2 febrero, 2017. Por

Calla, hater

Siete modas que no puedes odiar (o eres muy hater)
Calla, hater

Ser hater cotiza al alza en los últimos tiempos. Cuando dices que algo que está de moda te flipa y te responden “¿Qué dices? ¡Si es un truñaco!”, es como cuando dices que acabas de pagar 700 € por un vuelo a Singapur y te dicen “A mí me costó 15€ hace dos años”. Sí, se te queda cara de idiota; sí, siempre hay alguien más listo que tú.

La historia es que odiar está en auge, ser hater es una tendencia en sí y el odio compartido hace la fuerza. Esto es tan oficial como que acaban de lanzar una aplicación que te une con aquellas personas que comparten tus más acérrimos odios y creemos que si hay alguno de los siguientes en tu lista… es que te crees el más ‘odiador’ de los ‘odiadores’.

LA LA LAND

Que si no es un musical, que si sí lo es pero no está a la altura de los grandes. Que si no tiene magia propia, que si sí la tiene pero la encuentra copiando a los más míticos. Que si la historia es la de siempre, que si es un bodrio y se hace lenta, que si no ha conseguido emocionarme… Bla, bla, bla.

Ríos de tinta ‘hater’ se han escrito este mes sobre la película y todos ellos deberían desembocar en un lugar feo y oscuro. La La Land nos hacía falta, y si no decidme qué BSO habéis escuchado durante días en los últimos tiempos o de qué película habéis salido bailando por los pasillos del cine.

Damien Chazelle es un prodigio y, de ser él y tener 30 años y 14 nominaciones al Oscar, me reiría de vuestras críticas.

Ah, y cuidado, porque la película no es todo claqué; esconde más de lo que puede parecer a primera vista y trata de una forma muy amarga y cínica algunos temas como el camino al éxito, el ascenso a la fama y la conciliación entre la realización personal y las relaciones.

Así que hazte un favor reconociendo lo siguiente: sí te gustan los musicales. Nos gustan a todos, lo que nos incomoda es darnos cuenta de que en nuestra vida adulta aún nos emociona lo mágico y lo naïf.

EL FEMINISMO

Esta moda tiene dos características: no debería serlo y no es que seas hater si vas en contra de ella, es que eres otra cosa bastante más grave. Si eres de lo de “ni machismo ni feminismo”, vas a necesitas unas clases extra.

Demasiadas cosas están sucediendo en el mundo para que, desgraciadamente, el feminismo lo esté petando como lo hace. Por ejemplo, el 21 de enero pasará a la historia como el día de la Marcha de las Mujeres en el que medio millón de personas se manifestaron por el respeto hacia las mujeres y otros colectivos. Sucedió en Washington y el principal causante de la iniciativa es Donald Trump.

Pero no culpemos al hombre más buscado en Google del momento de todo el mal que sufre el género femenino, él solo es el adalid de la corriente machirula y machista que arrastramos desde que el hombre es hombre y la mujer, mujer.

Lo curioso de esta revolución es que hay personas a las que aún les cuesta identificarse como feministas porque tienen una confusión importante. Si andas tan perdido en esto como Bertín Osborne, aquí algunas lecturas para empezar a despejar dudas.

PAQUITA SALAS

La representante más carismática de la televisión (digital) es lo mejor que ha pasado en ficción televisiva en muchos años y así se demostró hace unos días en los Feroz.

Interpretada por Brays Efe, Paquita es maravillosa de principio (su cabecera) a fin (la escena que cierra la temporada). Desde el hecho de que sea interpretado por un hombre hasta el universo paródico y entrañable generado alrededor del mundo televisivo, la serie, con un estilo muy peculiar, trufada de guiños a varias generaciones, ha arriesgado y se ha ganado muchos más corazones de los que probablemente Paquita pudiera imaginar.

Sus creadores, los Javis (Calvo y Ambrossi) han demostrado que con poco se puede hacer mucho y que no todo está dicho en ficción nacional.

Así que deja por un rato tu tesis de Los Soprano y atrévete a decir que has abrazado el Larios con torreznos en tu dieta y que tú “de Acacias para arriba”.

RAÚL ARÉVALO

Actor de series de televisión –empezó en la segunda hornada de Compañeros-, muso de Daniel Sánchez Arévalo e incluso chico Almodóvar. Raúl Arévalo ha hecho mucho cine y tele en los últimos 10 años, tanto que ha acabado al otro lado de la cámara. El actor ahora también es director y si no has visto Tarde para la ira no sabemos a qué esperas para descubrir cómo una ópera prima es de lo mejor del año.

Raúl acaba de ganar el Premio Feroz, tiene todas las papeletas para el Goya este fin de semana y ya sabemos qué pasa cuando en este país alguien está en auge: “no es para tanto”, “está sobrevalorado”.

No nos consta que, más allá de cuatro tuits envidiosos, nadie haya abierto la caja del odio gratuito hacia él, pero no sería de extrañar que en unos meses se empiece a acusar al madrileño de estar “hasta en la sopa”, en lugar de dejar que se bañe tranquilamente en ella sorbiendo el caldo del éxito. Al menos no lo inicies tú. Al menos deja de decir “el cine español es malo”.

FIRST DATES

Oh, no, ¡telebasura! Llevémonos las manos a la cabeza, esto es lo último, están defendiendo un programa de televisión de citas.

Pero no es uno cualquiera, no es lo que has visto hasta ahora, es el que ha conseguido que enciendas la tele cualquier día de diario a las 10 y te quedes un rato viendo cómo esa señora pija y ese rockero trasnochado intentan tener una conversación fluida con un tataki de atún mediante. O disfrutando cómo la friki está a punto de decirle al choni que no, que no quiere una segunda cita. También ha logrado que Carlos Sobera recupere su lugar, lejos de su cansino levantamiento de ceja, y que un camarero argentino te caiga bien.

Historias bien alternadas, radiografía de nuestra variopinta sociedad, con pequeñas innovaciones según madura el programa, First Dates es el formato televisivo definitivo.

Venga, va, libérate un rato de Proust y dale el gusto a tu lado más voyeur, entra en el restaurante del amor y sírvete cualquiera de sus suculentos platos.

THE OA

Vale, sí, esta es un poco trampa. Lo nuevo de Netflix tiene tantos detractores como seguidores, pero prácticamente todo el mundo la ha visto y ha sentido la necesidad de gritarle al mundo que la odia o la ama. He ahí un ejemplo de moda.

Lo que no se puede negar es que Netflix lo hace muy bien y crea un universo de promoción con las series de producción propia que ya les gustaría a muchas cadenas con el triple de historia. Aunque a veces esa promo consista precisamente en no hacerla, que es justo lo que hizo con The OA: anunció su estreno tan solo unos días antes.

No, The OA no es ninguna obra maestra, tiene fallos innumerables y hasta puede hacerte sentir ridículo en algún momento. Claro que los que creían que todas las producciones de la cadena iban a estar a la altura de Orange is the new black, House of Cards o Narcos se han pensado que esto iba a ser HBO y no, son cadenas diferentes.

Claro que puede parecerte mala The OA, pero para no gustarte bien que la has consumido cual menú XL del burger. Asúmelo, Stranger things tampoco es tan maravillosa, pero cuando hay un poco de nostalgia por medio no te pones tan exquisito.

THE XX

La banda londinense acaba de lanzar su tercer disco. En 2009 eran solo unos pipiolos jugando a ser músicos y estaban en boca de todo indie que se preciara; ahora se han hecho mayores y suenan en Los 40. Y claro, alcanzar el éxito y sonar en la radiofórmula ya es motivo suficiente para meterlos en el saco de “no entiendo por qué suenan en todas partes”.

De hecho, no es el momento de aborrecerles, sino todo lo contrario. Han vuelto mejor que nunca, aprendiendo de los errores del segundo disco y abriéndose un poco al mundo. Parece que han salido de su cueva oscura y empiezan a abrazar la luz, a dejar de lado tanto silencio y lamento. Se han dado cuenta de que hay que ser menos emo y más In colour.

I see you es un gran álbum, con temazos como I dare you, On hold o Say something lovingRomy, Oliver y Jamie merecen el espacio que se les está dando en televisiones, radios y festivales como cualquier otro grupo que, además de hacerlo bien, vaya a mejor.

Anda, dejad el disfraz de ‘hater’ por un rato, relajaos y os daréis cuenta de que, disfrutando de las modas, seguiréis molando tanto o más que cuando odiáis muy fuerte.

Calla, hater