28 febrero, 2017. Por

Carlo Padial

En el manicomio de la terapia
Carlo Padial

Neurosis, psicoanálisis, humor, terror, textos, vídeos… términos asociados a Carlo Padial, un joven creador conocido y admirado por muchos cuya obra, única, prolífica y sorprendente, no para de crecer. Lo último, un libro publicado por Blackie Books titulado Doctor Portuondo. Mis días de psicoanálisis con un sabio desquiciado, en el que nos habla, entre otras cosas, de los cinco años que fue paciente del doctor que da apellido al título al libro.

Pero doctor es un título que le viene demasiado pequeño a este psicoanalista cubano exiliado en Barcelona cuya visión del ser humano y de su relación, tanto con nosotros mismos como con el resto del mundo, fascina y atrapa en cada una de las doscientas sesenta y nueve páginas que componen este diario, que a su vez es un ensayo, que a su vez es una ficción.

Sus dos novelas (Dinero gratis y Erasmus, Orgasmus y otros problemas), sus dos películas (Mi loco erasmus y Taller Capuchoc), sus vídeos para Playground, sus shows en directo, sus artículos, sus tuits, sus piezas para Pioneros del siglo XXI, todo el prisma, en cualquiera de sus lados y desde cualquiera de sus ángulos, es Carlo Padial en estado puro: no importa el medio, el presupuesto, el tiempo, el espacio, la personalidad de este autor barcelonés termina imponiéndose en cada uno de sus proyectos, en este caso, el literario, un brillante, intenso, inspirador, hilarante, imprevisible y adictivo libro que he devorado en apenas una sentada.

 

Notodo: Vuelves a la literatura. Háblanos un poco de la génesis del proyecto, ¿ha sido una lenta y minuciosa transcripción de todos esos cientos de fragmentos espaciada a lo largo de los años? ¿O más bien se trata un proceso mucho más reciente y rápido que todo eso?

Carlo Padial: Bueno, tenía la idea de hacer este libro hace tiempo; de hecho, era un proyecto ya aprobado por mi anterior editor, Gonzalo Canedo, de Libros del Silencio. Lamentablemente, Gonzalo falleció y el libro quedó durante un tiempo aparcado, hasta que Blackie Books me propuso presentar ideas para un libro y tras proponer varias ideas, escogieron esta, la del Doctor Portuondo. Una vez decidido que este iba a ser el nuevo libro ha sido año y medio, casi dos, escribiendo y ajustando cosas, en diferentes versiones. He escrito mucho, más de 400 páginas.

Con este libro quería crear una especie de documental impreso, unas memorias que se puedan leer como un documental de estructura fragmentada, reunir mis recuerdos psicológicos, mezclados con situaciones que viví junto al doctor. Al mismo tiempo, quería que tuviera algo de libro de enseñanzas que no se toma demasiado en serio, casi como un libro de tradición Zen pasado por el filtro del psicoanálisis, todo ello con humor, y con un tono divertido. En el fondo, es una comedia. Una comedia muy dura sobre lo difícil que es vivir, con o sin psicoterapia. Lo difícil que es entendernos, en general. Un libro divertido del que extraer algunas enseñanzas abiertas, un tanto ambiguas, pero útiles al fin y al cabo.

Quería que tuviera algo de libro de enseñanzas que no se toma demasiado en serio

NTD: Luis Buñuel solía decirle a los creyentes o miembros de la Iglesia aquello de: “usted cree en Dios y yo creo en el misterio, ¿cuál es la diferencia?”. Dos dimensiones, realidad y ficción; en ambas hay pasajes absolutamente alucinantes en tu libro, y a pesar de que no quiero que seas demasiado sincero conmigo, sí que me gustaría que nos contaras algo sobre cómo te planteaste esta vez el juego realidad/ficción, ¿dónde empieza una y acaba otra?

Carlo: Todo está mezclado en mi cabeza, como digo en la nota previa del libro: cuanto más te acercas a lo real, más falso y risible resulta todo. La verdad es que yo no creo en la documentación, a mí no me funciona, lo que a mí me lleva a escribir es otra cosa. Por supuesto disponía de decenas y decenas de cintas de audio, transcripciones de clases y consultas que amablemente me cedió la viuda del doctor Portuondo, así como mis propias notas, pero enseguida entendí que este libro tenía que salir en esencia de lo que yo viví, de lo que recordaba. Ha sido un ejercicio interesante, me he dado cuenta de que la frontera entre recuerdo, memoria y ficción es muy borrosa, la mayoría de cosas que me sucedieron realmente son totalmente inverosímiles, y digamos que he usado la literatura sobre todo para poner orden y concierto para construir el relato de una manera racional, paradójicamente.

Aun así, me han sido muy útiles las libretas que guardaba de esos años, en las que hay muchísimas notas de cosas que apuntaba al regresar de la terapia: frases de Portuondo, situaciones que me llamaban la atención y asociaciones libres que hacia yo a posteriori, incluso sueños. ¡Aunque apenas hay sueños! Fue una decisión muy consciente, esa, por cierto. Me parece muy interesante haber obviado los sueños, quería pasar por encima de los tópicos. Me parece una decisión acertadísima. Un libro de psicoanálisis sin apenas sueños. ¡No hay sueños!

NTD: “El sillón desde el que me sentaba a esperar mi turno ofrecía unas vistas panorámicas a la desesperación humana bastante espectaculares”. Esta es una de las cientos de grandes frases del libro y una manera genial y certera de presentar el Centro Internacional de Psicología del Dr. Portuondo. Tu descripción, no sólo del Centro, sino del resto de localizaciones y acciones que se suceden en dichas localizaciones aparece en nuestra imaginación a través de imágenes súper precisas y evocadoras. Háblanos de esa esencia visual y cinematográfica inherente a tu obra y de cómo ésta ha interactuado en la creación del libro.

Carlo: Bueno, en mi caso lo que más me preocupa es estar a la altura del material, en términos literarios. Que lo escrito refleje con la mayor intensidad posible lo que me transmitió tal o cuál espacio, sin preocuparme demasiado por el realismo, aunque insisto que este libro es muy realista, pero es un realismo psicológico. He tratado de evocar lo que pensaba en ese momento y dotar a los textos de suficiente energía, es decir: si tengo que evocar la sala de espera, que para mí era un lugar muy importante, por la cantidad de cosas que uno veía y escuchaba allí, y todo lo que pensabas (en el fondo es un espacio puramente edípico en el que el paciente vuelve a ser un niño escuchando a su alrededor un mundo que no entiende del todo), pues sencillamente quería estar a la altura de eso.

Tanto el rap como el psicoanálisis utilizan ciertas técnicas para acceder a la verdad

Lo que más me exaspera es cuando no he estado a la altura de algo que yo sé que tenía una gran importancia. Dejar pasar la oportunidad de fijar impresiones. Tal vez por falta de fuerza, o de concentración, dejas pasar a veces cosas muy potentes, o las ejecutas a medio gas. Por suerte creo que en este libro todo lo relacionado con el centro de psicoanálisis y en general con la terapia es un buen reflejo de lo que viví, y quiero pensar que lo escrito está a la altura de lo vivido. No quiero hacerle perder el tiempo a  nadie.

NTD: Hablemos un poco del Dr. Portuondo, sin excesos, sin spoilers, ya que todo o casi todo lo que querías contar sobre él está en el libro. Pero puede que alguien, que no sabe de lo que estamos hablando, se te haya acercado en alguna ocasión y te haya preguntado, Carlo: ¿quién fue el Dr. Portuondo?

Carlo: El doctor Portuondo fue una persona extraordinaria, única. Estaba fuera del tiempo. Se relacionaba de manera mágica con sus pacientes. De forma completamente natural, mezclaba a Freud con los santeros cubanos. Con sus poco ortodoxos métodos (gritos, peleas, y hasta enseñanzas de tipo Zen) me dio las claves de la vida para convertirte en persona, o al menos intentarlo. Sólo por esto ya está más que justificado conocerlo. Portuondo era mucho más que un psicoanalista: era un sabio, un sabio rabioso. Partiendo del psicoanálisis tradicional freudiano, y sin abandonarlo en ningún momento, lograba explicar el mundo a través de frases y fórmulas certeras y sencillas. En cierto modo, tradujo a Freud, llevando sus textos al idioma oral y latino.

NTD: Querría destacar esta cita de Freud que aparece en el libro: “El psicoanálisis es una respuesta sin contemplaciones a todas las zonas oscuras que las personas han creado desde el origen de la especie”. ¿Por qué Freud es tan importante e imprescindible, tanto para ti como para Portuondo?

Carlo: Como decía Portuondo, uno lee muchas cosas, filosofía, literatura, ensayos sobre diferentes temas, pero cuando llegas a Freud, él lo cambia todo. Cuando te tropiezas con Freud todo lo demás se viene abajo. Desde la bestia, hasta la razón, el precio que el ser humano ha tenido que pagar es la neurosis. Esa es una idea muy bella, absolutamente genial. Y Freud entendió que la mente es un epifenómeno, es algo más que neuronas y conexiones. Y apenas sabemos nada, cualquier neurólogo o psiquiatra lo reconoce. Al final, la finalidad del psicoanálisis es muy modesta: la gente enferma porque no es capaz de ser quien es. ¡No sabemos nada! Entonces, ¿cómo no te va a interesar el psicoanálisis?

El sufrimiento lo tenemos a nivel presente, en el campo consciente, pero el conflicto… ¡lo tenemos a nivel inconsciente! Y como tenemos miedo a enfrentarnos a eso, pues cometemos errores en la vida, y hacemos una serie de cosas, repetimos patrones de conducta erróneos, heredados o de otro tipo, porque el problema, está en nuestro  inconsciente. Por mucho que aprendamos intelectualmente. Y el inconsciente es atemporal, en el inconsciente no existe el tiempo. Un conflicto que tuviste en tu primera infancia, te va a seguir toda la vida.

Cuanto más te acercas a lo real, más falso y risible resulta todo

El psicoanálisis lo que intenta es que ese conflicto aflore al campo consciente, que tú te percates, que te des cuenta. Una vez que te das cuenta, ¡rompes la barrera del tiempo! Rompes la cadena, la neurosis familiar, dejas de repetir el conflicto. Y una vez que el conflicto ha pasado del inconsciente al campo consciente, si no todo, al menos parte del conflicto, esos problemas dejan de pertenecer al inconsciente; y dejan de pertenecer a esa «atemporalidad», a esa NO existencia en el tiempo. Se convierte en una realidad. Ya eres consciente de tu conflicto y ahora sí puedes resolverlo. Fíjate en todo esto que te cuento… ¿Cómo no me va a interesar Freud? El psicoanálisis no se acaba nunca. Sigue, incluso cuando tu psicoterapeuta está muerto. Eso también me parece fascinante.

NTD: Freud, Fenichel, Klein, Reich, Ferenczi, Rorschach, Rossen, 2Pac, Dr Dre, Ice Cube, Snoop Dogg, psicoanálisis y gangsta rap. A mí también me gusta mucho el rap y el gangsta, tan importante en un momento de nuestras vidas como la obra de cualquiera de los autores mencionados. Sacia mi curiosidad y háblanos un poquito de esta analogía.

Carlo: Todo tiene que ver con la verdad, con esa búsqueda de la catarsis de la que te hablaba. En el libro, aparte de mi afición por el rap, me venía muy bien esa analogía como tú dices, porque el rap y el psicoanálisis tienen muchos puntos en común: el rapero intenta contar su historia, reflejar su entorno, su tiempo, y lo hace con mecanismos profundamente inconscientes, casi atávicos, rapea sobre loops repetitivos, asocia libremente a partir de sus recuerdos… Busca llevar la verdad psicológica, vivida, a la superficie. Y eso es muy parecido a lo que intentas como paciente cuando entras en una psicoterapia, al final la persona sana sería aquella que fuera capaz de contar su historia. Tanto el rap como el psicoanálisis utilizan el lenguaje y ciertas técnicas para acceder a esa verdad, es muy interesante.

Podría haber usado otros símiles, pero no deja de ser casual que me sumergiera en el rap a la vez que empecé terapia, estaba en un momento (y todavía sigo ahí) en el que no quiero cancioncillas, no quiero pop, quiero realidades, quiero verdades brutales, y quiero aprender a gestionar mi agresividad. El rapero convierte la violencia de su comunidad en arte rimado, yo intento combatir mis conflictos, que también son agresivos, con una mayor comprensión de mí y de los que me rodean. ¡Es muy parecido!

NTD: “Cuando el yo reprime los impulsos instintivos, sexuales, agresivos e incestuosos del ello, y lo reprimido regresa en forma de síntoma. ¡Eso es la neurosis!”. Neurosis es la primera palabra del texto de presentación de esta entrevista. No entendemos, no sólo este libro, sino toda tu obra sin mencionar la palabra neurosis. Una palabra, a nivel cinematográfico, usurpada por el cineasta Woody Allen, con quien no sé si comulgas demasiado.

Carlo: Me encanta Woody Allen. ¿A quién no? Woody Allen definió lo que podía llegar a ser la comedia en un entorno urbano, y contemporáneo, sumando por supuesto la neurosis, y muchas más cosas. El arte, la cultura popular, la autobiografía, etc. Sin él no tendríamos a Seinfeld, por ejemplo. Negar a Woody Allen sería un poco estúpido. Es uno de los mejores escritores de comedias de la historia del cine. Sólo por su faceta de stand up ya sería una figura importantísima para cualquiera que se interese por el humor.

La frontera entre recuerdo, memoria y ficción es muy borrosa

NTD: Ya que estamos hablando de Woody Allen, hablemos un poco de comedia. Quien ha visto o leído tus trabajos conoce tu sentido del humor y tu manera de hacer comedia. Me he reído mucho leyendo tu libro. Hay mucho de tus tuits, de Quiero ser negro de La vergüenza de existir, en fin, ya sabes, el humor siempre está y surge de manera natural. No podría entender tu obra sin la comedia.

Carlo: Claro, el humor es mi manera de relacionarme con el mundo. Yo me río de todo lo que me da miedo. De lo que no entiendo. Para mí fue una gran ruptura comprender que todo aquello que me daba miedo podía ser el mejor material a mi alcance, así que en vez de esconderlo, lo verbalizo. ¡Para eso me ayudó mucho el psicoanálisis, también!

La gente enferma porque no es capaz de ser quien es

Además, el humorista está en contra de toda forma de poder, dice lo que nadie se atreve, y la gente sólo se ríe de lo verdadero. Y cuanto más elevada es la verdad que se pretende comunicar, más absurdo se vuelve el humor. Por eso yo soy un humorista absurdo. Desde el pozo miro y me río. Ahora bien, cada vez más siento que el humor es… no sé cómo decirlo… falta humor en el humor, principalmente. Lo que se entiende por humor es un marco demasiado limitado, hay que ir más allá de lo que se entiende por humor. Paradójicamente eso es lo que hace un verdadero humorista, trascender el humor con humor. Pienso en Buñuel, Polanski, Robert Walser, Donald Barthelme, etc. Incluso en Miguel Noguera.

NTD: ¿Qué significa para ti la frase: “Yo te miraré con tus ojos y tú me mirarás con los míos”?

Carlo: Se trata de entender al otro, el psicoanálisis te enseña a dejar de juzgar a los demás, a ponerte en el lugar de los otros. Cuanto más creces, menos necesidad tienes de pelearte con el mundo, eso lo decía siempre Portuondo. “No puedes pelearte con el mundo, debes aprender a abrazarlo.” Casi con toda probabilidad, la mayor parte del tiempo aquello que nos saca de quicio de alguien tiene que ver con nosotros mismos, con una proyección de nosotros. Es un psicodinamismo de defensa, que decía Anna Freud. Hablo, por supuesto, de conflictos psicológicos, no de otras tragedias o accidentes que te puedan suceder.

El humorista está en contra de toda forma de poder, dice lo que nadie se atreve, y la gente sólo se ríe de lo verdadero

NTD: Sé que suena a cliché, pero pagaría por ver a Donald Trump en el diván de Freud. ¿A quién querrías tú ver en ese diván ante la atenta mirada del padre del psicoanálisis?

Carlo: Me gustaría ver a mis hijos, dentro de veinte o treinta años, y ver qué dicen (no sólo de mí, de cualquier cosa) a través del ojo de la cerradura, como buen chiflado que soy. Me encanta escuchar a escondidas, sigo en esa dinámica edípica, no la he superado en absoluto. Pero gracias al psicoanálisis he aprendido a vivir con ella, y a controlarla. Y a reírme cada vez que me descubro a oscuras en un pasillo escuchando alguna conversación telefónica de manera indiscreta.

Carlo Padial