10 marzo, 2017. Por

Capitán Cobarde

Por la carretera de Kentucky a Sevilla
Capitán Cobarde

Es poeta y cantante. Cuentacuentos y rescatador de historias. Sevillano hasta la médula. Y uno de los representantes contemporáneos del rock andaluz, además de artista, cuyo único fin es llevar a lo más alto de la música el folk andaluz. Antes, conocido como Albertucho. Ahora, prefiere que lo llamen Capitán Cobarde. Aunque detrás de todo ello se esconde (o se deja ver), en realidad, Alberto Romero.

Diez años de carrera y cinco álbumes a las espaldas lo avalan. El camino podrá haber sido más o menos corto, más o menos cargado de éxitos y derrotas. Pero puede presumir de haberse forjado a sí mismo, artísticamente hablando. Kiko Veneno fue la primera de sus influencias, a las que siguieron las de Bob Dylan y Albert Pla. Y por supuesto, Lou Reed. Sin olvidarse tampoco de The Beatles, Calexico, Triana, Smash o Silvio.

Eso sí, la banda que lo impulsó a escuchar rock’n’roll, la que le implantó la semilla de lo que después sería su música, fue Extremoduro.

CONSTANTE EVOLUCIÓN

¿Qué queda entonces de Albertucho? La evolución en esta década, es evidente. Empezando por el cambio de nombre artístico. El Albertucho que, con 17 años, publicó su primer álbum era mucho más rockero y sobre esa base ha ido cambiando. Tras adoptar el sobrenombre de Capitán Cobarde, mostró su enorme interés por el neofolk y el bluegrass.

Parece que haya pasado mucho más tiempo, desde aquel primer álbum. Cuando en 2004, vio la luz Que se callen los profetas, Albertucho hacía un rock urbano con un acento muy sureño. Género que dista del actual. Palabras del Capitán Cobarde, publicado en 2009, fue el punto de inflexión. Fue ganando terreno el folk-rock anglosajón, influenciado por The Beatles, Johnny Cash o Neil Young. Un folk que ha derivado en new folk, en este Carretera Vieja.

Eso sí, Alberto Romero ha sido capaz de (re)inventar un género: el folk andaluz. Un estilo de música que, fuertemente influenciado por el folk americano, pasa inevitablemente por el tamiz andaluz. «Yo no hago música country y parece que sea de Kentucky. Yo soy de Sevilla», explicaba en una entrevista. Es su especial manera de rendir homenaje a la «cultura tan bonita del rock’n’roll sevillano».

LOS PRIMEROS KILÓMETROS DE LA CARRETERA

Hace unos días veía la luz su nuevo trabajo y Carretera Vieja ya ha recorrido prácticamente todos los rincones de España, en su versión más acústica. Aunque todavía queda carretera por recorrer y mucho Capitán Cobarde por ver. Eso sí, como buen capitán pirata, Alberto Romero ha de viajar acompañado por su inseparable amigo de aventura, su loro Rosendo. Y por supuesto, llevando siempre por bandera esa vieja carretera que le hace regresar a casa de sus padres, y que para el artista sirve de conexión entre la música y la vida.

Carretera vieja llega tras su anterior trabajo Capitán Cobarde, que salió a la calle mediante una campaña de crowdfunding. Dos años de espera entre un álbum y otro, hasta que por fin, Maldito Records apostó por este nuevo disco, que en palabras del propio artista, “ha quedado cojonudo”. El resultado: diez temas, diez cuentos a los que se les ha puesto música. Y entre ellos, En El Ángulo Muerto de José Ignacio Lapido, y varias colaboraciones con Juanito Makandé, El Canijo de Jerez, Astola o DePedro.

EL FOLK ANDALUZ COMO ALTAVOZ SOCIAL

Con este nuevo disco, Capitán Cobarde rescata esa identidad andaluza, a la que pretende alzar al más alto nivel, a través de la música folk. “Yo no hago música country y parece que sea de Kentucky. Yo soy de Sevilla”, explicaba en una entrevista. “Querer reinventar el folk es un homenaje a mi tierra. Me encantaría hacer un disco en el que, con mis propias influencias, pudiera homenajear a Triana y al resto de grupos que han creado esa cultura tan bonita del rock’n’roll sevillano”, añadía.

De lo que tampoco quiere olvidarse el artista en sus canciones, es de la labor de la música como altavoz social y reflejo de la sociedad. A través de las historias que canta, da voz a quienes en su momento, debieron callar. Una flor, incluida en su último disco, es un ejemplo de ello. Esa canción es el culmen del sinsentido y la violencia”. En ella, su tía puede hablar, por fin, de todo lo vivido durante la Guerra Civil Española. Pero hay más. Caso similar es el de Enano de ojos tristes: “A simple vista son unos enanos que se están marchando de un circo, pero si analizas, descubres que el hombre bala es la violencia o que el domador es un mafioso”, explicaba. “Obviamente, cada uno puede ver lo que quiera. Esa es la magia de los cuentos”.

Capitán Cobarde