia periférica de lo suyo, sino que le fascines con cosas diferentes y auténticas de tu zona.

Hablando con algunos amigos gallegos de veintipocos años, sí que hay cierto reconocimiento de tu figura y de la de algunos otros grupos que trabajan con el folclore gallego; pero también identifican esas músicas con la de sus padres o sus abuelos. ¿Te preocupa que en algún momento dejes de conquistar público joven? O incluso que el público joven pierda el interés totalmente por el folclore gallego.

En nuestros conciertos cada vez viene más gente joven, pero es cierto que la gente joven que viene es porque han explorado o porque alguien les recomendó que vayan a verme por alguna razón. Pero este tipo de música, en momentos de picos de popularidad (como en los años ’90, con la new age y cierto efecto rebote que hizo que los grandes medios se interesasen en estas músicas) la gente joven de pronto conectó con eso, de forma más masiva. Pero cuando pasó esa moda esta música dejó de salir en la televisión.

Los únicos jóvenes que tienen esa realidad cerca son los que tienen gente que les habla o un entorno favorable para poder conocer estas músicas. No me preocupa, porque creo que volverán momentos en los que la moda de la música celta vuelva, y volverá a haber nuevas vías para llegar a la gente joven.

“La España de las autonomías ha ayudado a que cada uno conozca mucho más la cultura de su zona, pero, ¿y qué hay de conocer al otro? ¿Cómo es posible que un chico de Galicia no sepa que se toca la gaita en Cataluña? ¿Cómo puede ser que un chico de Valencia que toca la dulzaina nunca haya ido a Castilla a ver la diferencia con la dulzaina castellana como un mismo instrumento de familias diferentes?”

¿Ves que se le dé valor en el público más joven a la música tradicional?

Yo creo que sí, estoy convencido. Galicia, en ese sentido, es un caso aparte dentro de España; ha habido esa moda tan fuerte de los años ’90, y ha habido dinero público para promocionar todo eso: el gobierno gallego se dio cuenta de que era algo que le gustaba e interesaba a la gente e hicieron una especie de “café para todos”. A lo mejor no se seleccionó buscando la calidad, sino promoviendo prácticamente a cualquiera que hacía música tradicional. Ese “café para todos” igualado por abajo el problema que tuvo es que quemó: hubo sobreexposición de gaitas.

¿Crees que en Galicia ahora se identifica a los conciertos de música tradicional como una especie de “acto institucional” o “concierto subvencionado”?

Exactamente. Muchos gallegos tienen en la cabeza que “lo gallego” no sólo está pagado por la Xunta, sino que además debe ser gratis. En cambio, en zonas de España donde eso no ha existido tienen verdadera hambre porque las tradiciones salgan y se apoyen desde las instituciones. Ahora mismo, en ese sentido veo a Galicia bastante despistada: no se sabe cómo arreglar los errores cometidos, pero a su vez esos errores han ayudado a que haya un seguimiento de nuestro folclore con mucha profundidad y hasta bien poco.

“Las culturas no tienen por qué reflejarse en los mapas”

¿Te afectó a ti a título personal? Como de algún modo fuiste el “abanderado” de la música tradicional desde los años ’90, y una especie de embajador universal, quizá en Galicia se te tiene como una especie de logotipo de la Xunta, de músico que ha recibido mucho apoyo institucional.

Nadie puede decir eso porque nunca he tenido un apoyo especial, más bien todo lo contrario. De hecho, ese no-apoyo decidido desde mi ciudad, o desde Galicia en sí, es lo que nos hizo más fuertes a mí y a mi equipo: hemos tenido que salir al mundo. No tener un apoyo que me lo hiciera fácil en casa nos ha hecho aprender a ser internacionales.

¿Y por qué crees que no se te apoyó?

Yo creo que Galicia lo ha tenido muy fácil. Te voy a contar una anécdota que me contaron. Alguien de la Generalitat de Cataluña llamó a la Consellería de Cultura de la Xunta de Galicia preguntando cómo hacer un Carlos Núñez de la tenora catalana. Y la respuesta de la Xunta fue: “¡pues nada!”. De algún modo, eso demuestra que desde Galicia no se construyó todo ese boom ni se nos ha puesto fácil el que hubiera algunos músicos con tanto conocimiento y trayectoria, sino que simplemente ha sucedido. Pero creo que lo que nos ha dado fuerza y libertad ha sido el apoyo auténtico del público, no solo de Galicia y el resto de España, sino del resto de países en donde hemos estado.

Los artistas internacionales, a no ser que salga desde algún tipo de foco industrial de alguna multinacional, suelen ser gente muy humilde, que lleva muchos kilómetros de cero y que saben que cada país con el que conectas tienes que conectar desde cero: tú en tu país puedes ser un artista local, pero cuando sales hay que empezar desde cero.

“Muchos gallegos tienen en la cabeza que “lo gallego” no sólo está pagado por la Xunta, sino que además debe ser gratis”

Hay una frase que te leí en una entrevista y que me llamó mucho la atención: “Las nacionalidades culturales no existen”. ¿Sigues manteniéndolo?

Eso venía de una entrevista que hice cuando publiqué Os Amores Libres, cuando mezclé música celta con flamenco. Sí que creo que las nacionalidades culturales no existen, y que en la música hacemos constantemente el esfuerzo por obligarnos a entendernos, buscando y potenciando los puntos comunes que existen entre nosotros. ¿Te imaginas que los políticos utilizasen ese modus operandi? Sería bastante diferente.

Yo es algo que aprendí de The Chieftains y de todo el mundo celta. Ahora que llevo tiempo trabajando con arqueólogos me doy cuenta que viene de muy atrás. Ellos me lo explican de la siguiente manera: la lengua celta era una lengua franca, como el inglés del Atlántico, que se utilizaba para comerciar entre gente de diferentes sitios; y existía ese lugar común a través de lo celta: la energía iba en encontrar la conexión, es el culto a la conexión y no a la diferencia.

De hecho, existe esa visión de que la música celta es el “Finisterre”, el fin del mundo; pero los arqueólogos nos dicen que no es así: que los extremos están en el Mediterráneo y el Mar del Norte. Si comparas a un turco o un italiano y lo comparas a un danés o un inglés… Pero el Atlántico siempre ha tenido una fascinación por ambas cosas: lo que venía del Mediterráneo y lo que venía del Mar del Norte. Lo celta es una continua fascinación por traer cosas de fuera y reinventarlas y hacerlas nuestras.

¿Tú te sientes una especie de “embajador cultural” de Galicia en el mundo? ¿Te sientes más arraigado a la cultura gallega o a la cultura celta?

¿Sabes que nadie me ha hecho esa pregunta nunca? (Piensa un rato) Yo nací en Galicia, empecé a tocar música tradicional, Galicia me descubrió el mundo celta, y a partir de ahí, esa forma de vivir celta, impregnó mi vida. Y creo que muchos de los problemas que tiene España actualmente es porque no está sabiendo aplicar esa filosofía que hubo un momento que sí existió. Cuando ves las Cantigas de Alfonso X El Sabio era un puro sistema galaico de abrazar a todos. Alfonso X utilizó ese sentimiento de la irmandade gallega de “todos bienvenidos” para hacer crecer el país hacia el sur, pero también para generar una identidad común. Hoy, en cambio, no es esa la tónica que hemos visto.

Es un momento interesante para la música: puede ayudar mucho a conocernos. La España de las autonomías ha ayudado a que cada uno conozca mucho más la cultura de su zona, pero, ¿y qué hay de conocer al otro? ¿Cómo es posible que un chico de Galicia no sepa que se toca la gaita en Cataluña? ¿Cómo puede ser que un chico de Valencia que toca la dulzaina nunca haya ido a Castilla a ver la diferencia con la dulzaina castellana como un mismo instrumento de familias diferentes?

“Las nacionalidades culturales no existen: en la música hacemos constantemente el esfuerzo por obligarnos a entendernos. ¿Te imaginas que los políticos utilizasen ese modus operandi? Sería bastante diferente”

¿En qué crees que se equivoca el nacionalismo? No sólo es un problema que esté sucediendo en Cataluña: hay focos de reivindicación nacional también en Galicia, en País Vasco…

A mí todo lo que sea hablar, conocer e intercambiar puntos de vista me parece sano. Es muy importante conocernos y disfrutar de las diferencias. Una de las cosas que te enseña la música es aprender a sentir como siente el otro, aunque al otro le gusten cosas diferentes a las que te gustan a ti. Eso es lo que no se está viendo en la política. No creo que el futuro sea separarnos en países más pequeñitos, pero es cierto que hemos llegado a un punto en el que los españoles muchas veces ni nos conocemos.

¿Para ti qué es España?

Son convenciones, identidades que se han ido formando y transformando con el tiempo. Es como hablar de Galicia: ¿qué Galicia, la de hoy o la histórica que llegaba de la mitad del norte de Portugal o la de los suevos? Yo creo en los sentimientos, en el apego a una cultura. Y por eso digo que las culturas no tienen por qué reflejarse en los mapas. Creo que, a ese nivel, la misión para con Galicia está bastante avanzada: la gaita no se va a perder los próximos años, hay mucha gente joven tocando.

Ahora mismo, la misión está más en España: necesita dar más valor a sus tradiciones. Ha estado un poco abandonada en los últimos 20 años: ha habido vida en las grandes ciudades, pero todo ese interior está un poco abandonado, sin proyecto cultural. Hay que ayudar a que sitios que están abandonados, desde el yacimiento de Numancia en Soria, a la tradición musical antiquísima de Zamora, también tengan su espacio. Todas esas sensibilidades necesitan ser conocidas. Lo celta es una buena plataforma para llevarlo al mundo, puede ser un buen vehículo.

“Los arqueólogos están siendo mis nuevos inspiradores a la hora de conocer más la música. Las moléculas musicales con las que igual haces una canción ahora quizás vienen de hace miles de años”

Mencionas muchas veces el concepto de “misión”. Viéndote cómo hablas y cómo planteas tus proyectos (discos, shows, etc.) pareces más investigador: trabajas con arqueólogos, eres casi un científico musical. ¿Dirías que has decidido tener casi una responsabilidad civil, un afán divulgativo?

Nunca me imaginaría que, después de 20 años grabando discos y girando sin parar, iba a tener la sensación de volver a empezar. Y sí que siento eso. Mis nuevos maestros son los arqueólogos. Los musicólogos me decían que lo que no está en partitura no existe. Cuando yo les preguntaba por las tradiciones orales no sabían qué decirme. En cambio, los arqueólogos le dan importancia a todo: desde un bicho a una raja en la pared, consigue relacionarlo con algo que encontraron, con formas de trabajo…

Tienen una visión muy amplia y son capaces de unir informaciones de muchos tipos. Por eso los arqueólogos están siendo mis nuevos inspiradores a la hora de conocer más la música celta: piensan en larga duración, en cosas e instrumentos y formas de hacer música que vienen de miles de años atrás. Las moléculas musicales con las que igual haces una canción ahora quizás vienen de hace miles de años.

“Cuando Dylan decía que su inspirador es Homero no iba mal pensada la cosa: estaba reconociendo que compone cosas nuevas, pero sigue la saga de sistemas que llevan miles de años con los humanos”

¿Hasta qué punto se puede hacer música, que tiene mucho de ese impulso artístico natural y pasional, trabajando tan de cerca con la frialdad analítica de la ciencia?

Tú piensa que Pitágoras en la época de los griegos estaba comiéndose la cabeza en cómo distribuir una escala: y batallaba contra la naturaleza. La naturaleza no es perfecta, es caprichosa e imperfecta. Pero conocer esas reglas de la naturaleza… es donde está el druida: te permite conocer la historia, la herencia que ha llegado hasta nosotros… es fascinante.

Cuando Dylan decía que su inspirador es Homero no iba mal pensada la cosa: estaba reconociendo que compone cosas nuevas, pero sigue la saga de sistemas que llevan miles de años con los humanos.

De todos los acercamientos que has hecho a otras tradiciones musicales (el flamenco, la música americana, la brasileña…), ¿cuál dirías que es la que te aportado más, la que más poso te ha dejado?

Todas te dejan algo diferente. De la época de The Chieftains lo que más me impactó fue colaborar con gente de otros géneros: un día venían The Rolling Stones, otro día Sting, otro día Sinead O’Connor; luego, hacer bandas sonoras de películas te abrían otro campo creativo; luego, hacíamos música celta para que funcionen en conciertos que dábamos en campos de fútbol…

De Brasil me llamó muchísimo que allí está muy viva la sensación esta (tan gallega, por otro lado) de unir lo popular y lo culto: allí ves cómo el cantante de mpb brasileña canta un canto de bueyes. En España, ¿tú ves a Alejandro Sanz o Joaquín Sabina haciendo un canto de bueyes? Ojalá…

“No tener un apoyo institucional que me lo hiciera fácil en Galicia nos ha hecho aprender a ser internacionales: nos ha dado fuerza y libertad”

¿Cómo ves la música que viene? Desde una panorámica global, ya no solo desde lo gallego o lo español.

Como en todo, en la música siempre hay ciclos. Y lo que quizá ha dejado de ser nuevo a lo mejor vuelve en unos años. ¿Quién les iba a decir a los viejitos de Buena Vista Social Club que aquellas máquinas con las que grababan en los años ’50, con 24 pistas analógicas, se convertirían en la tecnología que fascinaría a Ry Cooder y al mundo cincuenta años después?

Yo creo que la curva en lo que se refiere a medios para poder grabar discos fue hasta el año 2000, de ahí la curva ha ido hacia abajo. Y en aquellos años había gente que se pasaba años grabando discos con presupuestos millonarios e infinitos. Y se llegaba a un exceso de maquillaje sonoro que la crisis se lo acabó llevando por delante. Es como cuando nos dicen: “después de los excesos del barroco y del rococó se volvió a la sencillez”. Yo creo que estamos viviendo cosas así. Lo ‘indie’ aboga por la sencillez, por la microeconomía: y creo que es sano despojar a la música de los excesos.

Para mi banda, la crisis ha sido muy positiva: se cayó todo el sistema y lo primero que hicimos fue inventar nuevos sistemas, y nos fuimos a recorrer América. Nos hemos pasado años haciendo la mili por Estados Unidos, y fue una gran escuela para nosotros. Conseguimos en bares de carretera, con un equipo de cuatro canales, sonar bien; imagínate cuando volvimos a Europa a tocar con los medios que nos ponían en los grandes festivales: nos los comíamos.

¿Cómo ves la nueva generación de música gallega?

Sí, conozco, conozco. Hay mucha gente haciendo cosas muy interesantes. Lo primero que hicimos el año pasado fue, aprovechando el vigésimo aniversario de A Irmandade das Estrelas, fue buscar gente joven, que no tienen acceso a los grandes medios, y darle la oportunidad de poder repensar aquellas canciones desde el ahora. Mi sueño es poder ayudar a darle empuje a la gente que viene con ideas nuevas y con muchas ganas de darle una vuelta a la música tradicional.

“El mundo se ha convertido en una especie de hipermercado en el que todos copian del mundo anglosajón sus parámetros de canción”

¿Ves algún relevo natural tuyo?

Creo que la misión no está tanto en la gaita como en otros instrumentos. Creo que en Galicia hay relevo de sobra, hay ambiente, hay sitios, fiestas populares, vida… Pero creo que es importante que comencemos a mirar a nivel peninsular en la música que se hace en regiones algo invisibilizadas culturalmente.

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