13 marzo, 2017. Por

C215

El artista urbano con nombre de personaje de ‘Star Wars’
C215

Desde mediados de los noventa el término street art o, de forma más específica, post-graffiti se utiliza para describir el trabajo de un conjunto heterogéneo de artistas que han desarrollado un modo de expresión artística en las calles mediante el uso de diversas técnicas: plantillas, posters, pegatinas, murales…

Uno es el stencil que, a menudo a través de un mensaje político cobra especial relevancia en París en la segunda mitad de los sesenta. Sin embargo, no es hasta mediados de los noventa, con la aparición de artistas como el norteamericano Shepard Fairey y su campaña Obey, ideada a partir de la imagen del luchador norteamericano Andre The Giant y llevada a cabo mediante el uso de posters y plantillas, cuando las diversas propuestas de este tipo cobran auge en distintas partes del mundo y son percibidas en su conjunto como parte de una misma escena.

Un buen día, a principios de la década de los ochenta, las calles de París amanecieron plagadas de ratas. El street art había llegado a Francia de la mano del artista Blek Le Rat, que armado con sus plantillas se convirtió en inspiración para muchos que vendrían después. Bajo la premisa de que las ratas eran los únicos animales libres de la ciudad, propagando su estirpe por todas partes, el arte callejero debía seguir su ejemplo. Mentor de la técnica del stencil, el francés fue de los primeros en utilizar este sistema para la ejecución de imágenes y en trabajar a escala humana. Durante sus primeros años de actividad nadie conocía mucho que era eso del graffiti, lo que le permitió actuar de una manera bastante impune. Más adelante las autoridades comenzaron a darse cuenta de qué iba el tema y sufrió su primera detención.

Pero la “plaga” ya estaba propagada, y otros artistas comenzaron a seguir sus pasos y a utilizar plantillas para expresar su arte por las calles de la ciudad. Uno de ellos, nuestro protagonista con motivo de la exposición Sobre todo, los objetos que se podrá ver hasta finales de mes en el Cuarto Real de Santo Domingo de Granada, es el reconocido artista urbano Christian Guémy, más conocido como C215. Quizá el nombre no les diga mucho a algunos, pero para los artistas urbanos -llamarlos grafiteros es a veces una simplificación-, C215 es una auténtica leyenda mundial, comparable a Banksy o al legendario Chaz Bojorquez.

Aunque llevaba muchos años en esto del arte callejero, inició sus pinturas con plantilla en el año 2005, y desde entonces la obra de C215 ha dado la vuelta al mundo. Podemos encontrar sus maravillosos graffitis en Barcelona, Londres, Roma, París, Lisboa, Puerto Príncipe, Nueva Delhi, Sao Paolo, Dakar, Estambul, Brooklyn, Oslo, Marrakech, Tudela, Milán, Manhattan, Jerusalén… entre muchas otras ciudades. Al igual que Banksy o el desconocido Dran -más conocido como “el Banksy francés” y un artista que bien merecería otro post-, utiliza talentosamente la técnica del stencil para proyectar sus creaciones sobre distintas superficies de la calle: puertas metálicas, buzones, armarios eléctricos, paredes, fachadas…

El parisino sorprende por el colorido detalle de sus dibujos y por la capacidad de dar volumen a sus figuras, adquiriendo en ocasiones un efecto totalmente tridimensional. Comenzó reflejando a personajes conocidos, investigadores como Pierre Curie o actores como Charles Bronson. Decoró el Borgo Pio y las calles adyacentes al Vaticano con imágenes religiosas y ha llegado a decorar altares de abadías, pero su principal objetivo es conectar directamente con el lado más humano del entramado social. Sus protagonistas pueden ser desde personas sin techo, ancianos, pasando por chicos de la calle, amantes, amigos o incluso miembros de su familia como su abuela o su hija Nina. Imágenes cuyas miradas se clavan en el espectador transmitiendo una enorme emotividad y que plasman su intención de llamar la atención sobre “los olvidados” de la ciudad. “No es un arte que se haga maquinalmente, es un arte humano porque está en contacto con la sociedad”, afirma.

En España ha tenido una inmensa acogida, y su exposición Sobre todo, los objetos vio la luz por primera vez en España en noviembre del año pasado año en la sede madrileña de l’Alliance Française y ahora se puede visitar en Granada. Recoge 30 obras originales realizadas sobre diferentes objetos que han servido de soporte para plasmar su talento. Inspirado en el wildstyle graffiti que vio en las calles de Nueva York en los ’70, su trabajo es gráfico, dinámico y poblado de personajes. A pesar de la naturaleza efímera de su arte, su deseo también es aportar algo estético a la ciudad, por lo tanto pinta solo sobre superficies destrozadas y jamás cubre su cara, sin ocultarse e intentando adaptar el tema de su obra al entorno urbano. Durante los años, su estilo ha evolucionado desde una base de estarcido sencillo de retratos en blanco y negro a una combinación multicolor de estarcido y pintura a mano alzada en sus últimas obras.

Además de su trabajo en la calle, C215 también produce obras de arte para galerías comerciales y videojuegos. En su muestra en Granada rescata a través de distintos soportes como madera, billetes o maletas el día a día de un mundo que para muchos pasa desapercibido, y además está presidida por un retrato de Federico García Lorca que también ha pintado en una céntrica calle, aunque en este caso ha tenido que adaptarse a elementos urbanos como una rejilla de ventilación que acaba insertada en el retrato. “Yo también soy poeta y era un homenaje inexcusable al escritor y a la ciudad”, apunta el artista.

Su robótico nombre no está sacado de una novela de Asimov, sino que es un pseudónimo que proviene del número de celda en la que una vez estuvo recluido. Comenzó en este arte como afición, nunca pensó que se convertiría en su profesión. Se subió al carro en plena efervescencia cultural del punk, el hip-hop, el scratch y la pintura con bombas. Aunque el arte urbano consiste precisamente en romper con el orden y la estética de las ciudades,  y a pesar de que trabaja sin permiso en la calle, busca espacios para interactuar que estén degradados y lejos de ocultar su rostro, siempre se mantiene en contacto con la gente de alrededor.

En su opinión, hay que normalizar la relación entre la ciudad y el grafiti, que es uno de los patrimonios a conservar y difundir en el siglo XXI porque hay toda una generación identificada con este arte contemporáneo y es natural que se integren en lo institucional. Sin embargo lo cierto es que si no hubiera prohibiciones, no habría un deseo por lo prohibido. En ocasiones, es la represión y el luchar contra ella, lo que impulsa a muchos jóvenes, y no tan jóvenes,  a transgredir las normas pintando muros; y en su caso esta transgresión se lleva a cabo a través del retrato: retratos tanto de personajes célebres como de aquellos que socialmente quedan a menudo condenados al ostracismo: una forma clara de hacer denuncia social a través del arte devolviendo la dignidad a los que nunca la debieron perder. Siempre intenso, siempre provocador, Christian Guèmy sigue demostrando que el lugar del arte está en la calle.

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